La capacidad de previsión en la nutrición del Paleolítico

Marcas observadas sobre los metapodios arqueológicos (Qesem Cave a la izquierda) y experimentales (a la derecha): golpes de corte, raspados y negativos de astillas sobre la cara anterior y posterior de los metapodis. Las marcas experimentales están señaladas con el número de la semana de exposición. Las imágenes 3D han sido generadas con un microscopio digital KH-8700 3D / IPHES

Los humanos prehistóricos conservaban médula ósea como si fuera carne enlatada hace más de 400.000 años, siendo la evidencia más antigua de este comportamiento. Según los investigadores, los huesos utilizados para la conservación serían solo los metapodios, los cuales están cubiertos solo por piel y tendones.

 

IPHES / Investigadores del IPHES (Instituto Catalán de Paleoecología Humana y Evolución Social) en colaboración con científicos del CENIEH (Centro Nacional de Investigación Sobre la Evolución Humana), de la Universitat de Lleida y de la Universidad de Tel Aviv, han encontrado evidencias del almacenamiento y consumo de médula ósea conservada al yacimiento israelí de Qesem Cave ahora hace más de 400.000 años.

Eran capaces de guardar los huesos de los animales cazados durante semanas para procesarlos y consumirlos de manera retardada

El trabajo se ha hecho público en la revista Science Advances y demuestra cómo las comunidades humanas de aquel periodo tan antiguo eran capaces de guardar los huesos de los animales cazados durante semanas para procesarlos y consumirlos de manera retardada.

“Esta es la evidencia más antigua de este tipo de comportamiento y marca el origen de nuevos modos de adaptación durante el Paleolítico”, explica el Dr. Jordi Rosell, investigador del IPHES. “Los grupos humanos de Qesem –continúa- llevaban a la cueva partes seleccionadas de los cuerpos de los animales que cazaban. Los más comunes eran los gamos, de los cuales solo transportaban el cráneo y las patas. Por su parte, el tronco era desposeído de carne y grasa al lugar de cacería”.

Ejemplo del despellejamiento experimental de un metapodio conservado durante una semana. En este caso, la herramienta de sílex se aplica de manera longitudinal al eje mayor del hueso, y la piel y los tendones casi no ofrecen resistencia / IPHES

“Durante el análisis de los restos de este yacimiento en la Universidad de Tel Aviv se descubrió –añade el mismo investigador- que las patas de estos cérvidos exhibían marcas de corte únicas en sus extremos que no coincidían con la tipología habitual que se producen cuando se pelan los huesos frescos para fracturarlos y extraer la médula. Las marcas parecían evidenciar la existencia de piel seca y es entonces cuando planteamos la hipótesis de un posible almacenamiento de huesos para un posterior consumo diferido de la médula, es decir, pasado un tiempo”.

Según los investigadores, los huesos utilizados para la conservación serían solo los metapodios, los cuales están cubiertos solo por piel y tendones

“La médula ósea constituye una fuente de recursos nutricionales muy importante y es consumida de manera regular y preferente desde los orígenes de la humanidad”, explica el profesor Ran Barkai, de la Universidad de Tel Aviv. La Dra. Ruth Blasco del CENIEH observa: “Hasta ahora, las evidencias apuntaban a un consumo inmediato de la médula después de la muerte de los animales, junto con los tejidos blandos, como la carne. No obstante, los grupos de Qesem demuestran una alta capacidad de previsión al ser capaces de almacenarla dentro de los propios huesos con la piel y de consumirla de manera diferida”.

Según los investigadores, los huesos utilizados para la conservación serían solo los metapodios, los cuales están cubiertos solo por piel y tendones. Por lo tanto, la piel actuaría como aislante durante el almacenamiento y contribuiría a la preservación de la médula.

A la izquierda el profesor Ran Barkai, de la Universidad de Tel Aviv con Jordi Rosell, investigador de la URV y del IPHES, en el yacimiento de Qesem Cave. / IPHES

 

Un nuevo elemento en el comportamiento humano

Para comprobar esta hipótesis, los investigadores introdujeron durante varias semanas metapodios de ciervo dentro de una cámara ambiental que reproducía las condiciones de temperatura y humedad de Israel. Los análisis químicos posteriores constataron que la médula empezaba un proceso de degradación incipiente a partir de la novena semana. “Hemos descubierto, por lo tanto, que preservar el hueso con la piel durante semanas permitiría a los grupos humanos romperlos cuando era necesario y cubrir sus necesidades alimentarías incluso en épocas de escasez”, apunta el Dr. Jordi Rosell.

Maite Arilla, investigadora de la IPHES, señala: “Hasta hace poco se consideraba que los grupos humanos del Paleolítico eran cazadores y recolectores que vivían al día y comían lo que atrapaban de manera inmediata. No obstante, ahora, con el descubrimiento de Qesem se rompe con esta concepción y se introduce un nuevo elemento en el comportamiento humano de las comunidades humanas más antiguas, que es la capacidad de previsión”.

Eran sofisticados, inteligentes y tenían el talento suficiente como para saber que era posible preservar los huesos de las patas de los animales bajo condiciones específicas

Por su parte, el profesor Avi Gopher, de la Universidad de Tel Aviv asevera: “Con este trabajo nosotros muestramos, por primera vez, que los habitantes de Qesem eran suficientemente sofisticados, inteligentes y tenían el talento suficiente como para saber que era posible preservar los huesos de las patas de los animales bajo condiciones específicas para cuando fuera necesario comerse la médula.

En cualquier caso, esta es la primera evidencia en el mundo de la conservación y consumo diferido de alimentación. Este descubrimiento, junto con otros datos obtenidos en el mismo yacimiento, señalan la emergencia de un comportamiento totalmente innovador y moderno en la Prehistoria, que incluye el uso regular del fuego, el reciclaje, la cocción de alimentos y el uso de plumas como elementos decorativos.

Referencia bibliográfica: 
R. Blasco, J. Rosell, M. Arilla, A. Margalida, D. Villalba, A. Gopher, R. Barkai: “Bone marrow storage and delayed consumption at Middle Pleistocene Qesem Cave, Israel (420 to 200 ka)”. Science Advances (2019).

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