Juana de Arco

Óleo sobre pergamino del siglo XV, de Archivos Nacionales de Francia. / Wikimedia

Tal día como hoy… 30 de mayo de 1431 Juana de Arco moría quemada en la hoguera

 

El 30 de mayo de 1431 Juana de Arco moría quemada en la hoguera en Ruan. Conocida también como La Doncella de Orleans, es la heroína francesa por excelencia de la Guerra de los Cien Años (1337-1453). Su figura sigue siendo hoy en día controvertida y objeto de polémica, no quedando claro qué hay realmente de relato histórico y qué de operación propagandística.

 

CV / Tras una fulgurante carrera de siete años que cambió el curso de la guerra, Juana de Arco cayó en desgracia ante el mismo rey francés -Carlos VII– cuya coronación había propiciado. Intentó seguir por su cuenta, pero fue capturada por los borgoñones y entregada a sus aliados ingleses, que le abrieron un proceso por herejía y brujería que la llevó a ser quemada viva en la hoguera. No faltó quien dijo que el rey Carlos VII sintió un gran alivio cuando supo que sus mortales enemigos ingleses habían acabado con la mujer que le había hecho rey: le habían quitado un estorbo y le habían regalado un mito.

Aunque según los datos de que se dispone, no parece que ella misma lo recordara muy bien, se le atribuyen 19 años en el momento de su muerte

Aunque según los datos de que se dispone, no parece que ella misma lo recordara muy bien, se le atribuyen 19 años en el momento de su muerte. De ser cierto, habría iniciado su carrera a los 12 años, cuando oyó las voces de los que luego identificó como el arcángel san Miguel, Santa Catalina de Alejandría y santa Margarita de Antioquía, que la impelieron a presentarse ante el delfín de Francia con la divina misión de ofrecerse a dirigir sus ejércitos para levantar el sitio de Orleans contra los ingleses.

Con Juana de Arco ocurre como con tantos otros mitos medievales, se inscriben en hechos históricos contrastados, pero sin que sepamos en qué medida intervinieron realmente en ellos. Sabemos que existió, pero hasta qué punto una niña de doce años cabalgó realmente al frente de la caballería francesa poniendo en fuga a los ingleses en Orleans o en Patay, esto es algo que ya resulta más problemático. La Edad Media estaba concluyendo, y el relato mítico medieval también. Juana de Arco es tal vez el último caso en que la mitografía medieval se superpone con el relato moderno que estaba surgiendo. Esto no significa que a partir de ahí todo relato histórico sea «verdad», ni mucho menos, pero sí que se funcionará bajo otras categorías.

Juana de Arco es tal vez el último caso en que la mitografía medieval se superpone con el relato moderno que estaba surgiendo

Juana de Arco era una campesina de Lorena nacida en Domrémy –actualmente Domrémy-la-Poucelle, en honor a Juana-, hija de un pequeño propietario agrícola que era también oficial de impuestos y jefe de la guardia local. Según afirmó en el proceso que se le instruyó, escuchó por primera vez la voz de Dios en el jardín de su casa a los 13 años. Luego las de sus representantes antes citados. Las voces le encomendaron una misión: salvar a Francia, y el delfín pareció encomendársela también.

Se presentó con este mandato en la corte del delfín de una Francia sin rey, y anunció una primicia, la derrota francesa en la batalla de los Arenques (1429), algo que la corte todavía ignoraba y que ella no podía saber. Llegó apadrinada por Robert de Baudricourt, un miembro de la pequeña nobleza y comandante de la guarnición Armagnac próxima a Domrémy.

Retrato hagiográfico de Juana de Arco / Wikimedia

El imaginario popular, y la historiografía folclórica, presenta  a Juana de Arco al frente de los ejércitos franceses levantando el asedio de Orleans y venciendo a los ingleses en sucesivas batallas hasta la coronación de Carlos VII el 17 de julio de 1429 en Reims. Más prosaicamente, parece ser que se limitaba a llevar el estandarte, siendo quienes realmente ostentaban el mando el propio Robert de Baudricourt y otros expertos oficiales, como Jean de Metz. Juana de Arco se convirtió en el símbolo popular de estas victorias, y lo cierto es que Francia recuperó la iniciativa, encarando la fase final de la Guerra de los Cien Años.

Lo más probable es que se tratara de lo que hoy llamaríamos una operación de marketing, destinada a favorecer el apoyo popular a Carlos VII, un personaje del cual, por lo que se sabe de él, era más bien mezquino y zafio. Y cuando ya no fue necesaria, la convirtieron en un mito. Su muerte la convirtió en una mártir para los franceses, y la posición de Carlos VII se fortaleció hasta el punto de que los borgoñones, viendo que los ingleses tenían las de perder, se pasaron a su bando.

Veinticinco años después de su muerte, Carlos VII instó al papa Nicolás V para que se revisara el proceso inquisitorial, pero éste se negó para no ofender a Inglaterra. Muerto Nicolás V, el nuevo papa fue el español Calixto III –el primer Borgia-, que sí lo reabrió en 1456. Este mismo año se dictaminó la inocencia de Juana y se condenó por herejes a los jueces del proceso; sin efecto alguno, ya estaban todos muertos. Casi cinco siglos después, en 1920, fue canonizada, pasando a ser Santa Juana de Arco, patrona de Francia.

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