Julián Besteiro

Julián Besteiro / Wikimedia

Tal día como hoy… 27 de septiembre de 1940, fallecía Julián Besteiro

 

El 27 de septiembre de 1940, fallecía en la cárcel de Carmona, enfermo y privado de atención médica, Julián Besteiro. Intelectual, filósofo, primer catedrático de Lógica en España, político, presidente de las Cortes y militante y dirigente socialista. Se negó a abandonar Madrid al final de la guerra, después de haber colaborado con el golpe del coronel Casado.

 

CV / Frente a las tradicionales dos Españas de Machado, el hispanista británico Paul Preston propuso la idea de las «tres Españas» –‘Las tres Españas del 36’ (1998)-, introduciendo una tercera España que, frente a las otras dos, apostaba por la modernización pausada y progresivamente consolidada, por el parlamentarismo y el imperio de la ley. Una «tercera» España históricamente eclipsada por las otras dos. Julián Besteiro, moderado en lo político, aunque socialista –con planteamientos marxistas y admirador del «revisionista» Karl Kautsky-, alejado de cualquier veleidad revolucionaria o guerracivilista y  demócrata convencido, sería uno de los representantes de esta «tercera» España. Y le tocó vivir unos tiempos que se lo hicieron pagar muy caro.

Estudió en la Institución Libre de Enseñanza, creada por Francisco Giner de los Ríos, por quien Besteiro sintió siempre una gran admiración

Más que un político, Besteiro fue un intelectual que se metió en política. Había nacido en Madrid, el 21 de septiembre de 1870, hijo de un comerciante de origen gallego. Estudió en la Institución Libre de Enseñanza, creada por Francisco Giner de los Ríos, por quien Besteiro sintió siempre una gran admiración. Otro de sus referentes intelectuales fue Nicolás Salmerón –expresidente de la I República- a quien tuvo como profesor en la Universidad Central de Madrid. Amplió estudios en La Sorbona y, de vuelta a España, ganó por oposiciones plaza de catedrático de Instituto y en 1912 obtuvo la cátedra de Lógica en la Universidad Central de Madrid.

Se inició en política con la Unión Republicana y el Partido Republicano Radical. Tras una estancia en Alemania, en 1909, y entrar en contacto con el marxismo, se afilió al PSOE, partido en el que permaneció durante el resto de su vida. En el PSOE había en aquellos tiempos dos tendencias políticas, la más moderada o «socialdemócrata», encabezada por Indalecio Prieto, y la más «bolchevizante» o «revolucionaria», cuyo cabeza de filas era Largo Caballero. Besteiro representó una tercera corriente, más por su propio prestigio que por el número de seguidores, moderada y de inspiración ilustrada, sin que por ello Prieto y Besteiro simpatizaran demasiado; el intelectualismo de Besteiro casaba mal con el activismo y el tacticismo de Prieto.

Con el advenimiento de la II República, fue elegido Presidente de las Cortes, cargo que ejerció entre 1931 y 1933

Participó en la huelga general de 1917, por la cual fue detenido y condenado a cadena perpetua, saliendo de la cárcel en 1918 al ser elegido diputado a Cortes. Durante la dictadura de Primo de Rivera, fue partidario de la colaboración del PSOE y la UGT. De acuerdo con un modelo marxista clásico, Besteiro entendía que la implantación y consolidación de la democracia era una misión burguesa, y que mientras tanto, los socialistas debían tratar de mejorar las condiciones de vida de la clase trabajadora.

Con el advenimiento de la II República, fue elegido Presidente de las Cortes, cargo que ejerció entre 1931 y 1933. Sus diferencias con Largo Caballero, cada vez más escorado hacia los postulados revolucionarios, se fueron acentuando durante la República. Para un intelectual como él, los chuscos planteamientos políticos e ideológicos de Largo Caballero se le antojaban de un ramplón bochornoso. Pero falto de intuición política, perdió el contacto con la realidad, la guerra civil le pilló a contrapié, y el caos que se generó en el bando republicano con la implosión del estado en las semanas posteriores al golpe, le estremeció.

Siempre quiso pensar que un arreglo pacífico era posible, y acabó por odiar más a Negrín -por su alianza con los comunistas- que a los fascistas

Durante la guerra se opuso a la creciente influencia comunista y soviética. Claro que habría que haberle preguntado con qué armas pretendía que luchara la República, con Alemania e Italia suministrando hombres y material a Franco, y Francia e Inglaterra inhibiéndose para no enojar a Hitler. Siempre quiso pensar que un arreglo pacífico era posible, y acabó por odiar más a Negrín -por su alianza con los comunistas- que a los fascistas. En 1939 colaboró en el golpe de estado del coronel Casado, convencido de que era todavía posible una rendición ordenada y sin represión por parte de los vencedores…

Craso e ingenuo error. Franco, obviamente, tenía otros planes. Besteiro fue el único miembro del Consejo Nacional de Defensa que se negó a huir de España; todos los demás, empezando por Casado, pusieron los pies en polvorosa. Fue detenido el 29 de marzo cuando las tropas franquistas entraron en Madrid. En el consejo de guerra que se le instruyó, una de las acusaciones era realmente pintoresca y, a la vez, perversa: haber promovido un socialismo aceptable por moderado, con petición de pena de muerte. Fue condenado a cadena perpetua, conmutada por 30 años de reclusión que, gravemente enfermo y a sus 70 años, poca rebaja comportaba. Se dice que algunos generales franquistas pidieron a Franco que le liberara. Otra ingenuidad: se le negó incluso la imprescindible asistencia médica. No eran tiempos para la tercera España.

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