La ciencia de la pedagogía o la pedagogía de la ciencia

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La pedagogía por ahora no ha ofrecido una explicación unitaria y contrastada del proceso de aprendizaje humano. Es decir, esta disciplina no ostenta un paradigma central como las ciencias propiamente dichas. Solo se trata de un conjunto de opiniones sin un acuerdo común entre todos sus expertos.

 

David Rabadà | Catalunya Vanguardista @DAVIDRABADA

La Geología con la Tectónica de Placas, la Física con la Relatividad, la Biología con el Neodarwinismo y la Química con la Tabla Periódica sí contienen un paradigma central que les permite pronosticar hechos, la pedagogía no, al menos por ahora. También se puede decir lo mismo de las Ciencias Políticas, las Ciencias Económicas y de las Ciencias Sociales, todas ellas proclamadas ciencias pero sin teoría central que una sus conocimientos y permita pronósticos.

De existir un paradigma central para la política haría años que no habría disputas entre ecologistas, comunistas, anarquistas, socialistas, capitalistas, neoliberales y hasta antisistema. Todos ellos dicen tener razón pero sin ningún paradigma central que los aglutine, caen en opiniones encontradas y no en razones estructuradas. Si existiera realmente un paradigma político realizaríamos pronósticos bastante acertados y sabríamos como gobernar un país con un mínimo de efectividad.

De existir un paradigma central para la política haría años que no habría disputas entre ecologistas, comunistas, anarquistas, socialistas, capitalistas, neoliberales y hasta antisistema

Lo mismo ocurre con la economía o la historia. Si tuviéramos una teoría verificada para ellas, podríamos profetizar aproximadamente las fluctuaciones de la bolsa, o de los cambios históricos. Eso es lo que hace la ciencia cuando predecimos el tiempo atmosférico. Los modelos digitales que nos anuncian cada vez con mayor exactitud las precipitaciones, son producto de ecuaciones de física. La pedagogía lleva más de doscientos años vacilando en sus pronósticos de cómo educar a los escolares. La causa de ello es simple y prístina, no es una ciencia por ahora.

 

¿Ciencias de la educación?

Hay otro grupo de expertos, pedagogos o no, que trabajan en las ciencias de la educación. Después de más de veinte años entre alumnos y centros creo que la educación, por sí misma, no es una disciplina científica sino una suma de métodos que aprendemos para enseñar los contenidos, y en mi caso, de las propiamente llamadas ciencias. A veces los he adquirido bajo prueba y error, que no es método científico, y otras las he plagiado de otros buenos docentes. En todo ello, y como científico, no hay ciencia alguna. Prueba de ello son Estonia y Finlandia, panacea para mucha política educativa. Allí utilizan la pedagogía pero no como una ciencia, sino bajo los hechos probados. Para ello los docentes desarrollan técnicas didácticas nuevas y eficaces, no teorías sin contrastar. Primero presentan una tesina final de carrera producto de una investigación didáctica con datos y técnicas reales. Posteriormente, y durante sus actividades en el aula, continúan investigando si tal estrategia mejora o no la didáctica de las clases, es decir, se aplica la prueba y el error. Así se genera un corpus de técnicas totalmente alejadas de reflexiones teóricas.

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Más técnicas que teorías

Durante estos más de veinte años de docencia me he empapado de muchas teorías pedagógicas. A muchos cursos de ellas he asistido. La verdad, y por ahora, prefiero las técnicas que aprendí en el aula. Las estrategias que van goteando por este libro surgieron de las clases con mis alumnos, de docentes versados en la enseñanza y de alguien más. Él, pedagogo de formación, fue de gran influencia en mi aprendizaje. Como profesor sabía infundir responsabilidad y exigencia entre sus estudiantes para que éstos no permanecieran dentro de sus limitaciones. Y antes que salieran las pruebas PISA ya se había fijado en el modelo educativo de Finlandia. De hecho se puso a estudiarlo para aplicarlo en su centro. Xavier Melgarejo fue quién me mostró las virtudes, que también los defectos, del modelo educativo finlandés. Su tesis doctoral corrió entre muchos políticos, incluso algunos se fueron a Finlandia con Melgarejo para tomar nota de la panacea nórdica. Pero, y en pocos años, muchos demagogos se olvidaron de Melgarejo. Ahora alguno ejerce de eurodiputado sin prestar atención a todo lo aprendido.

Melgarejo, desde su honradez, humanidad y humildad, nos regaló sus amplios conocimientos sobre un sistema de enseñanza exitoso, el finlandés

Melgarejo, desde su honradez, humanidad y humildad, nos regaló sus amplios conocimientos sobre un sistema de enseñanza exitoso, el finlandés, un sistema que él mismo estudió y se ganó a pulso sin ayuda institucional alguna. Merecidamente, y a finales de octubre de 2014, le fue otorgada la cruz de caballero de la Rosa Blanca por parte del Gobierno de Finlandia. Para quien conociera a Melgarejo, éste era, y por encima de todo, un espíritu bondadoso lleno de lucha, perseverancia y amor, pero que no se engañe el lector ya que este pedagogo práctico exudaba crítica, sinceridad y acidez hacia la mediocridad institucional. Su lucha contra el cáncer le reforzó el valor que ya sentía por algo que finalmente acabó con él, el tiempo. Por ello decía.

<< Si la educación debe resolverse y sabemos cómo, ¿a qué esperamos? Si el modelo finlandés resuelve el fracaso escolar bajo la equidad y la eficiencia, ¿qué demonios hace nuestro país con la igualdad, la libertad y la felicidad en sus objetivos educativos? ¡Si jamás los alcanza! >>

Por tanto Xavier abandonaba los debates aceitosos y pegajosos por fuera, pero vacíos y teóricos por dentro. Es decir, se dirigía directamente a las soluciones prácticas y plenamente probadas con más técnica y menos teoría. Así aplicó, y con éxito, lo que aprendió en Finlandia en el centro que dirigía. De hecho pasó de modas como la escuela sin deberes. Él lo tuvo siempre claro.

 

La escuela sin deberes

Algunas asociaciones de padres con algunos pedagogos y expertos educativos han propuesto que los estudiantes no traigan deberes a casa. Para ello argumentan que si los adultos no tienen deberes en el trabajo, los alumnos tampoco los tengan en casa. Pero,  ¿son nuestros alumnos adultos? Y lo más paradójico, ¿cuántos adultos no realizan encargos laborales en el hogar? En mi caso como profesor continuamente tengo deberes en casa para la preparación de mis clases, ¿también a mi me van a prohibir realizar mis deberes? No obstante los defensores de la escuela sin deberes, como la CEAPA, añaden que los alumnos pueden aprender autónomamente por si solos. Pero, ¿cómo aprender sin saber lo que sí sabe el profesor?

No existe ningún artículo científico serio que asegure que sin deberes en casa reduciremos nuestro lacerante fiasco académico

Queda claro que lo anterior resulta paradójico, si se es autónomo no se es niño, se debería ser adulto. En fin, que la educación sin deberes fundamenta su teoría en la nada más absoluta y sin demostración alguna. Además no existe ningún artículo científico serio que asegure que sin deberes en casa reduciremos nuestro lacerante fiasco académico. Y cabe recordar que duplicamos la media europea. Según los datos del MEC, el 33 por ciento de los escolares españoles de 16 años repite curso. En junio de 2012 la Generalitat de Catalunya presentó un informe con el título Ofensiva de País a Favor de l’Èxit Escolar en donde se ponía de manifiesto algo muy parecido a lo anterior. En fin, que un treinta por ciento de nuestros alumnos no logran aprender a aprender.

Una de las causas de este socavón es la falta de tiempo familiar en cariño, límites y deberes. Parece como si las familias que defienden la escuela sin deberes quisieran exculparse de la principal responsabilidad hacia sus hijos, la de educar. Queda claro que este tipo de teorías pretende cargarse la cultura dentro de la escuela a pesar que ésta fue creada para transmitirla. Es exigible que nuestro sistema educativo brinde a nuestros hijos lo que muchos padres no pueden. Para ello nuestros vástagos van al colegio y hacen los deberes que se les diseña. Con todo lo anterior se pretende potenciar su autonomía, su capacidad racional y lo más importante, que aprendan por ellos mismos bajo su esfuerzo y sus deberes.

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La realidad es bien simple, sin deberes en casa se estará desaprovechando todo el potencial heredado de nuestros hijos. Para reducir el principal problema de nuestra enseñanza, el lacerante fracaso escolar, hay que mejorar las rutinas de concentración, de deberes y de estudio. Hay que tener en cuenta lo que ocurre en Japón, Corea del Sur y Taiwán, allí los estudiantes dedican en casa una media de trece horas semanales de trabajo y estudio. Ello explica que en PISA obtengan unos resultados óptimos y muy homogéneos entre sus centros.

Resulta imposible que un estudiante tenga éxito en sus aprendizajes si éste no se siente obligado a algo muy simple, estudiar

Resulta imposible que un estudiante tenga éxito en sus aprendizajes si éste no se siente obligado a algo muy simple, estudiar. Sirva para ello el ejemplo del sistema educativo de California. Allí los alumnos latinos tienen una perspectiva fatalista de ellos mismos y fracasan académicamente al no estudiar. En cambio los asiáticos saben que el trabajo sostenido les sirve como ascensor social. En consecuencia los latinos culpan a la sociedad de su frustración y esperan que esta les compense mientras los asiáticos mejoran día a día su situación profesional. De esta manera los asiáticos son los mejores estudiantes del sistema escolar californiano ya que simplemente estudian más. Aquí, en nuestro país, se suspende más al estudiar menos. ¿Y si en ello residiera el problema? A ello vamos en el próximo apartado.

Este artículo forma parte de una serie titulada “Fracaso escolar o fracaso político“, a cargo de nuestro colaborador, David Rabadà.

Entrega anterior: Síntesis y esfuerzo en el aula (11)

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