La ciencia y el derecho frente a los psicópatas

El razonamiento moral de los psicópatas se ve afectado en su parte emocional, pero no en la racional. Es decir, saben distinguir perfectamente entre el bien y el mal y si dañan a los demás; saben perfectamente lo que están haciendo.

Expertos en derecho y psicología abordan la psicopatía en un seminario celebrado en Madrid

.

Entre los días 16 y 17 de junio, se ha celebrado el seminario de formación multidisciplinar “Psicópatas: como son, acción policial y respuesta jurídica”, organizado por el Instituto de Ciencias Forenses y de la Seguridad (ICFS) de la Universidad Autónoma de Madrid en colaboración con la Fundación de la Universidad Autónoma de Madrid (FUAM), y que ha tenido lugar en la Facultad de Psicología del Campus de Cantoblanco.

Seminario de expertos científico y jurídico celebrado recientemente en Madrid.

Expertos en el área, así como comandantes e inspectores de la Guardia Civil y la Policía Nacional, expusieron los últimos conocimientos psicológicos, neurológicos, jurídicos y policiales sobre el tema a los más de 130 inscritos en el curso, alumnos de Derecho, Psicología y otras disciplinas, así como aspirantes a integrar las Fuerzas de Seguridad del Estado.

Se calcula que entre un 1,25% y un 3,46% de la población general (en mayor proporción en hombres que en mujeres) son psicópatas en mayor o menor grado, y un 24,7% entre la población penitenciaria. Sin embargo, pese este escaso porcentaje, los psicópatas presentan una gran versatilidad criminal y son responsables de casi la mitad de los delitos cometidos.

Un hecho a tener en cuenta es que, la psicopatía es un trastorno de personalidad y no todos los psicópatas son criminales o asesinos en serie. Una parte de ellos son personas socialmente adaptadas. El problema estriba en la gran facilidad con la que personas afectadas por este trastorno caen en la delincuencia.

.

Consideraciones científicas

La investigación de los últimos 20 años sitúa la base del problema en una disfunción inicial del sistema límbico y en concreto de las amígdalas que, según las últimas investigaciones, presentan un volumen menor de lo normal. Dicha disfunción amigdalar presenta diversas implicaciones.

Sistema límbico.

Por una parte origina una extrema dificultad para sentir miedo y, por tanto, para temer las consecuencias de sus acciones. Por otra, una dificultad para desarrollar sentimientos de culpa, remordimientos y empatía con el dolor y sufrimiento ajenos.

Es más, los últimos trabajos muestran cómo, en casos de psicópatas criminales, la contemplación de dicho dolor y sufrimiento (causados o no por ellos) va asociada con una activación de las zonas cerebrales implicadas en proporcionar placer y satisfacción. Todo ello dificulta en extremo el desarrollo de lo que conocemos como “conciencia”. El apoyo a la investigación científica en este campo es fundamental.

Todo este cuadro dibuja un paisaje donde, el razonamiento moral se ve afectado en su parte emocional, pero no en la racional. Es decir; saben distinguir perfectamente entre el bien y el mal y si dañan a los demás, saben perfectamente lo que están haciendo.

Amígdalas cerebrales.

Por otra parte, se estima que su índice de reincidencia es, en términos generales, 3 veces mayor que el de la población reclusa en general. Sin embargo, en casos de crímenes sexuales con violencia física (no sexual) asociada, la reincidencia se estima entre el 70 y el 80% al tercer año, y entre el 80 y el 90% entre el cuarto y quinto año.

En cuanto al efecto del tratamiento clínico en prisión, lo mejor que podemos esperar es que no tenga efecto alguno ya que los datos indican que, en buena parte de los casos, dicho tratamiento tiene como consecuencia el agravamiento de la reincidencia.

Pese a este panorama, una investigación reciente (2009) muestra que los delincuentes diagnosticados de psicopatía presentan una probabilidad del 2,5% mayor que la del resto del resto de los delincuentes de obtener la libertad vigilada o la libertad antes de tiempo por buen comportamiento.

.

Consideraciones legales

Desde el punto de vista jurídico, el problema está servido. Por una parte, los trabajos sobre razonamiento moral indican que, pese a la falta de empatía, existe pleno conocimiento racional sobre las consecuencias de las acciones. Por tanto, la responsabilidad penal es plena (a excepción de aquellos casos en que la psicopatía cursa con trastornos psicóticos).

Illustrated London News. 13 de octubre de 1888.

Esta visión choca con el hecho de que, en casos de psicópatas primarios, la probabilidad de reincidir después de 15 ó 20 años de cárcel, sigue siendo alta.

Por otra parte, la psicología y la neurociencia cada vez muestran más claramente el origen biológico de la psicopatía, lo que afecta claramente al concepto de libertad de elección, clave para el derecho penal.

Desde este punto de vista podría argumentarse que el diagnóstico de psicopatía podría convertirse en una circunstancia atenuante si no claramente eximente de la responsabilidad penal. Esto no implica libertad del autor de los hechos, sino su internamiento en centros especializados en los que puedan ser tratados.

No obstante, esta visión también choca con varios problemas entre los que figura la ineficacia de los tratamientos y la incapacidad de imponer tiempos de internamiento iguales o superiores a la pena impuesta. Sin embargo, sea cual sea la decisión que se tome, los datos sobre reincidencia e insensibilidad a los tratamientos son nítidos.

El desarrollo de medidas de libertad vigilada y control aparecen como una vía jurídica que permita proporcionar mayor seguridad a los ciudadanos. La necesidad de profundizar en la legislación al respecto, la dotación y formación de personal encargado de dicha libertad vigilada, y el desarrollo de dispositivos de control son perentorios.

A todo ello se le añade la urgente y perentoria necesidad de formación de jueces y magistrados en los aspectos psicológicos y neurocientíficos que acompañan al fenómeno de la psicopatía.

Dibujo creado por Charles Manson, asesino de Sharon Tate (pareja de Roman Polanski) y sus invitados.

No obstante, la fina y compleja red que supone el Código Penal pone una nota de prudencia ante una investigación que, aunque cada vez más clara y asentada, todavía es muy reciente y no del todo desarrollada. Frente a esta prudencia, se sitúa la gravedad del problema y la alarma social que lo acompaña. Prudencia jamás debe significar inacción.

Formación, reflexión, y acción parecen ser las tres claves para avanzar jurídicamente en este resbaladizo terreno.

Policialmente se está avanzando mucho en nuestro país. La Sección del Análisis del Comportamiento Delictivo de la Unidad Técnica de la Policía Judicial perteneciente a la Guardia Civil, y la recientemente creada Sección de Análisis de Conducta de la Unidad Central de Inteligencia Criminal del Cuerpo Nacional de Policía son dos claros ejemplos de ello.

Los avances en investigación de las llamadas “evidencias psicológicas” tanto en el análisis de escenarios, víctimas, y hechos, enclavadas en las técnicas de perfilado, están incrementando la celeridad y precisión en la identificación de sospechosos.

No obstante, se echa en falta tanto una mayor dotación de personal como el incremento de apoyos tecnológicos orientados a la Gestión Inteligente del Conocimiento, provenientes de la investigación multidisciplinar entre ingeniería informática, psicología criminal, y criminología.


Dejar comentario

Deja tu comentario
Pon tu nombre aquí