John Fitzgerald Kennedy

J.F. Kennedy / Wikimedia - White House Press Office (WHPO)

Tal día como hoy… 8 de noviembre de 1960 J.F. Kennedy ganaba las elecciones a presidente de Estados Unidos

 

El 8 de noviembre de 1960, el candidato demócrata a las elecciones presidenciales norteamericanas, John Fitzgerald Kennedy ganaba por un estrechísimo margen de votos al candidato republicano, Richard Nixon, y se proclamaba presidente electo de los Estados Unidos.

 

CV / Las elecciones presidenciales de 1960 fueron las elecciones más reñidas hasta entonces de la historia del país. Kennedy obtuvo un 49,72% de votos, por un 49,55% de Nixon. Y fueron también las elecciones en que por primera vez hicieron acto de presencia los debates televisados, así como, esto hoy ya no es tan raro, algún sonado error en las previsiones obtenidas de las encuestas.

Las elecciones presidenciales de 1960 fueron las primeras en las que los candidatos hacían acto de presencia en los debates televisados

La presidencia había estado ocupada durante los últimos ocho años por el republicano Dwight Eisenhower, el héroe de la II Guerra Mundial. Su mandato se caracterizó, en política exterior, por el recrudecimiento de la guerra fría con la URSS y la Guerra de Corea; en lo interior, por el macartismo y la caza de brujas, y el aumento de las tensiones raciales en los EEUU, que por entonces practicaba en los estados del sur un auténtico apartheid.

Kennedy procedía de una acaudalada familia de origen irlandés, y el hecho de que fuera católico despertaba recelos entre las élites de los sectores blancos, mayoritariamente protestantes, que tradicionalmente habían controlado el país. Los irlandeses, como los italianos o los eslavos, eran blancos de segunda clase en los EEUU. Sus conocidas opiniones en favor de la emancipación de la minoría negra y contra la discriminación racial también suscitaban un fuerte rechazo de la parte más conservadora.

Las elecciones se presentaban muy reñidas

Las elecciones se presentaban muy reñidas. Los republicanos habían elegido como candidato a Richard Nixon para suceder a Eisenhower, algo que a éste le desagradó. En su última etapa, Eisenhower había alertado del peligro que los EEUU acabaran dependiendo de lo que denominó «el complejo militar industrial», y que sus intereses acabaran interfiriendo con los de la nación, promoviendo guerras, por ejemplo, como negocio. Era evidente que los tiempos estaban cambiando, y que la guerra fría, más allá de su aspecto ideológico, ofrecía también grandes negocios y pingües beneficios a las industrias armamentísticas. Nixon representaba sin duda alguna estos intereses. Se ha especulado sobre la posibilidad de que Eisenhower prefiriera, en su fuero interno, la victoria de Kennedy, aunque si así era, nunca lo afirmó en público.

Frente a Nixon, Kennedy se presentaba con un nuevo estilo: joven, comunicador, abierto, muy alejado del tradicional hieratismo de los anteriores mandatarios

Kennedy, por su parte, se presentaba con un nuevo estilo: joven, comunicador, abierto, muy alejado del tradicional hieratismo de los anteriores mandatarios, con la probable excepción de Teddy Roosevelt.

Se dijo que los debates televisados decidieron a la población por Kennedy, pero si bien es cierto que salió vencedor en ellos frente a un Nixon menos desenvuelto ante la pantalla y en el debate, también lo es que esto se valoró después de su victoria. No antes, ya que la mayoría de las encuestas daban como vencedor por muy estrecho margen al candidato republicano. Muy especialmente la más prestigiosa de las agencias de estadística, que realizó una masiva encuesta telefónica. Se consideraba el modelo de las encuestas, tanto por el número de encuestados como por la elección de la muestra, utilizando además las nuevas tecnologías del momento.

 

Las encuestas habían fallado

Pero ganó Kennedy por el mismo estrecho margen que se le había adjudicado a Nixon. ¿Qué había ocurrido? Se podía decir que, en los ajustados resultados que se preveían, un vuelco a las estadísticas no era precisamente impensable; estamos hablando de una diferencia del 0,17%, que si duplicamos en la medida que Kennedy le dio el vuelco, sería de un 0,34%. Pero los responsables de la encuesta desestimaron la posibilidad un error imponderable, y pensaron que tenían que haberse equivocado necesariamente en algo detectable. ¿Pero qué?

La encuesta era telefónica, pero había un ínfimo porcentaje de población que todavía no tenía teléfono en su casa, la gente más pobre

La encuesta era telefónica, desde la asunción apriorística según la cual el teléfono estaba universalmente implantado en los EEUU. Y lo estaba, pero había un ínfimo porcentaje de población que todavía no tenía teléfono en su casa. Y lógicamente, se trataba de un segmento de población de igualmente ínfima capacidad adquisitiva. En otras palabras, gente pobre. Y las clases bajas tienden a votar históricamente más a los demócratas –o tendían, habría que decir después de lo de Trump-, mientras que el sesgo en las altas es más hacia los republicanos. Y esa fue la explicación. Por reducido que fuera, este segmento quedó fuera de la encuesta por razones obvias, y distorsionó las sesudas predicciones estadísticas de la encuesta.

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