Champollion había publicado con solo 18 años una ‘Geografía de Egipto’ que le valió entrar como profesor en la Universidad de Grenoble / Imagen: Léon Cogniet

Tal día como hoy… 4 de marzo de 1832 fallecía Jean-François Champollion

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El 4 de marzo de 1832 fallecía en París, a los 41 años de edad, Jean-François Champollion, padre de la egiptología y el primero descifrar de la escritura jeroglífica egipcia a partir de sus estudios sobre la Piedra de Rosseta.

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CV / Nacido en Figeac –sur de Francia- en 1790, creció en Grenoble, donde su padre, que era librero ambulante, abrió una librería que compaginó con su anterior actividad. Creció en plena Revolución Francesa y en sus primeros años no fue a la escuela, porque las que había habido eran todas religiosas y se habían clausurado. Aprendió las primeras letras y la afición por la historia antigua de su hermano Jacques-Joseph, doce años mayor y al cual siempre estuvo muy unido, que fue quien se encargó de su instrucción. Su extraordinaria precocidad con las lenguas antiguas resulta realmente sorprendente. Ya en la época napoleónica, ingresó en el recién estrenado Liceo de Grenoble, destacando muy especialmente en latín y griego. Al poco tiempo empezó a estudiar por su cuenta lenguas semíticas.

Champollion estuvo desde un primer momento convencido de que a partir del copto podría descifrar el demótico, y éste le llevaría a la escritura jeroglífica

Cuando contaba apenas 12 años, conoció al prefecto de Isère durante una inspección que éste realizó en el nuevo Liceo donde estudiaba -los Liceos fueron instituidos por Napoleón-, que había estado en Egipto con la expedición de Napoleón y que tenía el encargo de participar en la memoria sobre Egipto que el emperador había encargado. Impresionado ante el joven Champollion, le invitó a su casa para enseñarle su colección de antigüedades. Se dice que salió de allí dispuesto a descifrar el lenguaje de los misteriosos jeroglíficos.

Y lo conseguiría, pero pasó todavía un tiempo. Financiado por su hermano, se trasladó a París para estudiar el demótico y perfeccionar el copto en el College de France. Con todos los egiptólogos de Europa intentando descifrar la Piedra de Rosseta, Champollion estuvo desde un primer momento convencido de que a partir del copto podría descifrar el demótico, y éste le llevaría a la escritura jeroglífica.

Como es sabido, la Piedra de Rosseta es una inscripción que contiene el fragmento de un decreto publicado en Menfis en el 196 a.C., en tres lenguas, griego, demótico y jeroglífico. Se trataba de una estela de la época de Ptolomeo V que había estado originariamente en un templo. Durante la expedición militar a Egipto, los franceses la habían descubierto en Rosseta –Rashid-, en un fuerte donde había sido utilizada como material de construcción. Con los avatares de la guerra, los británicos se hicieron con ella y se la llevaron a Inglaterra, pero circulaban muchas copias litográficas y en yeso por los muesos de toda Europa.

Mientras tanto, Champollion había publicado con solo 18 años una ‘Geografía de Egipto’ que le valió entrar como profesor en la Universidad de Grenoble, donde también ejerció poco después su hermano, igualmente experto en lenguas antiguas. Pero siendo ambos bonapartistas declarados, a la caída de Napoleón fueron expulsados de la Universidad y desterrados a Figeac. No perdió el tiempo ni siquiera durante este destierro, y a su vuelta a París demostró que la escritura hierática era una variante más simple de la jeroglífica, y que la demótica era posterior y aún más simplificada.

Champollion anunció el 14 de septiembre de 1822 que había conseguido descifrar el jeroglífico de la Piedra de Rosseta

A partir de las inscripciones en griego y en demótico de la Piedra de Rosseta, Champollion anunció el 14 de septiembre de 1822 que había conseguido descifrar el jeroglífico de la Piedra de Rosseta. Algunos no le creyeron, pero tuvieron que rendirse ante la evidencia. Una vez descifrado, podía también traducir otros jeroglíficos que no tenían copia en otras lenguas. Su hallazgo causó sensación. En 1826 fue nombrado conservador de la colección egipcia del Museo del Louvre.

Poco después, cumplió su sueño de viajar a Egipto participando en una misión arqueológica que se prolongó durante un año y medio. Débil de salud por naturaleza y diabético, regresó enfermo y exhausto debido a las inevitables privaciones del viaje. Aun así, puso todo su empeño en acabar la que sería su gran obra: la ‘Grammaire egiptiènne’. En 1831 ingresó como profesor de arqueología en el College de France. Un año después moría de un ataque al corazón. Tenía 41 años y no había conseguido acabar su Gramática; la completó su hermano y la publicó su en su nombre.

Se había abierto el camino para el estudio moderno del antiguo Egipto.

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