Johannes Kepler

Johannes Kepler / Wikimedia

Tal día como hoy… 15 de noviembre de 1630 fallecía Johannes Kepler, el astrónomo más grande de su tiempo

 

El 15 de noviembre de 1630 fallecía en la ciudad alemana de Ratisbona, víctima de unas fiebres, arruinado y sin trabajo, Johannes Kepler, el astrónomo más grande de su tiempo y uno de los más genuinos representantes de la Revolución Científica.

 

CV / Kepler había nacido en Weil der Stadt el 27 de diciembre de 1571. Su padre era soldado mercenario; su madre regentaba una casa de huéspedes y ejercía de curandera y herborista. Fue criado durante su infancia por su abuelo. Sus dos grandes vocaciones fueron la Teología y la Astronomía. Tras estudiar en seminarios protestantes, se matriculó en la Universidad de Tubinga. Tuvo como profesor de matemáticas al astrónomo y matemático Michael Maestlin, que le introdujo en el heliocentrismo coperniquiano, unas enseñanzas que se reservaban a los estudiantes más brillantes, mientras que al resto se les impartía el clásico geocentrismo tolemaico. Se convirtió en un coperniquiano convencido.

Tuvo como profesor de matemáticas al astrónomo y matemático Michael Maestlin, que le introdujo en el heliocentrismo coperniquiano

Tras dejar la Universidad, enseñó Matemáticas en Graz, a la vez que se ganaba la vida haciendo cartas astrológicas para ricos. En el año 1600 tuvo que abandonar Austria, al promulgar el archiduque Fernando un edicto que expulsaba a los protestantes. Se trasladó a Praga, conociendo allí al astrónomo más reputado del momento, Tycho Brahe, que dirigía el observatorio astronómico más avanzado de su tiempo. La colaboración de Kepler con Brahe fue compleja y con muchos recelos por parte de Brahe, que no le facilitó el acceso a los resultados de sus observaciones. Brahe había sido colaborador de Copérnico, y disponía de datos más precisos y fiables que los de su maestro, pero no veía nada claro el heliocentrismo. Tal vez esto fue lo que suscitó los recelos.

Sea como fuere, a la muerte de Brahe en 1602, Kepler le sustituyó, siendo nombrado astrónomo imperial por Rodolfo II, que lo utilizó también como consejero astrológico. En 1615, su madre, Katherina Gundelmann, fue acusada de brujería. Ello le comportó a Kepler problemas en la corte, pero optó valientemente por proclamar su inocencia y utilizó todos sus recursos para defenderla, costeando incluso su encierro en la torre de Güglingen, y su defensa en los tribunales durante los seis años que duró el proceso. Al final, fue absuelta, pero anciana y delicada de salud, el encierro le pasó factura y murió a los seis meses. Kepler se trasladó a Silesia, entrando al servicio de Albretch von Wallenstein -político, militar y mercenario que luchó al servicio del emperador Fernando II durante la Guerra de los Treinta Años-, que le embaucó con falsas promesar de resarcirle económicamente. Desengañado, abandonó Silesia en busca de algún nuevo trabajo, muriendo en Ratisbona a los 58 años.

Las aportaciones de Kepler a la Astronomía y la ciencia modernas fueron extraordinarias

Las aportaciones de Kepler a la Astronomía y la ciencia modernas fueron extraordinarias. Destacaremos aquí sus famosas tres leyes.

La primera establece que los cuerpos celestes tienen movimientos elípticos alrededor del Sol, estando éste situado en uno de los dos focos que contiene la elipse. Hasta entonces, se había pensado que las órbitas eran circulares; Kepler demostró que eran elípticas. Dicho sea de paso que estamos hablando de elipses en muchos casos casi circulares, lo cual añade aún más mérito a su descubrimiento. La órbita de la Tierra tiene, por ejemplo, una excentricidad de 0,01671; la de Plutón es de 0,2488…

La segunda ley anuncia que las áreas barridas por los radios de los cuerpos celestes son proporcionales al tiempo usado por aquéllos en recorrer el perímetro de estas áreas.

Y la tercera: El cuadrado de los periodos de la órbita de los cuerpos celestes guarda proporción con el cubo de la distancia que hay respecto al Sol. Con estas tres leyes, el movimiento de todos los astros –especialmente los planetas, que habían traído de cabeza a los astrónomos desde la antigüedad- devenía comprensible y predecible.

Durante la Guerra de los Treinta Años, la tumba de Kepler fue profanada por el ejército sueco; igualmente, sus trabajos originales se perdieron, aunque sus teorías se propagaron por toda Europa. Gran parte de estos manuscritos fueron recuperados por Catalina II de Rusia en 1773. Actualmente se encuentran en el Observatorio Pulkovo de San Petersburgo.

Digamos, como anécdota, que uno de sus biógrafos se lamentó de que tan gran hombre tuviera la desgracia de haber padecido al final de su vida demencia senil, como lo demostraba su afirmación según la cual “…las mareas eran causadas por la atracción que la Luna ejercía sobre los mares”.

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