Julio Verne, sobre 1878 / Wikimedia

Tal día como hoy… 8 de febrero de 1828 nacía Julio Verne

El fotograma más famoso de Viaje a la luna (1902), dirigida por Georges Méliès. Este filme se realizó aún en vida del escritor. / Wikimedia

El fotograma más famoso de Viaje a la luna (1902), dirigida por Georges Méliès. Este filme se realizó aún en vida del escritor. / Wikimedia

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El 8 de febrero de 1828, nacía en Nantes, Francia, Jules Verne, autor de numerosas novelas de aventuras que alcanzó fama mundial. Es el segundo autor más traducido del mundo, tras Agatha Christie. En 1893 fue condecorado con la Legión de Honor por la III República Francesa.

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CV / El nombre de Julio Verne irá para siempre asociado en la mente de muchas generaciones a la aventura y a la imaginación. Se ha dicho de él que es uno de los padres de la ciencia-ficción, lo cual es solo parcialmente cierto. En sus obras aparecen con frecuencia avances científicos que por entonces aún no estaban consolidados, como el submarino, pero que en breve lo estarían, y gestas entonces tenidos por imposibles que, como el Viaje a la Luna, con el tiempo llegaron a realizarse. Otros puede que nunca lleguen a alcanzarse, como el Viaje al centro de la Tierra… Pero por lo general, el contexto es siempre coetáneo de su época, la segunda mitad del siglo XIX -con algunas excepciones, como ‘París en el siglo XX’, publicada póstumamente en 1994, 89 años después de su muerte-.

En lo que sí se le puede considerar, «un clásico», es en el género de la novela de aventuras. Quizás por esto en ocasiones la suya se ha denominado literatura juvenil, aunque él no escribía para adolescentes. En este sentido, el nombre de Verne irá siempre asociado con el de otros colegas suyos que también colaboraron en la configuración del imaginario literario de muchas generaciones, como Emilio Salgari, Robert L. Stevenson, Alejandro Dumas, Karl May, Walter Scott, Jack London…

Hoy en día, con autores especializados en lo que se ha venido a llamar literatura para niños, los clásicos del género de aventuras, y Julio Verne con ellos, han caído en desuso. Tampoco faltan voces que los consideran poco idóneos para la formación literaria y humana de la infancia y la adolescencia, acaso por las presuntas incorrecciones en que incurren desde la perspectiva del pensamiento políticamente correcto. Una solemne majadería cuyas consecuencias son la proliferación de todo un subgénero de literatura basura y la consiguiente aversión a la lectura que genera en sus víctimas, los niños a los que supuestamente hay que proteger y, por ello, o bien resulta que el lobo no se come a la abuela de Caperucita para evitar que se entristezcan y traumaticen, o también, por qué no, el «Nautilus» del capitán Nemo debería reconvertirse en una ONG ambulante que recogiera náufragos en lugar de producirlos hundiendo barcos… En fin.

Volviendo a Verne, sin duda no es Joyce ni Thomas Mann; ni Shakespeare o Cervantes. Pero hay algo en él que acaso le confiera una condición especialmente significativa, la de ser el primer peldaño que hay que recorrer para aficionarse a la lectura. ¿Cuántos lectores y escritores no empezaron de niños leyendo a Verne y adquirieron luego el interés y la afición por la lectura y la escritura, que más adelante les llevó a leer a Goethe o a Borges?

Hay algo en Verne con una condición especialmente significativa, la de ser el primer peldaño que hay que recorrer para aficionarse a la lectura

En una novela de Arturo Pérez Reverte, la narración concluye con la reunión de unos «conjurados» en Meüng (Francia), que se ven una vez al año para proceder a una «secreta» lectura de ‘Los Tres Mosqueteros” en esta población donde Artagnan tuvo su primer incidente camino de París. El protagonista reconoce a insignes filólogos, consagrados semióticos, novelistas de fama mundial, intelectuales sesudos… cada uno de ellos lee en voz alta –otro hábito en desuso- un párrafo de la novela. Un homenaje a las primeras lecturas de los lejanos tiempos de su juventud, gracias a las cuales se aficionaron a la lectura y a la escritura. La novela es ‘El Club Dumas’, en este caso, un homenaje a ‘Los Tres Mosqueteros’ y a su autor.

Dumas, Verne… Da igual, son perfectamente intercambiables. Lo mismo hubiera sido que se reunieran en la ladera del Stromboli, de cuyo cráter en erupción fueron escupidos a bordo de una balsa los protagonistas de ‘Viaje al centro de la Tierra’, o en alguna isla misteriosa donde reposan para siempre el capitán Nemo y su «Nautilus».

Sin duda se pueden leer ‘La Montaña Mágica’, ‘El Hombre sin Atributos’ o ‘La Regenta’ sin necesidad de haber leído antes a Dumas, a Verne o a cualquiera de los clásicos escritores del género de aventuras. Pero quien no los haya leído, de niño o de adolescente, o si habiéndolos leído, no se dejó fascinar por ellos en su momento, se habrá dejado por el camino algo irrecuperable.

Julio Verne murió en Amiens (Francia), el 24 de marzo de 1905. Un cráter lunar lleva su nombre.

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También un 8 de febrero… se cumplen estas otras efemérides

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