Joglars reúne a tirios y troyanos en el Poliorama

El coloquio de los perros en Barcelona

 

Por Eva Serra e.serra@catalunyavanguardista.com

Eva Serra_1_editedQue nadie se lleve a engaño pues El coloquio de los perros de Els Joglars es una  adaptación libre de la ejemplar novela de Cervantes y así se presenta por esta compañía teatral dirigida por Ramon Fontserè desde que en septiembre de 2012 Albert Boadella anunciara su retirada tras medio siglo al frente de ella y enfrente de sus detractores.

No cabe duda que tras esta estela de polémica Els Joglars sigue atrayendo a tirios y troyanos a juzgar por el nutrido y heterogéneo público congregado ayer el teatro Poliorama de las ramblas barcelonesas, mezclados anoche  frente a los designios narrados por Cipión (Ramon Fontserè) y Berganza (Pilar Sáenz), dos perros que en la oscuridad y tras los barrotes de una jaula adoptan el lenguaje oral durante unas horas para referirse a nuestra especie como valedora de los más absurdos desmanes.

La obra, que sitúa adjetivalmente a los humanos en su categoría de bípedos, se inicia con los alterados ladridos de una perrera municipal en mitad de la noche mientras su guarda Manolo (Xevi Vilà) atiende atónito al inicio de la conversación entre esta pareja de canes. La dualidad también está presente con las figuras variadas de personajes y animales que escenifican la biografía narrada de estos perros a manos de Dolors Tuneu y Xavi Sais que encarnan un crítico tándem de estereotipos de nuestro tiempo.

Mucho se ha escrito ya desde que en 2013 la obra comenzara su andadura por tierras españolas y haya levantado sangre o tinta de la pluma de algunos reputados críticos teatrales que, entusiasmados por las sátiras a la sociedad actual o agraviados por la falta de rigurosidad cervantina, -allende de la procedencia catalana o no del autor de El Quijote- han vertido sus opiniones sobre esta primera obra que dirige Fontserè.

Nuestro propósito aquí es atender a aquellos aspectos simbólicos referidos al espacio de butacas

No es pues nuestra intención la crítica teatral que el lector, según su criterio de credibilidad sobre las fuentes que consulta pueda encontrar en numerosas columnas o secciones culturales diversas ya que el teatro, como cualquier otro arte, debiera estar sujeto a la libre interpretación del público que los consume. Nuestro propósito aquí es atender a aquellos aspectos  simbólicos referidos al espacio de butacas ocupado ayer en el Poliorama y que la puesta en escena de Els Joglars fue capaz de agrupar.

Acaso el teatro sea eso, una especie de reconciliación entre castas que durante un corto espacio de tiempo permite que desde ambas orillas de la escena se recuerden las palabras que la reina Dido dirige a Eneas y que recoge la Eneida de Virgilio: “La ciudad que estoy levantando vuestra es; varad vuestras naves; ninguna distinción habré de hacer entre tirio y troyano”. Y así fue a juzgar por la heterogeneidad del público asistente. Los aplausos enredados entre ilustres independentistas y españolistas en este coloquio entre perros atestiguó esta breve tregua al caer el telón.

 

 

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