Juan de Escobedo

La obra representa el asesinato en Madrid de Juan de Escobedo (1530-1578), que fue el secretario personal de Don Juan de Austria. / Wikimedia

Tal día como hoy… 31 de marzo de 1578 era asesinado Juan de Escobedo

 

El 31 de marzo de 1578 era asesinado en una calle de Madrid, Juan de Escobedo, secretario personal de Don Juan de Austria, hermanastro del rey Felipe II y por entonces gobernador de Flandes. Su muerte desató uno de los episodios de intrigas y conspiraciones más truculento y oscuro del reinado de Felipe II. Y sus consecuencias acaso fueron mucho más trascendentes de lo que nos imaginamos.

 

CV / Es sabido que Felipe II sentía celos de su hermanastro Juan de Austria (1545-1578), hijo natural de Carlos V y Bárbara Blomberg, una cantante alemana. No al principio; Felipe II puso a su hermano aún adolescente bajo la tutela de su íntimo colaborador Luis de Requesens, y con él se encargó de reprimir la rebelión de las Alpujarras.

Es sabido que Felipe II sentía celos de su hermanastro Juan de Austria (1545-1578), hijo natural de Carlos V y Bárbara Blomberg, una cantante alemana

Luego vino Lepanto, nombrado Juan almirante de la flota que combatiría a los turcos en esta batalla, pero con un despacho real secreto que autorizaba a Requesens, y probablemente a Álvaro de Bazán, a contravenir las órdenes de su hermanastro si, debido a su juventud, se mostraba demasiado impulsivo e inexperto. No fue así, al parecer, y la victoria de Lepanto acabó de encumbrar al joven Don Juan de Austria. Y acaso también despertó su ambición, ya que parece que codiciaba ser convertido en monarca de algún reino que quedara vacante, un empeño que su hermano siempre frustró.

A la muerte de Luis de Requesens, Juan fue nombrado gobernador de Flandes. Allí se le ofreció la oportunidad de conseguir su objetivo de convertirse en rey, ni más ni menos que de Inglaterra, aprovechando la pugna entre Isabel I y su prima María Estuardo. Su proyecto era, al parecer, casarse con María Estuardo, invadir Inglaterra con los tercios de Flandes, convertirse en rey y reimplantar el catolicismo. Para ello necesitaba, obviamente el apoyo de su hermano Felipe, pero en España las cosas se veían de manera distinta.

El secretario personal de Juan de Austria era Juan de Escobedo, un hombre al que había puesto allí el secretario de Felipe II, Antonio Pérez, para que lo vigilara

El secretario personal de Juan de Austria era Juan de Escobedo, un hombre al que había puesto allí el secretario de Felipe II, Antonio Pérez, para que lo vigilara. Pero al parecer, Escobedo se convirtió en un fiel seguidor de Juan. Por su parte, Pérez se encargó en todo momento de alentar los recelos del monarca hacia su hermanastro. Y también había entrado, probablemente por propia cuenta y riesgo, en tratos con Guillermo de Orange, líder de los rebeldes holandeses… Algunas versiones han apuntado que Antonio Pérez apostaba por un pacto con Orange, mientras que Escobedo y Juan de Austria eran más partidarios de la solución militar sin más; algo que tampoco está nada claro…

Fuera como fuere, el caso es que Escobedo reunió en Flandes pruebas de la traición de Antonio Pérez y, de acuerdo con Juan de Austria, se desplazó a España para aportarlas ante el rey. Algo de cierto debía haber en las pruebas de Escobedo, porque Antonio Pérez y su amante, Ana Mendoza, princesa de Éboli, intentaron envenenarle en dos ocasiones, sin éxito. Al final recurrieron a los sicarios, que asesinaron a Escobedo.

Al principio no pasó nada grave –se ha dicho que el asesinato contó con el beneplácito de Felipe II-, pero al poco tiempo murió Juan de Austria de tifus, y se descubrió el pastel al recibir el rey sus últimas cartas personales. Antonio Pérez, hasta entonces todopoderoso, cayó en desgracia, fue detenido y torturado, comprobándose había presentado a Don Juan como desleal manipulando pruebas.

Lo cierto es que el problema de Flandes, en lugar de arreglarse empeoró, hasta acabar pudriéndose inexorablemente

Pérez fue liberado -en parte porque Felipe II temía que dispusiera de documentos que pudieran comprometerle- con la condición de que permaneciera en Madrid, pero en 1585 fue detenido de nuevo, permaneciendo cinco años en prisión, y reconociendo bajo tortura su responsabilidad en el asesinato de Escobedo. Este mismo año consiguió escapar y se refugió en Zaragoza, bajo la protección del Mayor de Aragón, Juan de Lanuza, que se negó a entregar a Pérez invocando los fueros de Aragón. Felipe II envió un ejército que tomó Zaragoza e hizo decapitar a Juan de Lanuza. Pero Antonio Pérez ya había escapado a Francia. La princesa de Éboli, por su parte, fue arrestada a perpetuidad en su palacio de Pastrana.

Se ha discutido mucho sobre las intenciones de unos y otros en toda esta conjura. Parece claro que Antonio Pérez jugo a ser un Richelieu avant la lettre, ante un rey que no quería primeros ministros plenipotenciarios y  que gustaba de controlarlo todo directamente; pero también que a Pérez no le faltaba cierta talla política y visión de estado.

Lo cierto es que el problema de Flandes, en lugar de arreglarse empeoró, hasta acabar pudriéndose inexorablemente; y que cuando Felipe II decidió ocuparse de Inglaterra, ya era demasiado tarde. Nunca sabremos qué hubiera ocurrido si uno u otro, Pérez o Juan de Austria, se hubieran salido con la suya. En definitiva, el imperio era demasiado grande para un solo hombre que pretendía controlar hasta el último detalle sin delegar; y esto es precisamente lo que hacía Felipe II.

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