Juan Pablo II reconocía el error cometido con Galileo Galilei

Galileo (izda) y Juan Pablo II (dcha) / Wikimedia

Tal día como hoy… 31 de octubre de 1992 Juan Pablo II reconocía públicamente el error cometido por la Iglesia al condenar a Galileo Galilei

 

El 31 de octubre de 1992, el papa Juan Pablo II reconocía públicamente el error cometido por la Iglesia al condenar a Galileo Galilei por su teoría heliocéntrica. Algo tarde, sin duda, y más aún si consideramos que no se trataba de una rehabilitación, en la medida que el error reconocido fue la condena, pero no sobre su persona por defender tales teorías.

 

CV / Galileo había sido condenado en 1633 a prisión perpetua, que luego, tras ser conminado a abjurar de sus ideas, se le conmutó por prisión domiciliaria de por vida. Se dice que después de retractarse, susurró “eppur si muove”: “Y sin embargo (la Tierra) se mueve”. Murió 9 años después, el 8 de enero de 1642.

Se dice que después de retractarse, susurró “eppur si muove”: “Y sin embargo (la Tierra) se mueve”. Murió 9 años después, el 8 de enero de 1642

Más allá de la repugnancia por la condena, lo cierto es que el debate científico no fue una controversia simple ni mucho menos. Generalmente, desde la perspectiva actual, se suele pensar en Galileo como el genio que se las tuvo que ver con una caterva de teólogos ignorantes y fanáticos, y no fue así. Que fueran unos fanáticos, sí, pero no unos burdos ignorantes. El propio Galleo había estado protegido anteriormente por el papa Urbano VIII, pero la creciente influencia de los jesuitas –sus auténticos enemigos-, así como el ridículo en que puso al miembro de esta orden, Horacio Grassi, en un debate sobre la naturaleza de los cometas, acabó indisponiéndole con la curia pontificia y ciertos poderes fácticos.

Pero lo cierto es que en muchos aspectos, los que parecían tener más razón ante la experiencia y los hechos eran precisamente los contrarios a Galileo. Siempre ateniéndonos al estado de conocimientos de la época. Y ello, debates teológicos al margen, porque de la misma manera que atendiendo a los conocimientos disponibles en el momento, era más «racional» y «científico» sostener en el siglo V aC el geocentrismo que el heliocentrismo, tampoco estaba la cosa tan clara mil años después, en los tiempos de Galileo, aunque sí bastante más. Pero en cualquier caso, y en lo que al debate científico atañe, en modo alguno los contrarios a Galileo eran unos palurdos. Será precisamente a partir de Galileo, fundador de la física moderna, que acabará imponiéndose el heliocentrismo, en el sentido que es la Tierra la que gira alrededor del Sol y no al revés.

Será precisamente a partir de Galileo, fundador de la física moderna, que acabará imponiéndose el heliocentrismo, en el sentido que es la Tierra la que gira alrededor del Sol y no al revés

Pero por razones extracientíficas, algunos no le perdonaron a Galileo su «osadía». En otras palabras, la ciencia oficial en los tiempos de Galileo seguía la máxima de Santo Tomás de Aquino según la cual, si los hallazgos de la razón no se avienen con las verdades de fe, entonces es que la razón está extraviada. Desde otras perspectivas, también la posición de Galileo ha sido, si no puesta en entredicho, si al menos relativizada en tiempos posteriores por autores nada proclives a las tesis eclesiásticas, entendiendo fue simplemente una apuesta que daba una explicación más simple del sistema solar que el complicado sistema tolemaico geocéntrico. Algo que también es falso, al menos en la medida que el modelo galileano era matemáticamente más complicado, y por lo tanto solo «parsimonioso» conceptualmente, no de hecho, aunque, eso sí, daba explicaciones mucho más satisfactorias, integrando en sus sistema «anomalías» que el  modelo anterior no podía explicar.

Galileo y sus obras permanecieron durante más de un siglo proscritos por la Iglesia

Galileo y sus obras permanecieron durante más de un siglo proscritos por la Iglesia. En 1741, ante la prueba óptica de la órbita de la Tierra, el papa Benedicto XIV autorizó la publicación, a regañadientes y no sin declararlas contrarias a las verdades de fe. Ya en el siglo XX, Pío XII afirmó en su primer discurso ante la Academia Pontificia de las Ciencias, sin levantar tampoco la condena, que Galileo había sido un “El más audaz héroe de la investigación…”. En 1981, Juan Pablo II nombró una comisión para revisar el caso. Los trabajos de la comisión se extendieron hasta 1992 y tuvo un gran protagonismo en ellos el entonces Prefecto para la Congregación de la Doctrina de la Fe, y futuro papa Benedicto XVI, Joseph Ratzinger. Dicha comisión deploró ciertamente la condena, pero insistió en que Galileo carecía de argumentos científicos para demostrar el heliocentrismo, sosteniendo la inocencia de la Iglesia y la obligación de Galileo de prestar obediencia a su magisterio. Para Ratzinger, Galileo abrió la Caja de Pandora…

Es decir, en un ejercicio algo paradójico, resulta que al final se acabó aceptando el heliocentrismo de Galileo y se admitió un exceso de impulsividad al condenarle, pero no se le rehabilitó, hay que entender que por su actitud díscola. Toda una filigrana, por decirlo suavemente.

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