Justiniano y el Imperio bizantino

Mosaico de Justiniano I en la iglesia de San Vital en Rávena / Wikimedia - De Petar Milošević - Trabajo propio, CC BY-SA 4.0, https://commons.wikimedia.org/w/index.php?curid=40035957

El 14 de noviembre del año 565 fallecía en Constantinopla el emperador Justiniano I (n. 482). Sus años como emperador, entre el 527 y el 565, estuvieron presididos por el intento de restaurar el antiguo Imperio romano, esta vez desde su capital oriental, la ciudad de Constantinopla. Lo consiguió parcialmente, al precio de arruinar al Imperio, tras cuya muerte entró en un proceso de decadencia. Al Imperio romano de oriente se lo conoce también como bizantino, por el antiguo nombre griego de la ciudad de Constantinopla, Bizancio.

 

CV / La última partición del Imperio romano se había producido en el año 395, con el emperador Teodosio, que a su muerte lo dividió entre sus dos hijos, Arcadio y Honorio, quedando el primero como emperador de oriente, con capital en Constantinopla, y el segundo en occidente, con capital en Roma. El imperio occidental sobrevivió apenas ochenta años, siendo depuesto su último emperador, Rómulo Augústulo, en el 476, por Odoacro, rey de los hérulos, que envió las insignias imperiales a Constantinopla.

El emperador de oriente quedaba, aunque nivel meramente testimonial, como único depositario de la tradición romana

Con ello, el emperador de oriente quedaba, aunque nivel meramente testimonial, como único depositario de la tradición romana. En el siglo y medio que va desde la caída de Roma hasta la subida al trono en Constantinopla de Justiniano, el imperio bizantino tuvo que aguantar, al igual que en occidente, las embestidas de los pueblos bárbaros, llegando en ocasiones también a contratarlos como mercenarios o incluso a sobornarlos para que en lugar de atacar sus posesiones, dirigieran sus razias hacia el imperio de occidente. Por otro lado, en el flanco oriental había surgido un poderoso imperio, la Persia de los Sasánidas, que muy pronto entró en conflicto con el imperio bizantino. Aunque todavía en posesión de la práctica totalidad de sus posesiones territoriales, la situación del Imperio bizantino al acceder Justiniano al poder estaba al borde del colapso.

Justiniano consiguió reequilibrar la situación. De la mano de su mejor general, Belisario, reformó el ejército y consiguió derrotar al soberano persa Cosroes I, firmando un tratado de paz provisional que le permitió afrontar la no menos complicada situación interna del Imperio. Las subidas de impuestos para financiar la guerra provocaron descontento entre la población. Asesorado por su esposa y consejera, la emperatriz Teodora, sofocó a sangre y fuego la rebelión, llevando a cabo una auténtica masacre en el hipódromo de Constantinopla.

Con las manos momentáneamente libres, Justiniano se marcó como objetivo la restauración del Imperio romano; lo que en su caso significaba la expansión hacia occidente

Con las manos momentáneamente libres, Justiniano se marcó entonces como objetivo la restauración del Imperio romano; lo que en su caso significaba la expansión hacia occidente, por entonces dividido en distintos reinos establecidos por los pueblos germánicos que habían ido ocupando los territorios del imperio occidental. Su primer objetivo fue el reino vándalo del norte de África, con capital en Cartago. Los vándalos eran, además, el único pueblo germánico con una cierta capacidad náutica, de modo que si conseguía derrotarlos, al dominio de todo el Mediterráneo estaba asegurado. El general Belisario llevó a cabo la campaña, derrotando completamente a los vándalos y haciéndose con la costa noroccidental de África.

El siguiente paso fue la Hispania visigoda. Aprovechando una de las frecuentes guerras civiles entre los visigodos, los bizantinos se hicieron con una imprecisa franja costera de la Península ibérica, que algunos historiadores han situado desde Cádiz hasta Alicante, con capital en Cartagena. También ocuparon las Islas Baleares, a las cuales los visigodos no habían llegado.

Con el norte de África occidental y el levante hispano asegurados, el objetivo pasó a ser el reino ostrogodo de Italia, cuya capital era Rávena. Una vez más con Belisario al frente, los bizantinos ocuparon Roma y progresaron hacia el norte, pero la resistencia ostrogoda dejó la guerra empantanada. El comienzo de una nueva guerra con los persas obligó, a su vez, a desviar recursos para defender las fronteras orientales. Caído en desgracia Belisario, enemistado al parecer con la emperatriz Teodora, fue destituido y enviado a Constantinopla, donde fue acusado por corrupción. Según la leyenda, probablemente falsa, se le arrancaron los ojos y acabó mendigando en las calles de Constantinopla.

A la muerte de Justiniano en el año 565, el Imperio bizantino estaba a un paso de restaurar el antiguo Imperio romano, pero estaba muy debilitado y económicamente exhausto

El sucesor de Belisario consiguió acabar con el reino ostrogodo. A la muerte de Justiniano en el año 565, el Imperio bizantino estaba a un paso de restaurar el antiguo Imperio romano, pero estaba muy debilitado y económicamente exhausto. Tras un breve periodo durante el cual bizantinos y persas estuvieron guerreando sin tregua, ambos imperios acabaron tan debilitados que pronto fueron pasto de un nuevo imperio, el califato de Damasco surgido de los pueblos árabes seguidores de Mahoma. El Imperio sasánida fue literalmente barrido por los árabes. El bizantino resistió todavía unos cuantos siglos, pero al precio de perder la mayor parte de sus posesiones, entrando en un largo proceso de agónica decadencia, hasta que su capital fue tomada en 1453 por los turcos, y rebautizada como Estambul.

 

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Domingo, 14 de noviembre de 565

En Constantinopla –actual Estambul, Turquía- fallecía el emperador Justiniano I, máxima figura histórica del Imperio romano de oriente, conocido también como Imperio bizantino.

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