No está nada claro que César tuviera la intención de proclamarse rey, conocedor como era de la repulsión que esta figura suscitaba entre la ciudadanía romana / Imagen: Carole Raddato from FRANKFURT, Germany – Naples National Archaeological Museum

Tal día como hoy… 15 de marzo del año 44 a.C. Julio César era asesinado

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El 15 de marzo del año 44 a.C. -Idus de marzo en el calendario romano-, Julio César era asesinado en Roma a las puertas del Senado, víctima de una conspiración. Fue una de las mayores figuras políticas y militares romanas, así como un clásico de la lengua latina por sus ‘Comentarii de bello Gallico’ y ‘Comentarii de bello Civili’; honor que comparte con su enemigo político Cicerón. Cayó muerto a los pies de la estatua de Pompeyo, su otro viejo enemigo.

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César consiguió asociarse con las dos figuras más poderosas del momento, Lucio Licinio Craso y Cneo Pompeyo, constituyendo el Primer Triunvirato

CV / Desde la destrucción de Cartago en el 146 a.C., Roma se había quedado sin enemigos de talla; quizás por esto le fue cogiendo afición al vicio de la guerra civil. Tal fue el caso de la guerra entre Mario (157-86 a.C.) y Sila (138-78 a.C), resuelta con la dictadura aristocrática de este último y el consiguiente régimen de terror.

Cayo Julio César había nacido en el año 100 a. C. en una familia del partido de Mario, tío político de César. Recibió una esmerada educación, pero pronto tuvo que exiliarse huyendo de Sila. Tras ser perdonado «provisionalmente», inició su carrera política y militar, participando en la última guerra contra Mitrídates y trasladándose a  Hispania y a la Galia.

A la muerte de Sila, y tras unos años de incertidumbre política y agitación social, César consiguió asociarse con las dos figuras más poderosas del momento, Lucio Licinio Craso y Cneo Pompeyo, constituyendo el Primer Triunvirato, un reparto del poder en el que a César le correspondió ser procónsul de las Galias. Desde este puesto, conquistó la Galia Transalpina, derrotando al caudillo galo Vercigentòrix, ocupó Germania hasta el Elba y realizó la primera invasión romana de Britannia. Adquirió un gran prestigio y una inmensa fortuna, que despertó los recelos de sus pares y del Senado, por su ambición y por su condición de sobrino de Mario, que había sido el líder de los plebeyos.

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César y Pompeyo: frente a frente

Al morir Craso en una expedición contra los partos, César y Pompeyo quedaron frente a frente. Los sectores conservadores y la mayoría del Senado se apoyaron en Pompeyo; César, por su parte, gozaba de una inmensa popularidad entre la plebe romana. La guerra civil estaba servida; solo faltaba la mecha que la prendiera.

El Senado ordenó a César que desmovilizara sus legiones y acudiera a Roma. Estaba muy claro que esto significaba su caída en desgracia. Desoyendo la orden, César descendió hasta el río Rubicón. Cruzar el río con sus legiones significaba la guerra. Se cuenta que tras un momento de duda, ordenó avanzar y pronunció la frase que ha pasado a la historia: “Alea iacta est” –la suerte está echada-.

César entró en Roma provocando la huida de sus rivales, que se refugiaron en Grecia para reorganizarse. César se dirigió entonces a Hispania –donde solo contaba con la ciudad de Tarraco- y derrotó a los pompeyanos en Ilerda (49 a.C.). Asegurada su retaguardia, marchó hacia Grecia y derrotó a Pompeyo en Farsalia (48 a.C.). Desde allí, le persiguió hasta Egipto, donde el rey Ptolomeo XIII lo había ejecutado para congraciarse con César. De poco le sirvió; César le destituyó y puso como reina a su hermana y esposa Cleopatra. Desde Egipto pasó a Asia Menor, derrotando a los aliados de Pompeyo y celebrando su victoria con otra famosa frase: “Veni, vidi, vici” –llegué, vi y vencí-.

El día de los Idus de marzo, cuando se dirigía al Senado, fue abordado por un grupo de senadores que le atestaron 23 puñaladas causándole la muerte

Tras su victorioso retorno a Roma, se hizo proclamar dictador por el Senado, a la vez que se empezó a especular sobre sus intenciones de restaurar la monarquía y proclamarse rey. Parece ser que los conspiradores republicanos difundieron el rumor utilizando sicofantes, un método que copiaron del propio César.

Tras sofocar una última revuelta en Hispania encabezada por el hijo de Pompeyo, parecía que por fin iba a poder dedicarse a gobernar. Empezó a introducir reformas y preparó nuevas expediciones militares. Por poco tiempo.

El día de los Idus de marzo, cuando se dirigía al Senado, fue abordado por un grupo de senadores que le atestaron 23 puñaladas causándole la muerte. Muchos eran pompeyanos y republicanos a los que César había perdonado y mantenido en sus cargos. Entre ellos, los dos instigadores más conspicuos de la obra de Shakespeare: Casio y Bruto; este último, hijo adoptivo de César. Allí pronunció su última frase, al ver a Bruto entre sus asesinos: E tu, Brute?.

No está nada claro que César tuviera la intención de proclamarse rey, conocedor como era de la repulsión que esta figura suscitaba entre la ciudadanía romana. De lo que no cabe duda es que su muerte, urdida por los republicanos, solo consiguió acelerar el final de la República. No volvieron los reyes, pero llegaron los emperadores…

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También un 15 de marzo se cumplen estas otras efemérides

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