Murió el año 1776 en Londres, un 24 de marzo como el día en que había nacido: precisión de relojero

Tal día como hoy… 24 de marzo de 1693, nacía John Harrison

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El 24 de marzo de 1693 nacía en Foulby (Reino Unido) John Harrison, el carpintero metido a relojero que resolvió la determinación de la longitud geográfica en el mar con la construcción de los primeros cronómetros marinos.

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CV / La posición geográfica se establece en relación con dos sistemas de referencia, la latitud y la longitud, siendo la latitud la distancia angular al paralelo de referencia -el Ecuador-, mientras que la longitud lo es con respecto a un meridiano central, o cero, establecido arbitrariamente.

Orientación de la Tierra durante el solsticio de diciembre / Peter Mercator

En tierra firme, el establecimiento de la posición de un punto no presenta grandes problemas. La latitud se establece a partir del ángulo de inclinación con respecto al Sol -según estación del año- o a la Estrella Polar -en el hemisferio norte- y la Cruz del Sur -en el hemisferio sur-; la longitud, a su vez, por la hora según la posición del Sol en su recorrido de Este a Oeste. La precisión dependerá en todo caso de la exactitud de las mediciones a partir de la tecnología disponible, pero no del concepto.

En alta mar, en cambio, la cosa es más complicada, no en lo referente a la latitud, desde antiguo determinada con cuadrantes o astrolabios, y posteriormente con  sextantes, pero sí a la longitud. La ausencia de sistemas de referencia impide conocer la distancia recorrida y, a una hora determinada, cuál es en aquel mismo momento la del meridiano de referencia. Al abrirse en el siglo XVI las grandes rutas oceánicas, esta imposibilidad devino un problema cuya resolución era apremiante. Para resolverlo se recurría al método de la barquilla corredera, que permitía una aproximación a la velocidad y distancia recorrida, pero con un amplísimo margen de error.

Los eclipses podían servir. Sabiendo a qué hora ocurrirá en un punto de referencia en tierra firme, podremos determinar la diferencia horaria y establecer la longitud. Pero son infrecuentes, de modo que no servían como método. A raíz de un premio ofrecido en 1598 por la Corona española, Galileo Galilei (1564-1642) propuso como referencia los eclipses de los satélites de Júpiter, que sí son suficientemente frecuentes –unos mil al año-. El método servía en tierra firme, pero no en alta mar; los satélites de Júpiter no son visibles sin telescopio y, además, se requiere de una observación muy precisa y ajustada imposible de realizar en un objeto flotante. El astrónomo alemán Tobias Mayer (1723-1762) propuso un método a partir de los movimientos de libración de la Luna, mucho más preciso, pero que requería de cálculos muy complejos. El gobierno británico un almanaque con tablas anuales que ahorraran el cálculo, pero tampoco resultó concluyente.

La solución no provino ni de marinos, ni de astrónomos, ni de cartógrafos, sino de un desconocido relojero que se atrevió a terciar en el embrollo, aun sin haber subido a un barco en toda su vida: John Harrison. Si la longitud se determina a partir de la hora en relación a la del meridiano de referencia, bastaría con llevar a bordo un reloj con la hora en este meridiano y se acabó el problema. Pero no. Los relojes eran muy imprecisos, tanto por las deficiencias inherentes a su mecanismo, como por la alteración de su funcionamiento ante distintas condiciones ambientales –temperatura, humedad, presión…-.

John Harrison era un humilde carpintero aficionado a la relojería, que a los 20 años había construido ya su primer péndulo… íntegramente de madera

John Harrison era un humilde carpintero aficionado a la relojería, que a los 20 años había construido ya su primer péndulo… íntegramente de madera. En 1725 cambió su oficio de carpintero por el de relojero y se propuso dar una solución al problema de la longitud construyendo un reloj suficientemente preciso cuyo funcionamiento no se alterara a bordo de un barco, ya fuera por los factores climáticos o por los inherentes a estar embarcado, como los inevitables vaivenes. Descartó, obviamente, los péndulos.

En 1735 construyó al «H1» –Harrison 1-, un reloj con ruedas dentadas de madera, y lo presentó optando al premio que ofrecía la Junta de la Longitud. Recibió buenas palabras… En los siguientes 20 años construyó el H2, el H3 y el H4. Éste último se probó el año 1760 en un viaje de ida y vuelta a Jamaica. En todo el trayecto se retrasó solo 5 segundos en 80 días. Pero la Junta seguía deliberando, mientras tanto se empezaba a extender el uso de cronómetros.

Inasequible al desaliento, Harrison litigó largos años reclamando el premio que le correspondía. Y construyó el «H5», que su hijo William consiguió presentar ante Jorge III solicitando su intercesión. El rey quedó sorprendido y tomó cartas del asunto, reprobando a los miembros de la Junta su cicatería. Poco después, en 1773, con 80 años, se le reconoció y concedió el premio, que pudo disfrutar los tres que le quedaban de vida. Murió el año 1776 en Londres, un 24 de marzo como el día en que había nacido: precisión de relojero.

La determinación de la longitud había dejado de ser un problema.

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