I Cruzada

Roberto II de Normandía lucha contra los musulmanes durante el sitio de Antioquía (1097-1098). / Wikimedia

Tal día como hoy…  27 de noviembre del año 1095 concluía el Concilio de Clermont con la convocatoria de la I Cruzada

 

El 27 de noviembre del año 1095, concluía el Concilio de Clermont con la convocatoria de la I Cruzada por parte del papa Urbano II, con el objetivo de recuperar para la Cristiandad los Santos Lugares y con la consigna “Deus vult” -Dios lo quiere-, que pronto pasó a generalizarse en latín vulgar: “Deus lo vult”.

 

CV / La llamada a la I Cruzada fue la respuesta del papa a la petición de auxilio que había lanzado el emperador bizantino Alejo I Comeno por la presión de los turcos selyúcidas. No es que a los reinos cristianos europeos les importara mucho la suerte del Imperio Romano de Oriente. El cisma entre católicos y ortodoxos se había producido apenas medio siglo antes. Era la propia situación europea la que propició esta convocatoria.

La I Cruzada fue la respuesta del papa a la petición de auxilio que había lanzado el emperador bizantino Alejo I Comeno por la presión de los turcos selyúcidas

El tránsito en Europa de la Alta a la Baja Edam Media había supuesto la transformación feudal de la sociedad, tras el definitivo colapso del imperio carolingio. Las guerras entre distintos señores feudales estaban a la orden del día y la Iglesia necesitaba algún tipo de iniciativa que afianzara su liderazgo. Los reyes, por su parte, tampoco iban a ver con malos ojos sacarse de encima a unos cuantos nobles belicosos y levantiscos que fueran a ganarse el cielo y la fortuna en tierras lejanas.

La convocatoria de la Cruzada fue, para la época, un auténtico fenómeno mediático. En realidad no hubo una, sino dos primeras cruzadas. Por un lado, un par de predicadores fanáticos, Pedro el Ermitaño y Walter el indigente, concentraron a miles de fieles entre los sectores más pobres de la población, una multitud de hombres, mujeres y niños -se calcula que de más de 100.000- «reclutadas» por Francia e Italia. Con esta hueste harapienta y famélica, llamada también la Cruzada de los pobres, recorrieron Europa hasta Asia Menor, protagonizando numerosos incidentes a lo largo de su recorrido, hasta que fueron masacrados por los selyúcidas en Nicea.

La convocatoria «oficial» tuvo gran eco entre la nobleza feudal. El ejército se dividió en cuatro grupos, según su origen territorial, que confluirían en Constantinopla. Los cuatro jefes fueron, Godofredo de Bouillon -un noble lorenés-, Hugo de Vermandois -un caballero normando-, Bohemundo de Tarento -noble italiano- y Raimundo de Tolosa -un conde occitano-.

A lo largo del viaje hacia Constantinopla, los cruzados sembraron el terror también en territorios cristianos

A lo largo del viaje hacia Constantinopla, los cruzados sembraron el terror también en territorios cristianos, siendo el caso que Hungría decidió no participar en la cruzada, precisamente por la actitud que los ejércitos cruzados tuvieron cuando atravesaron su territorio. Esto fue también una constante en las cruzadas siguiente.

Una vez los cuatro grupos se reunieron en Constantinopla, y con el apoyo de los bizantinos, que deseaban recuperar territorios recientemente perdidos, se inició propiamente la campaña militar, cuyo objetivo último era la ciudad de Jerusalén. La marcha a través de Asia fue muy penosa, abriéndose paso por la franja costera tras la toma de Antioquía y creando condados y reinos cristianos en los diferentes territorios conforme avanzaban. A los muertos en combate se sumaron los que cayeron por el hambre. Se calcula que de los cerca de 100.000 combatientes iniciales, llegaron a Jerusalén apenas unos 20.000, aunque también hay que decir que muchos se fueron quedando en los territorios que habían ido ocupando.

Al final, el 15 de julio de 1099, después de un mes de asedio, los cruzados tomaron Jerusalén y desencadenaron una matanza entre la población civil, asesinando indistintamente musulmanes, judíos y cristianos; una masacre en toda regla. La ‘Gesta francorum’, una crónica escrita dos años después por un anónimo participante de la cruzada, da cuenta escalofriante de todos estos hechos.

El reino cristiano de Jerusalén perduró durante doscientos años, pero solo retuvo la capital durante noventa

Quedaba por ver quién iba a ser el nuevo rey cristiano de Jerusalén. Se le ofreció la corona en primer lugar a Raimundo de Tolosa, que la rechazó. Luego se propuso a Godofredo de Bouillon, que rehusó ser rey alegando que no iba a llevar una corona de oro donde Cristo la había llevado de espinas. Pero aceptó ser el gobernador con el título de príncipe y de Advocatus Santi Sepulchri. Murió un año después, en el 1100, siendo sucedido por su hermano, Balduino, que sí aceptó ser rey y se coronó como Balduino I de Jerusalén.

El reino cristiano de Jerusalén perduró durante doscientos años, pero solo retuvo la capital durante noventa. Jerusalén fue tomada por el sultán Saladino en 1188, hecho que dio lugar a la II Cruzada. En total, hubo nueve Cruzadas.

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