El historiador Frédéric MonierEntrevista publicada por la UAB

“Casos como LuxLeaks muestran que la corrupción ha cambiado de escala”

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Frédéric Monier, historiador experto en modalidades informales de ejercer el poder político que colabora con el Grupo de Historia del Parlamentarismo, impartió la charla “La corrupción política tiene una historia: propuestas para una investigación comparativa” en la Facultad de Filosofía y Letras de la UAB.

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UAB / El 20 de febrero, el Grupo de Historia del Parlamentarismo (GHP) organizó una charla con Frédéric Monier, catedrático de historia contemporánea en la Université d’Avignon et des Pays de Vaucluse, sobre la corrupción política y su percepción durante los siglos XIX y XX. Es uno de los principales investigadores, junto con Olivier Dardo (Université de la Sorbonne) y Jens Ivo Engels (Universität Darmstadt), de un programa para analizar la corrupción en la Europa contemporánea en el que participa el GHP.
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Gemma Rubí, profesora del Departamento de Historia Moderna y Contemporánea de la UAB y miembro del GHP, condujo el acto, en el que Monier repasó la evolución de la concepción de la corrupción y la virtud en la cultura política occidental de Montesquieu en nuestros días y la historiografía producida sobre el tema. La cuestión de fondo, según explica, no es exactamente la corrupción sino los “sistemas de valores políticos” que hay detrás tanto de las prácticas como de la percepción que tenemos de ellas.
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¿Hoy en día, hay más corrupción política que en el pasado?
Ha cambiado la sensibilidad. Quizás toleramos menos que antes algunas prácticas interesadas y de tráfico de influencias porque nuestras expectativas son más altas. Pienso también que hay una especie de mundialización de las influencias y de los intereses. Por ejemplo: el caso LuxLeaks (el papel de Jean-Claude Juncker en Luxemburgo, los impuestos muy bajos para las grandes sociedades multinacionales …) muestra claramente que las influencias políticas y la corrupción han cambiado de escala. Por tanto, han cambiado las prácticas y también nuestros valores.
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¿Desde cuando se conoce el fenómeno de la corrupción ligado a la financiación de los partidos políticos?
A partir del momento en que los jefes políticos organizan partidos. Ya no pueden proporcionar favores y ventajas mediante sus bienes personales o no pueden contar sólo con ellos y se ven obligados a utilizar una fuerza política colectiva. A partir de entonces, hay que financiar la vida política y, a medida que pasa el tiempo, esto se hace cada vez más costoso.
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¿Usted habla en Corruption et politique: rien de nouveau? (Armand Colin, 2011) del caso Woerth-Bettencourt. ¿Qué impacto ha tenido?
Tuvo dos consecuencias. A corto plazo, el escándalo fue un arma estratégica para desacreditar la reforma de la jubilación que promovía Éric Woerth (ministro de Trabajo en el gobierno de Nicolas Sarkozy). A medio plazo, contribuyó, sin duda, en la victoria de François Hollande en las elecciones del 2012. Nicolas Sarkozy perdió su imagen de incorruptible, de hombre nuevo ajeno al viejo medio político.
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¿Los ciudadanos son más sensibles al problema de la corrupción porque están mejor informados?
Creo que hay más fuentes de información disponibles para la ciudadanía. Por otra parte, hay diferencias crecientes, sociales y culturales, dentro de la propia sociedad en cuanto a los medios de comunicación. Las personas más ricas y más influyentes, tienen fuentes de información más diversas. Las personas más desafortunadas, en cambio, tienen aún más necesidad de la televisión y de los medios tradicionales en general.
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Comenta en el libro que la sensibilidad ante el fenómeno está también ligada a las prácticas de los ciudadanos ordinarios.
La sensibilidad por la corrupción depende también nuestro punto de vista sobre los servicios que podemos pedir a los políticos en pequeñas cosas

Los resultados de algunas encuestas sociológicas de Gallup o Transparencia Internacional muestran que la sensibilidad por la corrupción depende también nuestro punto de vista sobre los servicios que podemos pedir a los políticos en pequeñas cosas.

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A veces parece que las personas de izquierdas son más exigentes con sus representantes. ¿Qué piensa?
Las culturas políticas no son las mismas a la derecha y a la izquierda. Pero, al mismo tiempo, no puedo decir que la izquierda sea siempre honesta o incorruptible. Lo que hay son culturas diferentes sobre qué cosas, tradicionalmente, se pudo hacer y cuáles no. Por ejemplo: los socialistas franceses, durante mucho tiempo, rechazaban las condecoraciones honoríficas que se les concedía (la Legión de Honor, etc.). Para una persona de derechas, al contrario, era un honor.
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¿Cómo han evolucionado los estudios académicos sobre el tema de la corrupción en los últimos años?
Hasta principios de los años 2000, la corrupción era un problema de cada país y de un momento histórico determinado. Por ejemplo: en España, el caciquismo de la restauración o los problemas de la actualidad; en Francia, la corrupción de la tercera república y los escándalos; en Alemania, el problema de la República de Weimar… A comienzos del siglo XXI, aparecen los primeros estudios que dicen que no es un problema únicamente nacional ni de momentos determinados. Es necesario, pues, hacer comparaciones. Y aparece así una nueva historiografía.
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Usted trabaja en un ambicioso programa de investigación sobre el análisis de la corrupción en la Europa contemporánea.
Es un medio para discutir con colegas de la UAB y de otros países europeos: alemanes, belgas, suizos, portugueses, noruegos… Es la prueba de que no sólo es un tema de actualidad sino una cuestión interesante desde el punto de vista científico.
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