La actitud de Negrín frente a Franco fue la misma que adoptó Churchill frente a Hitler

Tal día como hoy… 3 de febrero de 1892, nacía Juan Negrín López

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El 3 de febrero de 1892, nacía en Las Palmas de Gran Canaria Juan Negrín López, médico, políglota, catedrático de universidad y presidente de la II República Española.

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CV / Negrín era hijo de un empresario canario conservador, pero europeísta, que envió a su hijo a estudiar medicina en Alemania. Juan estudió y se licenció en las Universidades de Kiel y Leipzig –Medicina y Química-, doctorándose en 1912, con veinte años. Además, compaginó sus estudios con el aprendizaje de idiomas: alemán, inglés, francés, italiano y ruso. Tras concluir sus estudios trabajó en la universidad alemana como asistente y publicó algunos trabajos y traducciones en revistas científicas alemanas.

Durante su etapa docente, tuvo como alumno a Severo Ochoa –futuro Premio Nobel-, quien dijo de él posteriormente que “suspendía mucho”

Debido al estallido de la I Guerra Mundial, regresó a España en 1915. Cuatro años después, obtuvo por oposición la cátedra de Fisiología en la Universidad Central de Madrid –actual Complutense-. Durante su etapa docente, tuvo como alumno a Severo Ochoa –futuro Premio Nobel-, quien dijo de él posteriormente que “suspendía mucho”.

En 1929 ingresó en el PSOE y fue elegido diputado por Canarias. El suyo fue siempre un socialismo moderado -del ala de Indalecio Prieto, que fue luego uno de sus grandes detractores- y preocupado fundamentalmente por modernizar España. Al estallar la Guerra Civil, fue nombrado ministro de Hacienda en el gobierno de Largo Caballero, tras la caída del cual accedió a la presidencia del gobierno, cargo que ocupó hasta el golpe del coronel Casado. Siguió luego encabezando el gobierno de la República en el exilio hasta 1946, año en que fue destituido y expulsado del PSOE. Murió en París, en 1956; está enterrado en el cementerio Père Lachaise de dicha ciudad. El Congreso federal del PSOE de 2008 le readmitió póstumamente como militante, junto a otros que fueron expulsados con él, como Max Aub o Álvarez del Vayo.

La figura de Negrín ha sido objeto de controversia desde siempre. Para unos, Negrín fue el hombre que vendió la República a la URSS y un títere del PCE. Este fue el discurso oficial durante muchos años, y no solo por parte de la dictadura franquista, sino también de los anarquistas, de un sector del PSOE y de «republicanos» en general. Otros historiadores, como Tuñón de Lara o, más recientemente, Ricardo Miralles y Enrique Moradiellos –Premio Nacional de Historia 2017-, han reivindicado su figura contextualizándola y situándolo como uno de los mayores estadistas españoles de todos los tiempos.

Negrín se hizo cargo del gobierno de una República que estaba perdiendo irremisiblemente la guerra y en estado absoluto caos. Trató de poner orden, de organizar el ejército y de transmitir la idea de resistir a toda costa, convencido de que pronto estallaría el conflicto entre las democracias y el Eje, lo que permitiría el apoyo explícito franco-británico a la República. Mantuvo esta tesis hasta el final.

Trató de poner orden, de organizar el ejército y de transmitir la idea de resistir a toda costa, convencido de que pronto estallaría el conflicto entre las democracias y el Eje

El acuerdo de no intervención en la guerra de España fue clamorosamente incumplido por Italia y Alemania, mientras que Gran Bretaña y Francia se ampararon en tal acuerdo para bloquear cualquier ayuda a la República, cuya única suministradora de armamento fue la URSS y, en muchísima menor medida, Francia -muy esporádicamente-, así como algunos aviones norteamericanos que, gracias a las gestiones de Eleanor Rossevelt –la esposa del presidente Franklin D. Rossevelt-, llegaron a España vía México. Prácticamente nada más.

Por su parte, el famoso “oro de Moscú”, otra de las acusaciones de que fue objeto y según las cuales se lo «regaló» a la URSS, fue el depósito que se realizó para afrontar los gastos de la guerra de la República -3/4 partes a Rusia y ¼ a Francia-. Cuando el crédito se agotó, hubo que recurrir a la plata. Ni fue un regalo ni nada por el estilo. La posición de Negrín de proseguir con la guerra a ultranza quedó muy desacreditada con los acuerdos de Múnich, que retrasaron unos meses el estallido de la guerra en Europa, y con el pacto germano-soviético. De allí al golpe de Casado, que liquidó la II República, fue un paso.

Pero en realidad, y por más que se pueda haber criticado y denostado su posición, ésta era equiparable a la que poco después sostuvo Churchill oponiéndose a la rendición ante Alemania, contra Chamberlain y Halifax, proclives a ella. En este sentido, la actitud de Negrín frente a Franco fue la misma que adoptó Churchill frente a Hitler. Eso sí, corrieron distinta suerte porque las circunstancias fueron otras.

En el caso de Churchill, los EEUU no firmaron ningún acuerdo de no intervención con Alemania, que hubiera dejado a Gran Bretaña sin defensa posible, sino todo lo contrario. Negrín no tuvo esta fortuna. Tal vez de haberla tenido, hoy estaríamos hablando de Negrín como el Churchill español, o incluso de Churchill como el Negrín británico. No fue así.

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