Ferrater Mora es sin duda el filósofo catalán más notorio del siglo XX

Tal día como hoy… 30 de enero de 1991, fallecía José Ferrater Mora

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El 30 de enero de 1991, fallecía en Barcelona José (Josep) Ferrater Mora, uno de los más destacados pensadores en el panorama de la filosofía española del siglo XX, autor del primer ‘Diccionario de Filosofía’ escrito en lengua castellana (publicado en México en 1941, con sucesivas reediciones revisadas y ampliadas).

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A su filosofía se la ha denominado integracionista, en la medida que pretende acabar con los absolutos

CV / Diríase que pesa una maldición sobre los filósofos y pensadores españoles: aquéllos que destacan suelen ser mucho más conocidos y respetados fuera de España que en ella. Desde los «clásicos» Raimundo Lulio –Ramon Llull-, Luis Vives o Francisco Suárez, hasta los más recientes Balmes, Donoso Cortés, Unamuno o Zubiri… o incluso el mismo Ortega y Gasset, apenas presentes en los actuales currículos universitarios de Filosofía, y no digamos en lo que queda de Filosofía en el jibarizado bachillerato español: la Nada –con mayúscula- más absoluta.

Una maldición cuya esencia acaso quede prístinamente recogida en la frase que el Rector de la Universidad de Cervera dirigió a Fernando VII en 1827: “Lejos de nosotros, la funesta manía de pensar”. Una forma sin duda más sofisticada, pero igual de ramplona que la proclamada por el pueblo llano unos años antes: “¡Viva las ca(d)enas!”. No parece, desde luego, un campo propicio para el cultivo de la Filosofía aquél donde sus intelectuales gritan lo primero, y el pueblo lo segundo. Quizás sea por esto lo de la maldición.

Y este es también el caso de nuestro protagonista de hoy, aunque su nombre sí sonaba entre los estudiantes de Filosofía por su meritorio diccionario, como obra de consulta, aunque no por el resto de su obra.

Ferrater Mora es sin duda el filósofo catalán más notorio del siglo XX. Nació en Barcelona en el año 1912 y se licenció en Filosofía por la universidad de dicha ciudad. Fue partidario de la II República y tras la Guerra Civil tomó el camino del exilio. Tras una breve etapa docente en Francia, tras la invasión nazi se trasladó a Cuba y a Chile, ejerciendo de profesor en universidades de estos países, hasta recalar en los Estados Unidos (1949), donde se instaló de forma definitiva como profesor de la Universidad de Pensilvania, llegando a director del Departamento de Filosofía. A lo largo de su carrera impartió también docencia en otras universidades norteamericanas, tales como Princeton, Baltimore o Filadelfia. Al final de su vida también, ocasional y testimonialmente, en Madrid y Barcelona.

Doctor honoris causa por muchas varias universidades españolas y americanas, ejerció la docencia en Cuba, Chile, Estados Unidos, Madrid y Barcelona

Escribió varias obras de pensamiento filosófico, siendo su obra algo ecléctica, oscilando y transitando desde la tradición más escolástica y alemana en que se había educado con Xirau como maestro, así como las influencias recibidas de Unamuno, d’Ors y Ortega,  hasta la más analítica propia de la tradición norteamericana. A su filosofía se la ha denominado integracionista, en la medida que pretende acabar con los absolutos y, a su vez, ver la realidad no como una pugna entre contrarios, sino como un continuo irreductible a categorías cerradas.

Doctor honoris causa por muchas varias universidades españolas y americanas, en 1984 fue galardonado con la Creu de Sant Jordi por la Generalitat de Cataluña. Un año después, en 1985, se le concedió el Premio Príncipe de Asturias de Comunicación y Humanidades.

Después de todo, quizás no sea verdad que en España no haya habido filósofos, sino que nunca se les hizo caso y se hartaron de predicar en el desierto. Así nos ha ido.

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