La arquitecta y vocal de la Junta de Gobierno del COAVN Gipuzkoa, Olatz Ocerin Ibáñez

“Nos toca reflexionar de manera profunda sobre el presente y el futuro de la profesión del arquitecto”

.

La arquitecta y vocal de la Junta de Gobierno del COAVN Gipuzkoa, Olatz Ocerin Ibáñez, defendió recientemente en la Facultad de Educación, Filosofía y Antropología de la UPV/EHU su tesis doctoral ‘Formación y profesión arquitectónica en el País Vasco (1774-1977). Origen y evolución de la profesión de arquitecto desde el siglo XVI hasta la creación de la Escuela Técnica Superior de Arquitectura de la UPV/EHU’, bajo la dirección del profesor Carlos Martínez Gorriarán. Obtuvo una calificación de Sobresaliente Cum Laude.

.

UPV / EHU  -“La profesión de arquitecto y su ámbito profesional está inmersa en una gran crisis. Es un momento complicado el que nos ha tocado vivir a los arquitectos. Nos toca reflexionar de manera profunda sobre el presente y el futuro de nuestra profesión y para ello creo que estudiar y profundizar en nuestro pasado debe ser un paso imprescindible”. Con este objetivo, la ya doctora en Filosofía, recopiló abundante bibliografía heterogénea que le sirvió de base para analizar y reflexionar sobre la formación y la profesión arquitectónica desde 1774, año de fundación de las primeras Escuelas de Dibujo, creadas por la Real Sociedad Bascongada de Amigos del País, hasta el año 1977, germen de la futura Escuela Técnica Superior de Arquitectura de la UPV/EHU.

La profesión de arquitecto hunde sus raíces en el siglo XVI

La profesión de arquitecto hunde sus raíces en el siglo XVI. En aquella época existía una relevante tradición canteril en el País Vasco. De hecho, los canteros y los carpinteros son los antepasados directos de los arquitectos. “El auge de la construcción en piedra -explica Olatz Ocerin- se dio en el siglo XVI, cuando se produce el fin de las guerras banderizas y la consiguiente reconstrucción del territorio. Ello permitió que los campesinos se decidieran a establecerse por su cuenta y riesgo fuera de las villas amuralladas. Y lo hicieron en una de las construcciones arquitectónicas con mayor significación en el imaginario vasco: el caserío.

La aparición del caserío ofrece una singular revolución en la construcción de la arquitectura doméstica vasca, ya que hasta entonces el campesino construía, con sus propias manos, su propia cabaña, con piezas pequeñas de madera. Sin embargo, la construcción del caserío implica utilizar grandes postes de madera y ejecutar muros de cantería con pesados sillares. Todo esto imposibilita a los campesinos poder seguir construyendo su propia vivienda, y deben empezar a contratar maestros canteros y maestros carpinteros que les hagan su nueva vivienda. Hay un paso claro de la autoconstrucción a la profesionalización de la construcción arquitectónica. Un paso que ya se había dado en la construcción de la arquitectura monumental de las grandes iglesias y palacios y que con los caseríos trasciende a la arquitectura de la vivienda campesina”.

Dos siglos más tarde, en el siglo XVIII, se destierra el sistema gremial de la arquitectura

Dos siglos más tarde, en el siglo XVIII, se destierra el sistema gremial de la arquitectura. Se crea en Madrid la Real Academia de Bellas Artes de San Fernando (1745) y, en el País Vasco, la Real Sociedad Bascongada de Amigos del País (1764), esta última de la mano de nobles vascos, influenciados por las ideas ilustradas procedentes de la cercana Francia. “Su fin era regenerar la sociedad. Y, en tal objetivo, la Arquitectura no se toma como un elevado arte, sino que tiene un importante componente económico. De hecho, la Arquitectura para la Bascongada, y para los ilustrados, va a tener un papel diferenciado del resto de las artes y se va a considerar una ciencia y una herramienta práctica en la sociedad. En esta estrategia de regeneración, la Bascongada entiende que el dibujo es la herramienta básica de todo oficio, ya que a través de él se puede conseguir la representación objetiva y científica de la realidad. Ante esta situación, la Bascongada, que está muy vinculada a la Real Academia, pone en marcha en 1774 las escuelas gratuitas de Dibujo”. Así, se crean las Escuela de Dibujo de Vitoria, Bilbao y Bergara, las cuales “impulsaron un nuevo modelo institucional y profesional con nuevas prácticas, ideas y sistemas de formación”.

Un siglo después, en el XIX, el arquitecto goza de prestigio social

Un siglo después, en el XIX, el arquitecto goza de prestigio social, en especial, cobran suma importancia los arquitectos municipales y provinciales, ya que serán ellos, ejerciendo su profesión, los que definirán el paisaje arquitectónico de pueblos y ciudades de nuestro entorno. Destacan, en especial, los ensanches urbanos. “El inicio de la construcción del Ensanche implicó el desarrollo de muchos proyectos y la construcción de muchos edificios, por lo que parece improbable que el bajo número de arquitectos fuera suficiente para ejecutar tal volumen de obra. En consecuencia, la presencia de maestros de obras ejecutando obra arquitectónica será un hecho en el territorio vasco. Los arquitectos también verán amenazadas sus competencias por los ingenieros. El debate de si la formación de los arquitectos debe ser más técnica o más artística, en realidad trasciende ese ámbito y entronca con la consecución de un Cuerpo dentro del Estado que aportaría fortaleza al colectivo –tanto de arquitectos como de ingenieros‐ y, por tanto, a sus competencias”, subraya Olatz Ocerin.

En el siglo XX desaparece el estatus social y profesional privilegiado del arquitecto al aplicarse la política de creación de nuevas escuelas de arquitectura en España durante el llamado Desarrollismo

Pero, uno de los hechos relevantes para la profesión de arquitecto sucederá a inicios del siglo XX cuando se crean los colegios profesionales, lo que obligará a los arquitectos a estar colegiados para poder ejercer la profesión. En 1930 se crea el Colegio oficial de Arquitectos Vasco-navarro, del que Olatz Ocerin es, en la actualidad, vocal de la Junta de Gobierno. Asimismo, “El estatus social y profesional privilegiado en el que se habían mantenido los arquitectos durante el siglo XIX y hasta mediados del siglo XX desaparece al aplicarse la política de creación de nuevas escuelas de arquitectura en España durante el llamado Desarrollismo. Una de las consecuencias que tuvo esta política gubernamental fue el aumento desproporcionado del número de arquitectos, tanto en las Escuelas de Arquitectura como en el mercado laboral”. El trabajo de investigación de Olatz Ocerin finaliza con un apartado dedicado a la activación cultural arquitectónica de principios de los años 70 en el País Vasco, que trajo consigo la creación, bajo el liderazgo de Luis Peña Ganchegui, de la Escuela de Arquitectura del País Vasco en 1977, germen de la actual Escuela Técnica Superior de Arquitectura de la UPV/EHU, en San Sebastián.

.

Sobre la autora

Olatz Ocerin Ibáñez (Hondarribia, 1975) es arquitecta y Doctora Cum Laude en Filosofía por la UPV/EHU (2016). Desde 2014 es vocal de la Junta de Gobierno del COAVN Gipuzkoa. En 2010 finalizó el Máster de Investigación ‘Filosofía, Ciencia y Valores’ en la UPV/EHU. Profesionalmente, ha colaborado en diversos estudios de arquitectura hasta establecer su propia oficina técnica en 2009 desde donde compagina la profesión liberal junto con la investigación académica.

.

Share