Según un estudio de la UPV/EHU, la IE también está relacionada con menores problemas de atención y de conducta agresiva en niños y niñas

“Hay gente que espera que si mejora su IE se le resuelvan los problemas de la vida, pero no funciona así”

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El concepto de inteligencia emocional es relativamente reciente —se empezó a utilizar en la década de los 90—, pero las investigaciones realizadas muestran una evidente relación entre aquella y unas mejores habilidades emocionales, una mejor percepción del propio bienestar, unas mejores relaciones, tanto de amistad como de pareja, y un mayor rendimiento profesional, sobre todo en ámbitos relacionados con el “factor humano”: gestión de equipos, enseñanza, etc.

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Manejar nuestro enfado no significa que vayamos a dejar de enfadarnos cuando alguien nos trata mal o nos quita la plaza de aparcamiento

UPV/EHU / En su tesis doctoral Inteligencia emocional en niños y niñas entre 3 y 6 años, evaluación y relaciones con la inteligencia emocional de sus madres, Natalia Alonso ha analizado cómo surgen y se desarrollan las habilidades emocionales en la infancia y su influencia en el comportamiento y el ajuste psicosocial en dicho periodo, con especial atención a la etapa que va de los tres a los seis años, que es cuando se establecen algunos de los aspectos básicos para el desarrollo de la futura inteligencia emocional. Entre las conclusiones del estudio, destaca la siguiente: las niñas y niños con mayores habilidades emocionales presentan menos problemas de atención o de retraimiento, así como menores índices de conductas agresivas.

“La inteligencia emocional no es la panacea, pese a los numerosos beneficios que aporta. Hay gente que espera que si mejora su IE se le resuelvan los problemas de la vida, pero no funciona así: que sepamos cómo manejar nuestro enfado no significa que vayamos a dejar de enfadarnos cuando alguien nos trata mal o nos quita la plaza de aparcamiento”, señala la autora del estudio. “De todos modos —añade—, si gestionamos y entendemos mejor nuestros sentimientos, reaccionaremos mejor, por lo que sentiremos que tenemos control sobre nuestro comportamiento, y estaremos más satisfechos con nuestra conducta y con nuestras relaciones con los demás”.

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Seis emociones básicas

Pero, ¿qué es la inteligencia emocional?: “El conjunto de habilidades para procesar la información que proviene de las emociones, entre ellas, percibir, expresar, comprender y regular las emociones adecuadamente, tanto en uno mismo como en los demás”, según la definición de Salovey y Mayer (1997). Estas habilidades se ponen en marcha con todo tipo de emociones, pero en las edades en las que se centra este trabajo, se refieren especialmente a las básicas o universales. “No hay un consenso absoluto sobre el número de emociones, pero la mayoría de autores coincide en que son seis las básicas o universales: la alegría, la tristeza, la ira o el enfado, el asco, la sorpresa y el miedo. Y hay autores, como Izard, que añaden a estas seis emociones una séptima: el interés, entendido como curiosidad o afán de búsqueda”, precisa la autora del estudio.

La alegría, la tristeza, la ira o el enfado, el asco, la sorpresa y el miedo son las 6 emociones básicas

Por otra parte, “también estamos haciendo una comparación entre culturas”, señala Alonso. “Las emociones son universales, y las habilidades que hemos mencionado, innatas; pero no todas las culturas viven de igual manera las emociones. Por ejemplo, aquí se acepta mejor el expresar el enfado que en otras culturas, y el hecho de que la emoción sea aceptada es la base para que ésta pueda ser gestionada. Por eso, queremos saber si en esa etapa de la vida (entre los tres y los seis años) las habilidades emocionales se desarrollan por igual en diversas culturas”.

Se han utilizado dos herramientas de medida para evaluar la percepción, la expresión y la compresión de las emociones (Emotion Matching Task, EMT) y su regulación (Procedimiento de las Marionetas). Por lo que a las posibles aplicaciones prácticas del estudio se refiere, destaca Alonso las siguientes: “Los resultados pueden ayudar a promover y favorecer que los niños y las niñas desarrollen sus habilidades para percibir mejor sus emociones y las de los demás, entenderlas y adquirir nuevas herramientas o estrategias para regularlas, lo que, en definitiva, redundará en su bienestar y en mejores relaciones consigo mismo y con los demás”.

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