José Salvany y Lleopart

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El María Pita, navío fletado para la expedición, partiendo del puerto de La Coruña en 1803 (grabado de Francisco Pérez).

Tal día como hoy… fallecía José Salvany, pionero de la expedición Balmis

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El 21 de julio de 1810 fallecía en Cochabamba (Bolivia) el médico militar y cirujano, José Salvany y Lleopart. Estaba participando en una de las gestas humanitarias más admirables y olvidadas de la historia: La Real Expedición Filantrópica de la Vacuna, también llamada Expedición Balmis, la primera expedición sanitaria de la historia.

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CV / Salvany había nacido en 1777 en Cervera. En 1791 ingresó en el Real Colegio de Cirujanos de San Carlos de Barcelona, licenciándose en 1796, tras lo cual entro en el ejército como médico militar, adquiriendo un sólido prestigio como cirujano y destacando por su conocimiento de los avances médicos en Europa. En 1802, aceptó la propuesta del también médico militar Francisco Javier Balmis (1753-1819) de incorporarse al proyecto que iba a dirigir bajo el patrocinio del rey Carlos IV: un proyecto de vacunación contra la viruela hasta en los últimos confines del Imperio español.

La Real Expedición Filantrópica de la Vacuna partió del puerto de La Coruña el 30 de noviembre de 1803, a bordo de la fragata «María Pita»

Por aquel entonces, la viruela hacía estragos. El inglés Edwuard Jenner había conseguido obtener una vacuna probada con éxito en 1798, pero había sido desautorizado en Inglaterra por la Royal Society. En 1800 la obtenía el doctor Piguillem en España. El problema era que el fluido no se conservaba más de dos semanas in vitro. Para solventarlo, Balmis y Salvany decidieron embarcar a niños que irían vacunando sucesivamente –brazo a brazo-, de modo que, como una cadena humana, a la vez que quedaban inmunizados, el virus llegaría «vivo» a América.

La Real Expedición Filantrópica de la Vacuna partió del puerto de La Coruña el 30 de noviembre de 1803, a bordo de la fragata «María Pita». El trayecto  preveía ir al Caribe, Sudamérica y las Filipinas. En Puerto Rico, quedaron sorprendidos al comprobar como otro médico catalán, Francisco Oller Ferrer, aplicaba con éxito una vacuna con linfa procedente de la isla de Santo Tomás (Islas Vírgenes).

Al llegar a La Guaira (Venezuela) y tras practicar las primeras vacunaciones, la expedición se dividió. Balmis se dirigió hacia Cuba y México, y Salvany partió hacia Cartagena de Indias con la intención de proseguir a lo largo de Sudamérica. Hubo de todo, naufragios, penalidades de todo tipo, asaltos, recepciones apoteósicas y hasta rebeliones encabezadas por anti-vacunas avant la lettre –los ha habido y los habrá indefectiblemente, va con la condición humana-.

Balmis y Salvany decidieron embarcar a niños que irían vacunando sucesivamente de modo que, como una cadena humana mantendrían vivo al virus

El grupo de Salvany prosiguió por río hasta Santa Fe de Bogotá. Por entonces, empezó a experimentar síntomas de tuberculosis pulmonar. En Guayaquil, la expedición se dividió de nuevo. Los cirujanos Manuel Grajales y Rafael Bolaños se dirigieron a Chile; Salvany se dirigió a Quito, y de allí a Lima y a La Paz –actuales Ecuador, Perú y Bolivia, respectivamente-. En enero de 1807, desde Lima reportó al rey haber vacunado más de 190.000 personas. Por entonces la salud de Salvany se había resentido enormemente. Había perdido la visión de un ojo y sufría de malaria y difteria, además de la tuberculosis. Aun así, siguió hasta Cochabamba (Bolivia) con la intención de descender hasta Buenos Aires y reunirse con el resto de la expedición. Pero no pudo resistir más y allí murió, los 34 años edad. Fue enterrado en la iglesia de San Francisco de Cochabamba.

Balmis prosiguió hasta las Filipinas y China. Seguiremos hablando de esta memorable expedición a medida que se cumplan efemérides de sus protagonistas. Digamos de momento que se calcula que, en total, desde América hasta Filipinas y Macao, la expedición vacunó a más de un millón de personas.

El descubridor oficial del principio de la vacuna, Edward Jenner, dijo de esta expedición española: “No me imagino que los anales de la historia contengan un ejemplo de filantropía tan noble y extenso como éste”. A su vez, Alexander von Humboldt proclamaba en 1825: “Este viaje permanecerá como el más memorable en los anales de la historia”. Vale la pena recordarlo.

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