Según ha puesto de manifiesto la UPV/EHU, la contaminación impide que se forme la capa protectora de las esculturas de acero patinable / Imagen: Chillida berlin Bundeskanzleramt CC BY-SA 3.0

Han estudiado el efecto que tiene la atmósfera de Bilbao en las esculturas de Chillida

 

El grupo de investigación analizó las esculturas in situ, para dañarlas lo menos posible.

El grupo de investigación analizó las esculturas in situ, para dañarlas lo menos posible.

UPV/EHU / El acero patinable, al ser un material especialmente diseñado para la exposición al aire libre, se utiliza ampliamente para crear fachadas, puentes y vías de tren, entre otros. Y los escultores también llevan tiempo utilizándolo para crear esculturas que serán expuestas al aire libre. Según ha explicado la investigadora Julene Aramendia Gutierrez, del Departamento de Química Analítica de la UPV/EHU, la principal característica de este tipo de acero es “su capacidad para protegerse a sí mismo. En contacto con el oxígeno, el acero desarrolla una capa protectora formada por diferentes oxihidróxidos de hierro que actúan como barrera. De ese modo, el metal protegido por esa capa se conserva bien”.

Sin embargo, este material no reacciona de igual manera ante diferentes atmósferas, e incluso puede llegar a no proteger el material en unas determinadas condiciones. Ese es el caso de una escultura del museo Guggenheim Bilbao: Besarkada XI, de Eduardo Chillida. “Posee una superficie más irregular de la que debiera, ha perdido pequeños fragmentos de material, y no tiene el color que le corresponde en teoría”, ha precisado Aramendia.

“Nos dimos cuenta de que las causantes de que la lepidocrocita no se convirtiera en goetita eran unas partículas de la atmósfera de Bilbao, ricas en silicatos, así como el polvo natural y algunas partículas del humo de los coches. Esas partículas impiden la evolución de lepidocrocita en goetita”, explica Aramendia.

El grupo de investigación también estudió otros efectos microscópicos de la contaminación atmosférica de Bilbao. Se detectaron numerosos sulfatos y nitratos de hierro provenientes de la reacción del dióxido de sufre y óxidos de nitrógeno atmosféricos y el material. “Estos compuestos son muy solubles, y observamos que, con la lluvia, se va disolviendo el material y precipitando en el suelo”. Otro de los causantes de la pérdida de material es el calcio, “el cual es muy abundante en nuestra atmósfera, ya que las tierras de esta zona son muy calcáreas”. De hecho, encontraron mucho yeso en la superficie de las esculturas. El yeso puede aparecer en tres niveles de hidratación, y eso provoca cambios de volumen. “Esa diferencia de volumen puede provocar estrés físico en la superficie, y ésa puede ser la causa del desprendimiento y de las roturas del material”.

Otra de las conclusiones del grupo de investigación fue que, aparte de los condicionantes atmosféricos, también tiene gran relevancia la aleación del acero utilizado para hacer la escultura. Por ejemplo, la escultura Elogio del Hierro III no está elaborada a partir de acero patinable, sino de acero Recco, y ese tipo de acero responde muy bien ante la atmósfera de Bilbao. “Se debería tomar muy en cuenta qué aleación se emplea para las esculturas que se van a colocar en Bilbao” añade la investigadora.

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