La ética que Gómez Pin extrae de la obra de Proust tiene como  imperativo combatir en cada uno de nosotros  las  modalidades de desidia y pereza que se oponen al enriquecimiento del lenguaje.

La mirada de Proust. Redención y palabra

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“Desde 1906, saliendo de una cura en un sanatorio, con 36 años de edad, y hasta su muerte en 1922, Marcel Proust vive en situación psicológica de reclusión, primero en su piso del parisino boulevard Haussmann, y desde finales de 1919 en un estudio de la rue Hamelin, dedicado a la redacción de lo que, tras varias remodelaciones, acabaría siendo A la Recherche du Temps Perdu“.

Portada del libro que se presenta esta tarde en Barcelona.

La mirada de Proust (Editorial Triacastela) es la reflexión original del filósofo Víctor Gómez Pin a partir de una narración que rompe la barrera entre géneros y subvierte  el concepto mismo de literatura. No se trata tanto de un comentario sobre En busca del tiempo perdido, como de una elaboración teórica personal que extrae de la obra de Marcel Proust una tesis y una ética.

La tesis es que el lenguaje, rasgo distintivo de la naturaleza humana, tiene sus propias leyes y nos exige a los hablantes que lo consideremos como un fin en sí mismo, no como mero instrumento al servicio de las exigencias de conservación individual y específica derivadas de nuestra condición biológica.  Aunque el uso instrumental del lenguaje lo homologa a un código de señales, la gran literatura lo libera y realiza con ello la potencialidad peculiar del ser humano.

La ética que Gómez Pin extrae de la obra de Proust tiene como  imperativo combatir en cada uno de nosotros  las  modalidades de desidia y pereza que se oponen al enriquecimiento del lenguaje: las supuestas obligaciones sociales, deberes amistosos, imperativos patrióticos, apetencias informativas o entregas a lo aleatorio de un juego deportivo. Todo ello se revela como abandono de la confrontación con nosotros mismos y renuncia a la plenitud del despliegue lingüístico que es la auténtica vía hacia la lucidez.