IV Internacional

Cuarta internacional / Wikimedia

Tal día como hoy… 3 de septiembre de 1938 fundaban la IV Internacional

 

El 3 de septiembre de 1938, en París, un grupo de delegados disidentes de los partidos comunistas «oficiales», agrupados en torno a la figura de LeónTrotsky, se constituían en congreso constituyente, aprobaban el «Programa de transición» y fundaban la IV Internacional, que agrupó a los llamados «trotskistas».

 

CV / Revolucionario profesional, intelectual, activista y gran orador, Lev Davidovich Bronstein «Trotsky» (1879-1940) lo había sido todo en la Unión Soviética, o casi todo. Antiguo militante menchevique, se unió a los bolcheviques de Lenin en 1917 y fue uno de los líderes más destacados de la Revolución de octubre.

Leon Trotsky / Wikimedia

Fue el fundador del ejército rojo durante la guerra civil y llegó a ser prácticamente el número dos del partido bolchevique. Fue un líder carismático, pero, en gran medida debido a su antigua militancia menchevique, nunca llegó a conocer del todo ni a controlar a controlar los resortes de la maquinaria burocrática del partido bolchevique.

En la lucha por el poder que estalló en el partido tras la muerte de Lenin (1924), que se había iniciado ya desde un tiempo antes, fue desplazado por Stalin y su estrella empezó a apagarse. Apartado de las tareas de gobierno, vivió un exilio interior en la URSS, hasta ser expulsado en 1929 y considerado un «traidor» a la revolución. Su imagen fue borrada de las fotos y su nombre borrado de las crónicas.

Las razones de la disputa entre Stalin y Trotsky son complejas, y en ellas se mezcla lo ideológico con lo personal. Personalmente eran antagónicos. Los bolcheviques consideraban en 1917 que la revolución socialista iba a producirse en Europa; Alemania, concretamente, era el país en el que tenían puestas sus esperanzas.

Desde la perspectiva teórica marxista, la revolución socialista no era sino la continuidad histórica de la revolución industrial burguesa, y por ello tenía que producirse en países industrializados, que eran precisamente los que tenían más clase obrera. Rusia era un país aún con estructuras semifeudales y con una industrialización incipiente, remitida casi en exclusiva a Petrogrado y Moscú. Para los propios revolucionarios soviéticos, el papel que Rusia iba a jugar en el contexto de la revolución proletaria mundial era subsidiario.

Desde la perspectiva teórica marxista, la revolución socialista no era sino la continuidad histórica de la revolución industrial burguesa

Pero la revolución proletaria fracasó en Alemania, y en Francia o Italia los partidos comunistas carecían de la fuerza suficiente para promover una transformación revolucionaria. En otros países, como Hungría o las repúblicas bálticas, el fracaso de la revolución propició el auge de gobiernos militaristas y nacionalistas de corte protofascista. En otras palabras, los revolucionarios soviéticos, que creían estar participando en una revolución mundial, se vieron de pronto metidos en una guerra civil y cayeron en la cuenta de que se habían quedado solos con su revolución.

Desde esta perspectiva, la posición de Trotsky siguió siendo la de favorecer y propiciar la «revolución mundial». Stalin, por su parte, mucho más pragmático, acuñó el término de «socialismo en un solo país»: la URSS, claro, que sería la patria de los comunistas de todo el mundo, y que tendría como misión primordial el desarrollo de la industrialización para situar a Rusia en condiciones de transitar hacia el comunismo. Una industrialización que se iba a realizar bajo un régimen de dictadura del proletariado, en un nuevo contexto en el cual el resto de partidos comunistas estarían al servicio de los intereses de la Unión Soviética; es decir, del socialismo, desde el planteamiento estalinista.

En los partidos comunistas europeos, los sospechosos de trotskismo, fuera este real o pretextado, fueron purgados y expulsados

En los partidos comunistas europeos, los sospechosos de trotskismo, fuera este real o pretextado, fueron purgados y expulsados. Fue en este contexto que Trotsky decidió auspiciar una nueva organización, la IV Internacional que representara el espíritu revolucionario que las tres anteriores internacionales –la anarquista, la socialdemócrata y la comunista- habían de una u otra manera abandonado. Siempre fue una organización minoritaria y con escaso contacto con el mundo obrero cuyos intereses decían representar. Los trotskistas fueron perseguidos, además, por tirios y por troyanos.

La muerte de Trotsky (1941), asesinado por el agente estalinista Ramón Mercader, fue también el golpe de muerte a la IV Internacional. Ya en los años sesenta del siglo XX, y debidamente metabolizado en aleación con movimientos de carácter hippy, antibelicistas y de liberación sexual,  el trotskismo tuvo un cierto repunte entre los movimientos universitarios estudiantiles norteamericanos y de Europa occidental.

En la actualidad, hay toda una constelación de organizaciones que se postulan como la auténtica IV Internacional, enemistadas a muerte entre ellas. A su condición minoritaria en la izquierda hay que añadirle una pulsión cismática caracterizada por las continuas escisiones. Ello hasta el punto que, jocosamente, se ha dicho que un partido trotskista de tres militantes consiste en tres categorías: el partido revolucionario de las masas, las masas y una escisión.

Nada más alejado de los planteamientos de Trotsky en aquel septiembre de 1938.

Dejar comentario

Deja tu comentario
Pon tu nombre aquí