Muchas de sus novelas se suponen inspiradas en hechos autobiográficos vividos directa o indirectamente y a personajes que conoció / Foto: George Charles Beresford – Wikimedia

Tal día como hoy… 3 de agosto de 1924 fallecía Joseph Conrad

.

El 3 de agosto de 1924 fallecía en Bishopsbourne (Reino Unido) Joseph Conrad. El género literario de la novela se teñía de luto por la muerte de uno de sus más eximios representantes. Aunque algo olvidada hoy en nuestros coetáneos y líquidos tiempos, su obra será siempre inmortal e imprescindible para entender un mundo que ya se fue, pero del que no por ello dejamos de provenir.

.

CV / Jósef Teodor Konrad Korzeniowski –su nombre original el polaco- nació el 3 de diciembre de 1857 en Berdyczów, entonces perteneciente a la Polonia ocupada por Rusia, y actualmente dependiente de Ucrania. Un lugar de tan accidentados y convulsos avatares históricos suele ser propicio al surgimiento de dos tipos antagónicos de espécimen humano, el rancio provinciano o el hombre de mundo. En el caso de Conrad fue sin duda alguna lo segundo. Sus progenitores eran miembros de la pequeña nobleza polaca y traductores de Shakespeare y Víctor Hugo, actividad que compaginaban con la oposición política a la ocupación rusa. Esto último les supuso encarcelamientos y exilios que dejaron huérfano a Conrad a los 12 años. Tras cursar la Secundaria, se enroló como marinero en Marsella a los 17 años y se dedicó a viajar por el mundo.

La novela de Conrad es en cierto modo la novela por excelencia. De aventuras, sí, pero con una penetración psicológica en sus personajes que la trasciende de lejos

Se sabe muy poco de su biografía durante los siguientes cinco años, en gran medida porque él mismo se cuidó de mantenerla en el estricto ámbito de su privacidad, acaso en igual medida debido a los rasgos de su personalidad como a la intención de alimentar su propia leyenda. Muchas de sus novelas se suponen inspiradas en hechos autobiográficos vividos directa o indirectamente y a personajes que conoció. En 1878 se instaló en Inglaterra, obteniendo la nacionalidad británica y convirtiéndose en oficial de la marina mercante. Sus obras son casi siempre de ambientación marinera y en entornos lejanos o exóticos desde la perspectiva occidental del colonialismo europeo del siglo XIX. De las cuatro lenguas que dominaba, el polaco, el ruso, el francés y el inglés, optó por esta último, siendo pues un escritor polaco que se consagró literariamente en lengua inglesa.

El éxito de ‘La locura de Almayer’ (1894) le indujo a dejar la vida marinera y dedicarse plenamente a la literatura, convirtiéndose en un afamado novelista y obteniendo unos ingresos económicos que le hubieran convertido en rico de no ser por su recurrente ludopatía. Se trató con los grandes del momento, Rudyard Kipling, Bertrand Russell, H. G. Wells… y Alfred Russel Wallace, el colaborador de Darwin con veleidades espiritistas, ámbito en el que parece ser que también realizó algunas incursiones.

La novela de Conrad es en cierto modo la novela por excelencia. De aventuras, sí, pero con una penetración psicológica en sus personajes que la trasciende de lejos. Es también novela romántica, pero de un romanticismo realista, pesimista. También se le ha considerado un precursor del modernismo. Sus escenarios son el mundo, desde el exótico extremo oriente de ‘Lord Jim’  (1900) o la atribiliaria sociedad caribeña de ‘Nostromo’ (1904), hasta el genocidio belga en el Congo de ‘El corazón de las tinieblas’ (1899), pasando por el contrabando de armas a los no menos exóticos carlistas españoles en  ‘La posada de las dos brujas’ (1913). Y sus personajes, siempre liminales y de frontera, pero de una frontera no solo geográfica, sino muy especialmente moral y existencial, entre dos mundos y las concepciones de ellos que cada uno conlleva, uno de los cuales será devorado por el otro, como el de la navegación a vela frente a la de vapor, el romanticismo frente a la mecanización… Y siempre una huida moral a la búsqueda de una redención que se sabe imposible, como la de Lord Jim inmolándose, o la del inexorable destino de Nostromo; y si alguno sobrevive, como Razumov – ‘Under Western eyes’ (1911)- tampoco es que le vaya mucho mejor…

Podría objetarse tal vez que hoy en día la novela de Conrad, o la novela clásica en general, no está de moda. A eso solo replicaríamos que debería estarlo.

.

También un 3 de agosto se cumplen estas otras efemérides

.

.