Juan Prim

Retrato del general Juan Prim y Prats (1814-1870), conde de Reus, marqués de los Castillejos y vizconde del Bruch. / Wikimedia - Luis de Madrazo

Tal día como hoy… 27 de diciembre de 1870 tenía lugar el atentado contra Juan Prim

 

El 27 de diciembre de 1870, el general Juan Prim y Prats, presidente del gobierno español, sufría un atentando en la madrileña calle del Turco, actual ‘Marqués de Cubas’. Moría tres días después, el 30 de diciembre, como consecuencia de una septicemia producida por la infección de las heridas. Nunca se detuvo a los asesinos.

 

CV / En el caso de Prim, como en el de Kennedy, nunca quedó claro quién estuvo realmente detrás. Igualmente, también se le cargó el mochuelo a alguien que, o no tuvo nada qué ver, o fue un mero ejecutor. En el caso de Kennedy el marrón se lo comió Lee H. Oswald, a quien un sicario rodeado de policías asesinó de un disparo dos días después en la misma comisaría de policía. En el de Prim, un diputado republicano y federalista radical jerezano, José Paúl y Angulo, quien, según algunas versiones solventes, se olió la trama y puso los pies en polvorosa.

Se ha dicho que la entrada triunfal de Prim en Madrid en 1868 fue la mayor muestra popular de entusiasmo que jamás se ha producido en España

Prim había sido, y seguía siendo, el político y el militar más popular de España. Había encabezado con Serrano y Topete la revolución ‘Gloriosa’ de septiembre de 1868, mandó a Isabel II al exilio y proclamó un gobierno provisional. Se ha dicho que la entrada triunfal de Prim en Madrid en 1868 fue la mayor muestra popular de entusiasmo que jamás se ha producido en España.

Fue el hombre fuerte del momento como ministro de la Guerra y de Estado, con el general Serrano de presidente del gobierno. Luego, con la aprobación de la Constitución de 1869, desplazó a Serrano a una regencia testimonial y se convirtió en presidente del gobierno. Impulsó la entronización de Amadeo I de Saboya –hijo del rey de Italia-, bajo una forma de monarquía parlamentaria constitucional. Esto le granjeó la aversión de los republicanos. Pero también conspiraban los borbónicos, encabezados por Cánovas, los orleanistas partidarios de Montpensier -despechado por su frustrada candidatura a la corona de España-, la Iglesia –que odiaba a Prim por su liberalismo y su condición de masón-, los carlistas –que odiaban a todo el mundo-… y el general Serrano, desplazado a una regencia testimonial que concluía con la llegada del nuevo rey. En fin, muchos enemigos y muy poderosos.

El 27 de diciembre, ya noche cerrada, nevaba copiosamente en Madrid. Al final de la calle del Turco, un par de carromatos bloqueaban el acceso a Alcalá

El 27 de diciembre, ya noche cerrada, nevaba copiosamente en Madrid. Al salir de las Cortes, Prim estuvo departiendo en su berlina con Ruiz Zorrilla y con Sagasta, y excusó su asistencia a una cena de la logia porque al día siguiente partía hacia Cartagena, para asistir a la llegada del nuevo rey que él mismo había puesto…

Tomó entonces la calle Floridablanca, camino del Palacio de Buenavista. Al final de la calle del Turco, un par de carromatos bloqueaban el acceso a Alcalá. Cuando la berlina de Prim se acercó, un grupo de emboscados armados con retacas abrió fuego contra el carruaje. Todo fue muy rápido. El cochero fustigó a los caballos y se abrió paso. Prim estaba herido  en el hombro y en la mano, pero subió por su propio pie las escaleras. Los médicos le amputaron dos dedos y le extirparon la mayor parte de los perdigones que tenía incrustados. Por lo demás, las heridas no revestían especial gravedad, al menos en el sentido de que hiciesen temer por su vida. Dos días después sufrió un acceso de fiebres y murió. Según parece, debido a la infección producida por trozos de crin de búfalo de su abrigo, que se le introdujeron en el cuerpo con los disparos.

Se imputó el asesinato al diputado radical federalista Paúl y Angulo, que, antes o después del atentado, huyó del país y vivió el resto de su vida en el exilio

Se imputó el asesinato al diputado radical federalista Paúl y Angulo, que, antes o después del atentado, huyó del país y vivió el resto de su vida en el exilio. Curiosamente, su nombre no aparece para nada ni en las investigaciones policiales ni en el expediente judicial. Paúl y Angulo escribió años después un libro en francés ‘Los asesinos de Prim y la política en España’, en el cual negaba cualquier participación en el atentado y acusaba del asesinato de Prim a Serrano y a los alfonsinos –cuyo jefe era Cánovas del Castillo-.

 

Hipótesis sobre el asesinato

Hay demasiadas sombras o, mejor, agujeros negros en el tema como para que puedan ser comentados aquí. Digamos solamente que se ha apuntado como culpables a Serrano, a Montpensier, a Paúl y Angulo, a los alfonsinos, a los negreros cubanos y hasta incluso a la masonería. El expediente judicial se cerró al caer la I República.

En 1970, el decano del Colegio de Abogados de España, -reusense, como Prim- Antonio Pedrol Rius, consultó dicho expediente para escribir un libro sobre el tema. Constaba entonces de 18.000 folios. Años después, más de la mitad habían sido misteriosamente «distraídos». La autopsia que se practicó al cadáver de Prim en 2012 fue también controvertida. Un informe de la UCJC apuntó que podía haber sido estrangulado a lazo en su cama, aunque los médicos forenses que participaron de desmarcaron del tema; otro informe posterior de la UCM negó cualquier evidencia en este sentido… Parece que haya algo en la muerte de Prim que se le sigue hurtando a la Historia.

El hispanista británico Raymond Carr dijo que el día que mataron a Prim cambió la historia de España

Entre 1868 y 1870, bajo el mandato de Prim y pese a lo atribulado de los tiempos, se impulsaron varias medidas modernizadoras en España, entre ellas, la instauración de la peseta como moneda de curso legal y el sufragio universal masculino. Amadeo I abdicó dos años después, refugiándose en la embajada italiana y diciendo que España era un país de locos. Luego se proclamó la I República y, después, de nuevo los Borbones.

El hispanista británico Raymond Carr dijo que el día que mataron a Prim cambió la historia de España. Quizás sea cierto, al menos en el sentido de que lo que cambió fue que no cambió nada cuando parecía que iba a cambiar. Algo se torció…

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