Konrad Lorenz

Sus estudios y descubrimientos significaron un gran avance, no solo en lo referente a los animales, sino también al ser humano / Imagen: Wikimedia

Tal día como hoy… 27 de febrero de 1989, fallecía Konrad Lorenz

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El 27 de febrero de 1989, fallecía Konrad Lorenz en Altenberg (Austria), a los 85 años de edad. Médico y zoólogo, obtuvo el Premio Nobel de Medicina en 1973 por el descubrimiento de la «impronta». Está considerado el padre de la etología.

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La etología moderna, no se empezó a desarrollar como ciencia autónoma hasta que Lorenz y N. Timbergen iniciaron sus estudios e investigaciones

CV / Había nacido en Viena el año 1903. Se graduó en Medicina en 1928, iniciando sus estudios en Nueva York, y concluyéndolos en Viena. Posteriormente se graduó también en Zoología en 1933, que sería su gran campo de investigación.

Aunque como mínimo desde Lamarck y Darwin hay ya claros antecedentes, la etología moderna, no se empezó a desarrollar como ciencia autónoma hasta que Lorenz y N. Timbergen iniciaron sus estudios e investigaciones. Como ciencia, y a caballo entre la biología y la psicología comparada, los objetivos de la etología son el estudio de la conducta y el instinto animales, poniéndolos en relación con el medio, y de las pautas por las cuales se guían, ya sean innatas o aprendidas.

Desde la Escuela Etológica del comportamiento animal, que fundó en 1939 junto con Timbergen, mantuvo desde sus inicios fuertes discrepancias con la psicología experimental estadounidense, por entonces mayoritariamente dominada por el conductismo de Watson y Skinner.

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La «impronta»: aprendizaje ocurrido en cierta fase crítica

Mientras que el conductismo negaba, tanto para los animales como para los humanos, la existencia de caracteres de comportamiento innatos -transmitidos por herencia-, remitiéndose al esquema E→R (estímulo/respuesta), estrictamente ambientalista y donde todo sería aprendido, Lorenz -y con él la etología europea-, postularon la transmisión de caracteres hereditarios. Igualmente, mientras que los americanos tendían a estudiar el comportamiento animal en laboratorios, la etología europea preferirá observarlos en su hábitat natural. Al estudiar el proceso de aprendizaje de los polluelos de pato, descubrió una etapa crítica en la cual aprendían a distinguir a sus padres, aunque fueran «adoptivos», siempre que recibieran los debidos estímulos visuales y auditivos. Será el núcleo del concepto de «impronta», y entendió que algo de herencia transmitida, o sea, innato, tenía que haber necesariamente.

Lorenz descubrió una etapa crítica en los polluelos de pato en la cual aprendían a distinguir a sus padres, aunque fueran «adoptivos», siempre que recibieran los debidos estímulos visuales y auditivos

Parece ser que durante los años treinta, y como tantos otros intelectuales y científicos alemanes, se adscribió al nazismo y a las teorías eugenésicas, cosa que posteriormente negó, a la vez que rechazó categóricamente el genocidio practicado por los nazis. Fue movilizado en 1942 como médico militar y cayó prisionero en Rusia, donde permaneció hasta 1948.

A su vuelta, se reincorporó a sus investigaciones y fue el director del Instituto Max Planck de Fisiología. Sus estudios y descubrimientos significaron un gran avance, no solo en lo referente a los animales, sino también al ser humano, muy concretamente en su polémica con el conductismo. Al final de su vida, Lorenz intentó aplicar sus ideas a los humanos, a partir de su consideración del hombre como especie social, generando lo correspondiente controversia por sus implicaciones filosóficas, sociológicas, antropológicas y psicológicas.

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¿Sobran los inteligentes?

Una muestra de estas implicaciones sería la anécdota que refiere el periodista italiano Primo Aprile en su libro ‘Elogio del imbécil’ (1997), un ensayo que va mucho más allá de la aparente frivolidad de su título, incidiendo de lleno en esta idea del hombre como especie social.

En la introducción, el autor nos cuenta como la idea, o mejor la pregunta central del libro “¿Por qué hay tantos imbéciles?”, surgió a raíz de una entrevista con Konrad Lorenz que había tenido la oportunidad de realizar muchos años antes, en los inicios de su carrera como periodista. En un momento, mientras charlaban paseando, Lorenz dijo algo que le impactó profundamente, y después de pensarlo un poco le replicó: “Pero entonces, si lo que usted dice es cierto ¿no lo sería también que en una sociedad así se tendería a que los inteligentes estuvieran de más, incluso fueran un estorbo, y bastaría con que estuviera compuesta por imbéciles? Lorenz se quedó entonces unos instantes completamente perplejo y respondió: “No sabe usted la gran verdad que acaso encierre lo que acaba de decir”.

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