Los pulpos utilizan sus extremidades para apoderarse de la comida, manipularla y llevársela a la boca. / Morten Brekkevold

Los pulpos segregan una sustancia química para no enredarse con sus tentáculos

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SINC / Investigadores de la Universidad Hebrea de Jerusalén (Israel) y de la Universidad de la Ciudad de Nueva York (EE UU) han analizado por qué los tentáculos de los pulpos no se anudan entre sí, a pesar de no ser conscientes del movimiento de sus tentáculos y de tenerlos recubiertos de ventosas. Este trabajo revela que la piel de los cefalópodos desprende un compuesto químico que inhibe el de dichas ventosas.

“Nos ha extrañado que nadie antes que nosotros se hubiera preguntado por este fenómeno”, comenta Guy Levy, autor principal del estudio y científico del departamento de neurobiología de la Universidad Hebrea de Jerusalén. “Nos ha sorprendido mucho la solución brillante y simple que tiene el pulpo para este problema que podría ser muy complicado”.

Este grupo de investigadores lleva años estudiando la flexibilidad de sus tentáculos y el control motor de su cuerpo.

El trabajo, publicado en la revista Current Biology, parte del supuesto de que los cefalópodos, a diferencia de las personas y otros animales, no son conscientes de la posición exacta de sus extremidades.

“El sistema de control motor de las personas está basado en una representación fija del sistema sensorial y motor que elabora el cerebro en forma de mapas y que usa partes del cuerpo como coordenadas”, explica Binyamin Hochner, de la misma universidad y coautor del estudio. Esta estrategia de control del movimiento es eficiente para el ser humano porque nuestro esqueleto es rígido, lo que limita su capacidad de oscilación.

“Es difícil pensar en un dispositivo similar en los pulpos, ya que sus tentáculos largos y flexibles tienen un número infinito de grados de libertad”, puntualiza Hochner. Y añade que, “por lo tanto, el uso de tales mapas hubiera sido tremendamente difícil e incluso imposible para los pulpos”.

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Identifican sus propios brazos amputados

Los experimentos que han realizado apoyan la idea de que los octópodos carecen de conocimiento preciso sobre la posición de sus tentáculos.

Para entender cómo funciona este “mecanismo de autoevitación”, se estudió la respuesta del pulpo común –que es caníbal– frente a tentáculos amputados que se le presentaron como alimento.

Normalmente, los pulpos utilizan sus extremidades para apoderarse de la comida, manipularla y llevársela a la boca. Sorprendentemente, estos animales identifican sus propios brazos amputados, ya que tratan los tentáculos mutilados de otros pulpos como alimentos con más frecuencia que los suyos.

En el 95% de los ensayos los pulpos agarraron la piel de las extremidades cortadas de ejemplares de la misma especie, mientras que pegaron sus ventosas a sus propios tentáculos amputados en menos del 40% de las pruebas.

También se observó el comportamiento de los brazos amputados, que son activos hasta una hora después de cortados. Aunque se mueven de manera similar a un animal intacto, las ventosas de los tentáculos cortados no agarraron otras extremidades, ni de otro animal ni de sí mismo.

Las pruebas con brazos mutilados mostraron cómo evitan agarrar placas de Petri cubiertas con piel de pulpo. No obstante, cuando solo parte de la placa estaba cubierta de piel, los tentáculos amputados cogían el plástico, pero evitaban la parte cubierta de piel.

Estas observaciones sugieren que el tejido de sus miembros evita que las ventosas se agarren a sus propias extremidades.

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La inteligencia de los pulpos

A diferencia de los tentáculos amputados, los cefalópodos vivos pueden reemplazar e ignorar este mecanismo automático cuando es conveniente, ya que los investigadores han visto cómo los pulpos vivos a veces agarran brazos cortados, incluso por la piel y, además, parecen ser propensos a hacerlo cuando los miembros amputados no les pertenecen.

Los investigadores aún no han identificado lo que activa la conducta de autoevitación en estos animales, pero afirman que es otra demostración de la inteligencia de los octópodos. Además, piensan que esta estrategia de los pulpos podría servir de inspiración para el diseño de un robot.

Nir Nesher, uno de los coautores principales, afirma: “Los robots blandos tienen la ventaja de que pueden reconfigurar su cuerpo. Esto es especialmente útil en entornos poco conocidos con muchos obstáculos, como por ejemplo el interior del cuerpo humano”.

De hecho, los investigadores de este estudio comparten sus hallazgos con el proyecto STIFF-FLOP de la Comisión Europea, que tiene como objetivo desarrollar un manipulador quirúrgico flexible con la forma similar a un tentáculo de pulpo. “Esperamos y creemos que el mecanismo de autoevitación se aplicará a estos tipos de robots y a sus sistemas de control”.

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