La aparición de los imperios militares y el fin de la igualdad social

Pinturas rupestres de la Edad del Bronce o Calcolítico (2000-1000 aC aprox.) A orillas del Río Cabriel / Wikimedia - Autor: DnTrotaMundos ☮

Cerca de hace 5.000 años la metalurgia del bronce comenzó sus andadas. Poco después el mundo fue testigo de los primeros atisbos militares. Quizás la densidad de población y ocupación de los territorios hizo desconfiar de los vecinos y con ello la necesidad de armarse.

 

David Rabadà | Catalunya Vanguardista  @DAVIDRABADA

En ello la tecnología de los metales fue crucial para equipar a sus soldados, y aunque conocían el hierro, sólo dominaban la forja y fundición del bronce. Hoy en día sabemos que hace más de 5.000 años los egipcios maleaban el hierro para collares y amuletos. Así lo publicaron Rehren y otros autores en el Journal of Archaelogical Science de 2013. Pero no sólo los egipcios conocían el hierro a tan temprana edad, también lo usaban para sus amuletos y joyas los habitantes de Ur en Iraq hace unos 4.500 años, los troyanos hace unos 4.400, o los poblados de Alacahöyük en Turquía hace más de 4.200.

La pregunta clave es, ¿cómo usaron el hierro si no conocían su fundición y forja? Pues la respuesta estaba en las estrellas. El hierro que usaban era una extraña aleación no sólo de hierro, sino de níquel, algo típico de unos cuerpos extraterrestres, los meteoritos metálicos. De ellos extraían fragmentos que moldeaban a golpes bajo el fuego para sus alhajas. Aquel hierro era muy distinto al de función donde no se halla níquel. En cambio entre los meteoritos metálicos la proporción de este elemento oscila entre el 4 y el 33 por ciento.

El hierro que usaban era una extraña aleación no sólo de hierro, sino de níquel, algo típico de unos cuerpos extraterrestres, los meteoritos metálicos

Independientemente de aquel hierro extraterrestre de hace unos 5.000 años, sus conocedores no lo sabían usar para la fabricación de armas. En su lugar sí dominaban la función y forja del bronce que se extendió por Eurasia para tener un papel crucial en las primeras sociedades militares. Más tarde surgirían los imperios de Babilonia, Egipto y demás hace más de 4.500 años. Siguió a todo ello el imperio Persa hace unos 2.500 años, el de Alejandro Magno hace unos 2.400, el Romano, con el hierro, hace unos de 2.200, el Chino hace unos 2.100, el de Camboya hace unos 1.600, el Musulmán hace unos 1.300 años, el Mongol hace unos 800 años y así otros muchos más. En todos ellos las armas metálicas, las grandes religiones y las estructuras militares impusieron su mundo jerárquico.

Pero, ¿donde empezó esta trinidad entre aleaciones, fe y mercenarios? Según parece, y posteriormente a los 4.500 años, los pueblos de las estepas asiáticas se militarizaron bajo un esquema de producción más ganadero que agrícola para alimentar a sus dioses y a sus guerreros. En marzo de 2015, y en la revista Nature, aparecía un artículo dejando constancia de ello. El bronce, ya generalizado por Europa, permitió la fabricación de armas que impulsó la creación de las castas militares. Incluso se argumenta que estos pueblos extendieron las lenguas indoeuropeas por Europa y el sur de Asia. De ellas evolucionarían las actuales familias latinas, celtas, anglosajonas, bálticas, eslavas, indoarias, iranís, albanesas, griegas, armenias, tokarias y anatolias.

Molde de hoz / Flickr Autor: Ángel M. Felicísimo

Esta nueva sociedad militarizada trajo consigo la aparición de fuertes jerarquías que dominaron al resto. Si bien sapiens, y de manera innata, era potencialmente jerárquico, entre los cazadores recolectores esto no sucedió ya que existía entre ellos un pacto sólido de reciprocidad. De todas formas seguramente hubo algunas pugnas eventuales por los recursos aunque no por dominios estatales (Ver: Los últimos cazadores y recolectores).

Ahora, y en la Edad del Bronce, la cosa se transmutó en base a la necesidad de defender el territorio, sus recursos y sus fronteras, algo así como la actual seguridad nacional. Bajo la política de la guerra, los hombres, con mayor fortaleza muscular que las mujeres, pudieron optar a un mayor poder y con él, a un machismo, a la riqueza de unos pocos y a la pobreza de una mayoría. La reciprocidad paleolítica y neolítica tenía los días contados.

Quizás todo ello evolucionó a través del papel de líderes que devinieron grandes distribuidores de alimentos o recursos. Tras el Neolítico aparecieron los primeros excedentes agrícolas y ganaderos que más tarde pudieron permitir el auge de personajes así, algo que ya indicó Marvin Harris por los años ochenta. De ello, y con armas metálicas, sólo faltaba un paso hacia el dominio militar.

Según parece, y posteriormente a los 4.500 años, muchos poblados europeos fueron abandonados o destruidos

Según parece, y posteriormente a los 4.500 años, muchos poblados europeos fueron abandonados o destruidos. Durante aquellos tiempos la cultura llamada Yamna llegó de las grandes praderas asiáticas desplazándose gracias a la invención de la rueda, el carro y el uso del caballo y de las armas de bronce. Según datos de ADN se argumenta que aquello fue una migración masiva que quizás atacó o dominó a muchos campamentos del Neolítico final y Calcolítico. Así lo publicaron sus defensores en el Nature de marzo de 2015.

Pruebas de algunas batallas las tenemos en las fosas comunes calcolíticas de la Costa de Can Martorell cerca de Barcelona, o en el de San Juan en la provincia de Álava. En ellas fueron hallados decenas de cadáveres con laceraciones por flecha. También en el yacimiento de la isla de Orcadas al norte de Escocia, se halló un poblado que tras un gran sacrificio de 400 reses, fue derrumbado y abandonado hace unos 4.300 años. Es más, y a nivel de genética, sabemos que cerca de los 4.000 años los hombres de la península ibérica fueron reemplazados por varones procedentes de la estepa. Así lo publicaron Iñigo Olalde, más colaboradores, en marzo de 2019 en Science. Es decir el macho ibérico se extinguió hace unos 4.000 años y sementales asiáticos se quedaron con sus mujeres.

Stonehenge, Condado de Wiltshire, Inglaterra / Wikimedia –Diego delso  (1974–)

Al final de toda esta ocupación se generalizaron por Europa los sepulcros en cuevas, dólmenes y montículos, e incluso grandes centros rituales como el de Stonehenge. Es decir, armas, militares y religión ya formaban parte de un mundo jerárquico. El Dios guarde la patria quizás tenga más de 4.000 años de invención.

Armas, militares y religión ya formaban parte de un mundo jerárquico. El Dios guarde la patria quizás tenga más de 4.000 años de invención

Si bien dólmenes y montículos tenían una función funeraria clara, los menhires previos no habían hallado una interpretación serena. Cuando en 2003 visité los poblados Toraja en Sulawesi se me ocurrió una hipótesis al respecto. Esta étnia de Indonesia se asemeja bastante a ciertas prácticas de los sapiens del Neolítico final y Bronce primigenio. Entre los Toraja existen líderes locales que organizan grandes banquetes en los funerales para ostentar su prestigio ante los demás. En ellos se practica el sepulcro en cuevas y se elevan menhires en honor a estos líderes cuando expiran. El monolito representa el espíritu del fallecido como también pudo suceder entre las culturas prehistóricas europeas. De hecho el menhirismo se extendió también por el sur de Asia. Incluso la espiral, símbolo muy utilizado entre el megalitismo prehistórico, también aparece entre los toraja como emblema de reciprocidad entre el clan. Y cabe recordar que las poblaciones esteparias que llegaron al oeste de Europa también se extendiron hasta la India según el Science de marzo de 2019.

Independientemente de todo lo anterior, y para zanjar este capítulo sobre la evolución de los imperios militares y el fin de la reciprocidad paleolítica, convendremos que desde las guerras militares prehistóricas hasta las masivas de hoy han pasado unos 5.000 años. De hecho, y tras empezar la Revolución Industrial en el XVIII, el caldo de cultivo para las batallas prosperó.

De manera inaudita, y por primera vez en la historia, pasamos de un crecimiento demográfico lentísimo durante más de 300.000 años, a uno de exponencial en menos de 300

Los avances en tecnológica de este período conllevaron por un lado el aumento de la producción mundial de alimentos, y por el otro una mejora en la higiene, la sanidad y el confort. Todo ello se tradujo en menos mortalidad, más natalidad y más longevidad. De manera inaudita, y por primera vez en la historia, pasamos de un crecimiento demográfico lentísimo durante más de 300.000 años, a uno de exponencial en menos de 300. Se calcula que durante esos 300.000 años del paleolítico fuimos unos miles de sapiens por el planeta.

Hoy en día hemos saltado a miles de millones en apenas unos escasos siglos. Esta invasión humana, esta plaga para el planeta, presiona por el dominio de recursos, fronteras y Estados. En cierto modo la horda que somos sigue promoviendo el ataque militar que iniciaron nuestros antepasados de hace unos 4.500 años. Las propagandas alarmistas en pro de la seguridad nacional siguen llevando a la guerra a este sapiens, que bajo su innata predisposición jerárquica, sigue a sus líderes hacia sus fechorías. Para no caer en ello sólo cabe una solución, ser conscientes de nuestros prejuicios en base a una ciencia no utilizada en pro de los intereses de algunos. Veamos ahora esa ciencia para cerrar toda nuestra evolución.

Este artículo es la continuación de una serie titulada “Prejuicios y Evolución Humana“, a cargo de nuestro colaborador científico, David Rabadà.

Entrega anterior: El fin de la caza y la recolección (entrega 40)

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