Jerónimo de Ayanz y Beaumont

La lista de sus inventos, además de la máquina de vapor, es interminable. / Imagen: Retrato de Jerónimo de Ayanz y Beaumont. Fundación Española para la Ciencia y la Tecnología, Eulogia Merle.

Tal día como hoy… 23 de marzo de 1613, fallecía Jerónimo de Ayanz y Beaumont

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El 23 de marzo de 1613, fallecía en Madrid, a los 60 años, Jerónimo de Ayanz y Beaumont. ¿Y quién fue este caballero? ¿Qué hizo de reseñable como para que merezca la pena acordarse de él. Si el tal Jerónimo de Ayanz hubiera nacido en otro país, muy probablemente sería hoy en día una celebridad mundialmente recordada.

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CV / Estamos hablando del hombre que, entre otros logros, registró y aplicó la primera máquina de vapor de la Edad Moderna. Un siglo antes de que Savery patentara la suya en Inglaterra, y dos antes de que Watt la hiciera operativa, Ayanz ya desaguaba minas con su invención. Hay en la historia casos en que algunos se llevaron los méritos de otros; en el caso de Ayanz no es ni siquiera esto, sino simplemente el olvido más ramplón. Claro que, entonces, no es a él a quien el olvido desmerece, sino a quienes lo olvidaron.

Jerónimo de Ayanz fue un destacadísimo inventor, militar, ingeniero, músico, pintor y cosmógrafo, poseedor, además, de una fuerza física impresionante

Nacido en la aldea navarra de Genduláin en año 1553, Jerónimo de Ayanz fue un destacadísimo inventor, militar, ingeniero, músico, pintor y cosmógrafo, poseedor, además, de una fuerza física impresionante. Hijo de una familia perteneciente a la pequeña nobleza navarra, a los 14 años entró a prestar servicio en la corte de Felipe II. Destinado en principio a las armas, empezó a destacar en Flandes como ingeniero militar. También, según parece, gracias a su perspicacia supo descubrir una conspiración del espionaje francés contra el rey, que le valió la orden de Calatrava. Sirvió también en Italia, en Portugal y en la defensa de la Coruña contra los ingleses. Lope de Vega le dedicó una obra y un soneto.

Nombrado regidor de Murcia, fortificó el puerto de Cartagena. Cuando en 1597 fue designado administrador general de minas, se dedicó a recorrer los yacimientos y a proponer mecanismos para mejorar la producción. Abordó entonces la solución a los dos grandes problemas de la minería: la acumulación de agua en las galerías y la contaminación del aire. Para evacuar el agua, ideó un sifón con un intercambiador: el agua de la parte superior, con la que se limpiaban los minerales, podía generar la energía necesaria para elevar la depositada en las galerías inferiores. Es decir, mediante la fuerza del vapor propulsaba un fluido a través de una tubería, desaguando las galerías inundadas. Con ello estaba aplicando en la práctica la noción de presión atmosférica medio siglo antes de su descubrimiento por Torricelli, y había inventado la máquina de vapor. Con el aire contaminado ideó enfriarlo con nieve y enviarlo por el mismo procedimiento al interior de las galerías. Al pesar más el aire frío, refrigeraba el ambiente e introducía aire fresco respirable que expulsaba al contaminado al exterior. El primer principio de termodinámica aplicado a la práctica. Y el primer aire acondicionado de la historia.

Murió a los sesenta años de edad en Madrid, siendo enterrado en Murcia por deseo de su esposa. Tras su muerte, ni sus logros ni su obra tuvieron continuidad

En 1599 propuso ante la corte de Felipe III un proyecto de liberalización del rígido sistema económico de explotación de las minas, y un programa de apertura de escuelas de ingeniería minera. Proyectos que fueron desestimados, aunque no esté claro si el rechazo fue porque no fueron entendidos o porque se entendieron demasiado bien. La modernización y la ciencia empezaban a no estar muy bien vistas en una España cada vez más replegada en sí misma.

La lista de sus inventos, además de la máquina de vapor, es interminable. Construyó equipos de buceo probados con éxito, una bomba de compresión, un horno para obtener agua destilada a bordo de un barco, balanzas de precisión, una brújula que corregía la declinación magnética, la estructura de arco para las presas de los embalses, un submarino cuyas mecanismo se ignora, pero que al parecer llegó a funcionar pilotado por él mismo… Inventos que se adelantaron en más de un siglo a los que se realizarían en Inglaterra con la revolución industrial, donde obtuvieron mejor acogida y continuidad. Constan hasta 48 inventos en el «Privilegio de invención», el registro de patentes de entonces.

Murió a los sesenta años de edad en Madrid, siendo enterrado en Murcia por deseo de su esposa. Tras su muerte, ni sus logros ni su obra tuvieron continuidad. Tal vez de haberse atendido su programa de escuelas especializadas, hubiera sido todo muy distinto, y nunca hubiera hecho falta recurrir al remedo de justificación proferido siglos después con el “¡Que inventen ellos!”.

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