‘Jóvenes y empleo, escenarios de futuro’

Las oportunidades laborales están y seguirán estando muy condicionadas por el nivel de formación / UAH

La UAH participa en el estudio ‘Jóvenes y empleo, escenarios de futuro’, dirigido por el Centro Reina Sofía sobre Adolescencia y Juventud, que remarca la necesidad de adquirir cada vez más una mejor formación, aunque eso no garantiza mejoras laborales. 

 

La profesora de la UAH Inmaculada Cebrián / UAH

UAH / En el estudio participa la profesora de la UAH Inmaculada Cebrián, miembro de su Consejo Asesor que, en esta entrevista, analiza la situación de los jóvenes frente a su futuro laboral.

Cabe indicar que el análisis de prospectiva que recoge este estudio nace como continuación del estudio titulado ‘Jóvenes y empleo. Una mirada desde el Derecho, la Sociología y la Economía’, dirigido por Ricardo Escudero, y en cuyo equipo de investigación colaboraron Inmaculada Cebrián y Gloria Moreno, también profesora de la UAH.

Profesora, el estudio en el que usted ha colaborado señala que la mejora económica no está suponiendo una mejora sustancial para el colectivo juvenil, que sigue teniendo limitadas sus oportunidades… Sin embargo, a los jóvenes se les exige cada vez una mayor cualificación. Es decir, que el mensaje que se lanza es: ‘estudia, especialízate, ten estudios universitarios y un máster al menos, que luego, tal vez, consigas un empleo, aunque sea precario’ ¿Esa es la triste realidad?

Sí, cada día pedimos más y más a nuestros jóvenes y, en ocasiones, además, parece que nos preocupa más la cantidad que la calidad. Debe tenerse en cuenta cuál es el perfil con el que se forman los jóvenes, determinar qué demanda la sociedad y qué necesitan los mercados.

La población joven está segmentada, con un conjunto mayoritario de jóvenes con una posición desfavorecida y escasa

Las oportunidades laborales están y seguirán estando muy condicionadas por el nivel de formación y más y mejor formación hace y hará más fácil el acceso al empleo.
Ahora bien, ¿a qué empleo?

La visión de las empresas (grandes), aunque formal y globalmente aparenta un mayor optimismo cuando se habla de desarrollo y de un despegue de la contratación, indirectamente también reconoce el aumento de la brecha social: estas empresas prefieren personas con titulación universitaria de máximo nivel, con habilidades muy específicas, que habrán de emplearse en sectores muy especializados.

Sin embargo, como apuntan los expertos en temas juveniles, la población joven está segmentada, con un conjunto mayoritario de jóvenes con una posición desfavorecida y escasa y, quizás también con una inadecuada formación, y otro conjunto minoritario en el que se encuentran los jóvenes con una buena preparación.

Pero una titulación superior tampoco garantiza un empleo…

Estas titulaciones les ayuda a posicionarse en la cola de entrada, pero no tienen por qué servirles para llegar más rápido a la posición que ellos buscan

Estas titulaciones les ayuda a posicionarse en la cola de entrada, pero no tienen por qué servirles para llegar más rápido a la posición que ellos buscan. Tengamos en cuenta que la mayoría de los jóvenes entra en un empleo con un contrato de carácter temporal que tarda en convertirse en un contrato indefinido, a pesar de la apuesta por fomentar la contratación indefinida de este colectivo. Y el problema se acrecienta si, además, el empleo es de jornada reducida (tiempo parcial).

Las estrategias de fomento del empleo para jóvenes han de conectar el sistema formativo y el productivo, pero hasta el momento la coordinación entre las diferentes administraciones laborales y educativas resulta ineficiente.

De alguna manera, los jóvenes van a permanecer más tiempo en el sistema educativo, formándose y preparándose porque en el futuro seguirá siendo difícil encontrar empleo. Aumentará el número de jóvenes que realice parte de su currículo educativo en el extranjero y complementarán su formación con estudios de postgrado.

De hecho, un estudio reciente de la Red Europea Contra la Pobreza indica que de los 10 millones de españoles que hay en riesgo de pobreza, 1 millón tiene estudios universitarios…

Si tenemos en cuenta lo que acabo de mencionar sobre cómo acceden al empleo los jóvenes, podemos explicarlo.

En los momentos en los que vivimos, la pobreza y la exclusión social son riesgos reales que han llegado a alcanzar a la población trabajadora

En los momentos en los que vivimos, la pobreza y la exclusión social son riesgos reales que han llegado a alcanzar a la población trabajadora, en gran medida, como consecuencia de la proliferación de empleos precarios, en los que predominan los temporales de corta duración en sectores que tradicionalmente se caracterizan por tener salarios bajos y en los que el papel del empleo a tiempo parcial también puede ser mayoritario lo que, consecuentemente, afecta negativamente a los ingresos salariales.

Adicionalmente, se observa que existen empleos en los que la persona es un trabajador por cuenta propia (autónomo) que trabaja, sin embargo, para una determinada empresa, por lo que en realidad debería ser considerado como un trabajador por cuenta ajena (asalariado). Son los que a veces se denominan como ‘falsos autónomos’.

¿Qué visión tienen los jóvenes de su propia realidad?, ¿son realmente conscientes de lo crudo que lo tienen o, afortunadamente, la juventud en ese sentido es también una suerte?

Sí, son muy conscientes y no confían, ni tienen esperanza sobre lo que les deparará el futuro. Los colectivos más vulnerables, los pertenecientes a las clases baja y media-baja opinan en un 60 por ciento de los casos que su situación será peor que la de sus progenitores. Un 40 por ciento del resto de los jóvenes piensa lo mismo. Se sienten muy dependientes de otros, como pueden ser las ayudas oficiales o de familiares o amigos, o creen que, efectivamente, sus posibilidades mejoraran si se forman.

Hay un indicador negativo: su preocupante desafección por las instituciones, lo que les lleva a quedarse muchas veces fuera o en el margen de la representación social.

La sociedad y la economía nos está empujando hacia el autoempleo, pero ¿esa va a ser la solución, profesora?, ¿cuáles pueden ser las soluciones?

El autoempleo puede ser una buena alternativa para el empleo por cuenta ajena; ahora bien, hoy por hoy no lo es. Todavía no existen los apoyos financieros y legales que ayuden a sensibilizar a la población de las ventajas de ser emprendedor.

El autoempleo puede ser una buena alternativa para el empleo por cuenta ajena; ahora bien, hoy por hoy no lo es

Además, desde mi punto de vista, en España tenemos un problema de carácter productivo consecuencia de lo que producimos y cómo lo utilizamos para seguir avanzando. Los pilares de nuestra economía siguen siendo sectores de baja productividad, en los que la cualificación de la mano de obra no es un elemento determinante para el crecimiento, por lo que el peso de la contratación temporal y a tiempo parcial no les resulta  preocupante, al contrario, más bien se trata de herramientas puestas a su disposición para abaratar costes, sin necesidad de pensar en las consecuencias de tener mayoritariamente una mano de obra que se mueve de un empleo a otro sin llegar a identificarse con ningún empleo, ni empresa en particular.  Ante esta tesitura, el emprendimiento no prende, aunque el trabajador por cuenta propia y el ‘falso autónomo’ sí.

¿Cuál es el mensaje optimista, si lo hay?

Optimismo, siempre, el futuro está ahí, es nuestro, la cuestión es elegir lo que nos va a permitir vivirlo adecuada y dignamente. Siempre estamos a tiempo de cambiar las cosas, de lograr unificar criterios, de priorizar aquello que nos va a hacer más felices; no solo mañana, sino también en el futuro. Y ahí está la clave del problema, hoy por hoy una gran parte de las medidas tomadas han buscado resolver el presente, a pesar de que de muchas de ellas no garantizan el futuro.

Además de facilitar la senda que dirige a un joven hacia la contratación, hay que vigilar que las medidas sirvan para mejorar la flexibilidad

En la actualidad, las figuras contractuales y formativas existentes deberían ser suficientes para permitir que los jóvenes entraran en el mercado de trabajo. Ahora bien, son mejorables y algunas deberían recuperar alguno de los elementos que las caracterizaban y que han ido perdiendo por el camino, como ha sido el caso de los cambios introducidos en los contratos de formación y prácticas.

Además de facilitar la senda que dirige a un joven hacia la contratación, hay que vigilar que las medidas sirvan para mejorar la flexibilidad, pero no a costa de generar más y más inseguridad laboral.

Hay que controlar que no se haga un mal uso de la contratación (como ocurre con el caso de la temporalidad no causal o la figura del trabajador autónomo que no lo es). Los estímulos para la contratación y la formación han de ser respetados sin generar prácticas abusivas que en algunos casos rozan la ilegalidad. En este sentido las prácticas no laborales y los contratos en prácticas han de quedar perfectamente diferenciados. Sería muy conveniente que las obligaciones y derechos de las empresas y el alumnado estuvieran detallados y amparados, quizás, por un estatuto.

Sin duda, una cuestión pendiente es saber qué más necesitan las empresas españolas y en qué condiciones están dispuestas a contratar a los jóvenes

Ahora bien, no es suficiente la reglamentación, es necesario que el proceso se refuerce con medidas de seguimiento para evitar el mal uso. En este sentido, el Estado debe poner todos los medios posibles, facilitar el papel de la inspección y otros medios de control para evitarlo, como podría ser el papel de los sindicatos.

Asimismo, hay que combatir activamente la precariedad y el desempleo juvenil porque debe evitarse que la población joven se resigne a los abusos y acepte esta situación como un mal menor.

Sin duda, una cuestión pendiente es saber qué más necesitan las empresas españolas y en qué condiciones están dispuestas a contratar a los jóvenes, una vez que se ha visto que los incentivos introducidos por los cambios legislativos no son suficientes para fomentar el empleo juvenil, y menos aún, el de carácter estable.

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