José Bonaparte

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Tal día como hoy… 6 de junio de 1808 Napoleón nombraba rey de España a José Bonaparte

 

El 6 de junio de 1808 Napoleón nombraba rey de España a José Bonaparte, su hermano. El nombramiento se amparaba en las abdicaciones de Bayona, con Fernando VII abdicando en su padre Carlos IV, y éste en Napoleón, que a su vez lo hacía mediante decreto en su hermano, hasta entonces rey de Nápoles. Reinó hasta su abdicación formal, tras retirarse a Francia, el 11 de diciembre de 1813.

 

CV / José Bonaparte, José I, o Pepe «Botella» -como le llamaron sus enemigos- no ha sido ciertamente un personaje muy bien tratado por la historia. Y es muy posible que porque no sea acreedor a ello, pero también es verdad que en muchos aspectos ha sido injustamente vituperado. Siempre se le ha visto como un segundón de su hermano -muy aficionado a coronar familiares y amigos-, y es cierto que careció del genio de su hermano. Pero también lo es que fue un personaje de talante liberal e ilustrado que, en la medida de sus posibilidades, y en el peor de los contextos posibles, intentó modernizar España. Ímproba tarea en la cual, como era de esperar, fracasó estrepitosamente. Lo de «Botella», por cierto, un mote atribuido a su supuesta afición a hincar el codo, es uno de tantos bulos urdidos sobre él: era abstemio.

Se presentó en España con una constitución liberal bajo el brazo, el Estatuto de Bayona, que podría ser considerada en cierto modo la primera constitución española

Estudió leyes en Pisa (Italia) y se casó con la hija de un rico comerciante marsellés, Marie-Julie Clary. Muy pronto se puso a remolque de la carrera de Napoleón, su hermano menor; José era, por decirlo así, el «tete». Acompañó a Napoleón en la campaña de Italia y fue miembro del Consejo de los Quinientos, el órgano legislativo de la I República francesa, anterior al Directorio. Como diplomático, fue embajador en Roma y firmó en nombre de Francia la venta de la Luisiana a los Estados Unidos en 1803. En 1806 fue nombrado rey de Nápoles, hasta 1808, en que abdicó para asumir el nuevo «regalo» envenenado de su hermano, la corona española.

Se presentó en España con una constitución liberal bajo el brazo, el Estatuto de Bayona, que podría ser considerada en cierto modo la primera constitución española. Una Carta Magna redactada a imitación de la constitución francesa, con ciertas salvedades pensadas para no despertar la animadversión de sus nuevos súbditos españoles, como la unidad Iglesia-Estado y unas Cortes estamentarias.

Caricatura alusiva al apodo de Pepe Botella. Abajo se puede apreciar: «Cada qual tiene su suerte, la tuya es de borracho hasta la muerte». / Wikimedia

Por otro lado, ponía fin a la monarquía absoluta y establecía un sistema representativo, garantizando las libertades individuales, la abolición del tormento, la inviolabilidad del domicilio y otras medidas modernizadoras, como la abolición de las aduanas interiores… y la supresión de la Inquisición.

Pero llegó en mal momento. Desde el 2 de mayo la insurrección se había generalizado, espoleada por la Iglesia y los sectores más partidarios del Antiguo Régimen, para los cuales el Imperio francés era poco menos que Sodoma y Gomorra. Su nombramiento también fue una decepción para el mariscal Murat, que había acariciado la idea de ser él el elegido para ser rey de España –tuvo que contentarse con Nápoles un tiempo después, que José había dejado vacante-.

Contó con el apoyo de los «afrancesados», que eran más de los que se acostumbra a reconocer, y de los arribistas de siempre

Contó con el apoyo de los «afrancesados», que eran más de los que se acostumbra a reconocer, y de los arribistas de siempre. Como hemos dicho, intentó modernizar el país y sacarlo del atraso secular que arrastraba respecto al resto de países europeos, y algunos de sus funcionarios llevaron a cabo estas tareas modernizadoras bajo las circunstancias más adversas… El mismo José I fundó al Museo Josefino, para que Madrid dispusiera de un gran museo como el resto de capitales europeas; fue el antecedente del Museo del Prado.

Pero ya fuera porque Napoleón nunca se lo tomó en serio, o porque la generalización de una guerra que a cada momento se presentaba más complicada le indujo a otorgar el poder efectivo a sus generales en lugar de al gobierno civil, lo cierto es que José I apenas tuvo nunca poder efectivo. Y eso sí, él lo aceptó de grado dedicándose a cultivar sus artes como seductor en la ficticia corte bonapartista madrileña. Cuando pudo, porque su estancia en Madrid fue accidentada y sujeta a serios contratiempos.

El mismo día que fue nombrado rey, los franceses perdían su primer combate en el Bruc. Llegó a Madrid el 20 de julio, para enterarse de que el día anterior los ejércitos imperiales habían sufrido su primera gran derrota en Bailén, y tuvo que salir de la capital por piernas, retirándose primero a Burgos, luego a Miranda de Ebro, y finalmente a Vitoria, hasta que llegó Napoleón y puso de nuevo las cosas en su sitio… de momento.

Llegó a Madrid el 20 de julio, para enterarse de que el día anterior los ejércitos imperiales habían sufrido su primera gran derrota en Bailén

Tras la derrota de Arapiles en 1812, puso de nuevo los pies en polvorosa, perseguido esta vez por Wellington. Salió definitivamente de España el 13 de junio de 1813, por Irún, con un valioso equipaje de joyas y obras de arte que le permitieron exiliarse –tras la caída de Napoleón- a los Estados Unidos, donde vivió ubérrimamente dedicado a cortejar damas, mientras su hermano se pudría en Santa Helena.

Volvió a Europa en 1841, instalándose en Florencia, ciudad donde murió el 28 de julio de 1844, a los 76 años de edad. Posteriormente, Napoleón III ordenó trasladar sus restos a París. Fue sepultado en los Inválidos, a la derecha de su hermano pequeño, el emperador. Allí sigue.

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