I República española

Multitud agolpada frente al Palacio de las Cortes, mientras se gestaba la proclamación de la República en el interior del edificio. / Wikimedia

El 11 de febrero de 1873, tras la abdicación del que había sido rey de España durante los dos últimos años, Amadeo I de Saboya, las Cortes españolas proclamaban la República y nombraban a Estanislao Figueras su primer presidente. Comenzaba su andadura la I República española.

 

CV / El reinado de Amadeo I anduvo renqueante desde un primer momento, hasta acabar en parálisis. No lo aceptaron los monárquicos -divididos entre borbónicos, carlistas y montpensieristas-, que le reprochaban haber sido «votado» por las Cortes, lo cual atentaba contra los principios de la monarquía tradicional, además de considerarle un extranjero; no lo toleraba la todopoderosa Iglesia, que lo consideraba afín a la masonería y enemigo de la Iglesia la actuación de su dinastía en el proceso de unificación de Italia; y tampoco lo aceptaron los republicanos, que vieron en una monarquía parlamentaria y constitucional un freno a la república; tampoco supo hacerse popular entre el pueblo… Nunca llegó a hablar el español.

El general Prim, entonces presidente del gobierno, había conseguido que las Cortes proclamaran a Amadeo de Saboya rey de España con una abrumadora mayoría

El general Prim, entonces presidente del gobierno, había conseguido que las Cortes proclamaran a Amadeo de Saboya rey de España con una abrumadora mayoría, pero fue más debido al carisma del general que a su propia persona. Prim sufrió un atentado el 27 de septiembre de 1870, como consecuencia del cual murió tres días después. Cuando Amadeo llegó a España por el puerto de Cartagena el 2 de enero, estaba políticamente huérfano.

Durante su corto reinado de dos años, siempre se mantuvo fiel a los principios constitucionales. Y fue precisamente su lealtad al orden constitucional lo que le llevó a renunciar al trono. Los carlistas se alzaron de nuevo en armas, y en Cuba la guerra amenazaba con eternizarse. Las conspiraciones de los borbónicos, además, eran constantes, y las de los republicanos… Ante la gravedad de la situación, el general Serrano le «sugirió» al rey que suspendiera provisionalmente las garantías constitucionales, a lo cual se negó y, harto, renunció al trono y se refugió en la embajada italiana. En las Cortes no había mayoría republicana ni mucho menos, pero muchos progresistas, Ruiz Zorrilla entre ellos, entendieron que no era cuestión de empezar otra vez la búsqueda de un rey por estos mundos de Dios, y se proclamó la República.

A lo largo del primer año se sucedieron cuatro presidentes: Estanislao Figueras, Francisco Pi y Margall, Nicolás Salmerón y Emilio Castelar

A lo largo del primer año se sucedieron cuatro presidentes, Estanislao Figueras -que dimitió diciendo “Señores, estoy hasta los cojones de todos nosotros“, Francisco Pi y Margall, Nicolás Salmerón y Emilio Castelar. A las crecientes necesidades de la guerra en Cuba, se le añadieron sucesivas adversidades: la guerra carlista se recrudeció, convencidos sus partidarios de que todos los monárquicos se iban a unir a su causa «por Dios, la Patria y el Rey» contra la República. Pero también se alzaron los republicanos radicales «cantonalistas», impacientes y decepcionados porque el nuevo gobierno no tomaba medidas lo suficientemente revolucionarias -el cantón más famoso fue el de Cartagena, porque se hizo con la escuadra del Mediterráneo, pero hubo proclamaciones de cantonales en prácticamente toda España-, y la joven República, incapaz de afrontar todo lo que se le echó encima, colapsó…

En enero de 1874, un golpe de estado encabezado por el general Pavía -reconocido conspirador borbónico- clausuró las Cortes y descabalgó de la presidencia del gobierno a Castelar. Regresó entonces del exilio el general Serrano -un arribista y profesional de la conspiración-, que se hizo cargo del ejecutivo e instauró una dictadura republicana de carácter conservador. En opinión de muchos historiadores, este último periodo fue en realidad un proyecto concebido para allanar el camino a la restauración borbónica en la persona del príncipe Alfonso, hijo de la depuesta Isabel II. Y así parece que fue si nos atenemos a los hechos. Serrano implantó un gobierno de concentración de carácter conservador, y se dedicó a sofocar a los cantonalistas, despreocupándose de los carlistas, que campaban a sus anchas en Navarra, País Vasco y las zonas rurales de Cataluña.

En realidad, todo estaba preparado para la restauración borbónica, acaso con el único obstáculo de Serrano, que le había cogido afición al cargo de dictador republicano

En realidad, todo estaba preparado para la restauración borbónica, acaso con el único obstáculo de Serrano, que le había cogido afición al cargo de dictador republicano, jugando a ser el Mac Mahon español. El 29 de diciembre de 1874, el general Martínez Campos llevó a cabo un pronunciamiento militar desde Sagunto y proclamó la restauración monárquica en la persona de Alfonso XII de Borbón. la I República había concluido; con ella terminaba el periodo conocido como «Sexenio Revolucionario».

Como curiosidad, digamos que la República como tal fue más una realidad de hecho que de derecho. Entre otras razones, porque nunca hubo una constitución republicana, sino que siguió en todo momento vigente la constitución de 1869 -la de Prim, pensada para Amadeo I- que establecía España como una monarquía constitucional y parlamentaria. Nunca llegó a proclamarse una constitución republicana ni, por ello, fue reconocida como tal por ningún país a nivel internacional, aunque sí de facto.

Y digamos también que lo de «I República», una denominación ordinal que suena lógica hoy en día habiendo habido dos en la historia de España, se empezó a denominar así mucho antes de la proclamación de la II República en 1931. En realidad fue una denominación acuñada por Pérez Galdós, que anunciaba así que tarde o temprano llegaría a España una II República.

 

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