Intento de asesinato a Fernando el Católico

Retrato del rey Fernando por Michel Sittow (finales del s. XV). En el lado izquierdo del cuello se aprecia la cicatriz de la herida. / Wikimedia

Tal día como hoy… 7 de diciembre de 1492, El rey Fernando el Católico era objeto de un intento de asesinato

 

El 7 de diciembre de 1492, El rey Fernando el Católico era objeto de un intento de asesinato cuando salía de su  palacio para realizar un paseo a caballo por la ciudad. El regicida frustrado resultó ser un tal Juan de Cañamares -o Joan de Canyamans-. Fue considerado un loco que actuó por su cuenta, y ajusticiado poco después.

 

CV / Tras la toma de Granada en enero de 1492, los Reyes Católicos se desplazaron a Barcelona, donde residieron una larga temporada -allí recibieron a Colón después de la vuelta de su primer viaje a América-. El objetivo de su estancia era negociar con el rey Carlos VIII de Francia la devolución de los territorios transpirenaicos del Rosellón y la Cerdaña, que había caído en manos francesas treinta años antes, durante el reinado de Juan II y la guerra civil catalana.

Cuando se disponía a montar, apareció un hombre con un terciado -una espada corta- que le perforó la base del cuello y le rompió la clavícula

Aquella mañana, el rey salió de palacio sobre el mediodía con la intención de dar un paseo a caballo. Cuando se disponía a montar, apareció un hombre con un terciado -una espada corta- que le perforó la base del cuello y le rompió la clavícula. El collar rígido que llevaba incorporado al jubón y una cadena de oro detuvieron el impacto y le salvaron la vida; de lo contrario, habría muerto desangrado allí mismo. Los escoltas del rey forcejearon con Cañamares y le asestaron tres puñaladas, pero el propio rey los detuvo. Lo quería vivo para averiguar se trataba de una conspiración.

Por la ciudad corrieron todo tipo de rumores. Se decía que el detenido era francés, catalán, navarro, castellano, moro… Corrió el pánico y los reyes dispusieron las galeras en el puerto para evacuar en el caso de que se tratara de una sublevación. Y circuló el rumor de que el rey había muerto. La población se armó y tomó las calles reclamando venganza contra el autor del ataque. Tuvo que aparecer el rey, todavía convaleciente, por la ventana de palacio, para demostrar que estaba vivo y calmar a la población.

Representación del atentado en el Dietari de l’Antich Consell Barceloní, vol. III. / Wikimedia

El tal Juan de Cañamares resultó ser un loco, aunque persisten algunas dudas al respecto. Tras ser curado de las tres puñaladas, fue sometido a tormento para que confesara si formaba parte de alguna conspiración. Declaró que el diablo se le había aparecido cada día, desde hacía veinte años, anunciándole que si mataba al rey, él sería el nuevo monarca. Fue declarado perturbado mental y el rey le perdonó la vida. No así el Sacro Supremo Consilio Aragoniae Coronae, que decidió ajusticiarlo en cualquier caso. El día 12 de enero fue paseado por las calles de Barcelona, siendo apedreado y mutilado por el populacho durante el recorrido hasta el patíbulo, y ahorcado. Luego su cuerpo fue entregado la multitud, que lo descuartizó y quemó. Este atentado fue objeto de algunas obras literarias posteriores y es un hecho relativamente conocido.

Este atentado fue objeto de algunas obras literarias posteriores y es un hecho relativamente conocido

Respecto a los auténticos móviles, parece claro que se trataba de un perturbado mental, pero también que había participado en las guerras de las Remensas durante la guerra civil, y es posible que fuera de los que se negaron a aceptar el tratado que había puesto fin a la revuelta en 1485.

Al parecer era natural de Canyamars -actual Dosrius, en el Maresme barcelonés-, y lo que no está claro es cuál había sido su participación real en la revuelta de la Remensa. Algunos autores, ya en el siglo XX, cuestionaron que fuera realmente un perturbado mental a partir del hecho de que había podido heredar de su padre solo un año antes, en 1481, lo cual en la época significaba que se le consideraba con uso de razón y responsable de sus actos. Claro que, bien mirado, cosas parecidas ocurren hoy en día…

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