La demanda social en la conciliación

Entrevista publicada por la UB

Maria Rosa Buxarrais, sobre la conciliación: «Hasta que no haya una demanda social contundente, no se producirá un cambio en esta dirección»

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Este martes, 27 de enero, a las 19 h, se presentará el libro La conciliación familiar, laboral, social y personal: una cuestión ética en la librería Documenta (Pau Claris, 144. Barcelona). Las editoras y coautoras del libro —Maria Rosa Buxarrais, catedrática de Educación Moral de la UB, y Marta Burguet, profesora de Pedagogía de la misma Universidad— participarán en este acto, que presentará Anna Mercadé, directora del Observatorio Mujer, Empresa y Economía de la Cámara de Comercio de Barcelona.

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Maria Rosa Buxarrais, catedrática de Educación Moral de la UB.
Maria Rosa Buxarrais, catedrática de Educación Moral de la UB.

UB / La librería Documenta ha acogido, desde el mes de enero, el fondo editorial de la Universidad de Barcelona; de esta manera, se suma a la lista de librerías de referencia con las que trabaja Publicacions i Edicions de la UB. Librería emblemática fundada en 1975 por Josep Cots y Ramon Planas, especializada en humanidades, se ha trasladado recientemente a la calle de Pau Claris, en el corazón del Eixample, después de más de cuarenta años de tener la sede en la calle Cardenal Casañas.

Hablamos en esta entrevista con Maria Rosa Buxarrais, coautora del volumen, que nos explica las claves de su obra.

El libro evidencia la necesidad de ordenar la vida personal antes de intentar conciliar todo lo demás. Sin embargo, el papel de las políticas públicas en torno a la conciliación sigue siendo importante. ¿Qué papel deberían desempeñar estas políticas públicas? ¿Cree que son eficientes para resolver el problema?

Ciertamente, las políticas públicas también podrían priorizar que las personas se preocupen por organizarse la vida personal, tratando de facilitar que la gestión de tiempo y de espacios familiares o compartidos no recaiga siempre sobre las mismas personas. Aun así, se trata de responsabilidades compartidas: por un lado, las que se deben asumir en lo personal, que nadie puede manejar por sí mismo y que, en definitiva, son las que hacen crecer personal y colectivamente, y por otro lado, las que son competencia pública, para priorizar y permitir que la ciudadanía pueda emprender su vida de manera responsable, autónoma y adulta.

Por ejemplo, en los hogares donde nadie se hace cargo de las cuestiones compartidas (tanto si se trata de llenar la nevera como de tener la ropa limpia), probablemente se educarán ciudadanos con poca capacidad para gestionar la vida compartida con los demás y los asuntos de la colectividad; de modo que se favorecerá que solo se ocupen de los intereses personales y olviden los asuntos comunes.

Nos consta, sin embargo, que actualmente hay iniciativas para llevar a cabo una reforma horaria que permita disponer de tiempo para realizar actividades diversas, de los diferentes ámbitos que se tratan en el libro.

 

La falta de conciliación ¿es consecuencia de los ritmos de vida que conlleva la modernidad, o de una educación ética deficiente?

De ambas cosas. Por un lado, el ritmo actual lo hace bastante difícil, no solo por el tiempo sino también por los espacios. Recordemos que conciliar es cuestión de gestionar espacios y tiempos. Por ello, la conciliación es mucho más compleja en las zonas urbanas que en el mundo rural. Así como en las grandes urbes familias muy nucleares tienden a vivir en espacios reducidos, en la zona rural a menudo los espacios son mucho más amplios y compartidos por unidades familiares más extensas. Todo ello determina mucho la conciliación. Pero al mismo tiempo, es una problemática que corresponde al terreno de los valores y pertenece a la competencia ética.

También debemos tener presente la cuestión del género asociada a las tareas domésticas y de cuidado de los demás. El reparto de tareas en el hogar sigue siendo desigual, en beneficio de los hombres, que, en términos generales, se ocupan menos de ellas y tienen más tiempo para realizar actividades de carácter social, como por ejemplo la participación asociativa y política.

 

Considera la conciliación un principio ético que debe ser aprendido y asimilado. ¿Cómo lo haría posible?

Los valores y los comportamientos éticos se aprenden más a partir de modelos que se imitan, y por contagio, que mediante grandes discursos y palabras

Los valores y los comportamientos éticos se aprenden más a partir de modelos que se imitan, y por contagio, que mediante grandes discursos y palabras. Influye más ver que los adultos del núcleo familiar lavan, limpian y hacen espacio en sus agendas para tener tiempo para ellos mismos, para la limpieza de los espacios familiares y para los otros (padres, hijos o personas que lo necesiten), que lo que digan a sus hijos sobre qué hacer.

 

¿Cree que falta sensibilidad social o política respecto a este tema? ¿Por qué?

Sí, cada día nos encontramos con una falta de sensibilidad ciudadana —no solo a escala política—, y una falta de conciencia personal y colectiva. No se entiende que en algunos contextos laborales se atienda más a ello —como en el mundo educativo o médico, que en general tienen una sensibilidad social más alta—, y que, por el contrario, en entornos profesionales de nivel elevado, o bien en el mundo del comercio y de los servicios del tercer sector, no se tenga muy en cuenta.

Hay que tener presente que en el mundo rural la dedicación a las tareas de la agricultura siempre ha supuesto una cantidad innumerable de horas, y ello no ha ido en detrimento de la gestión del hogar o del cuidado de los miembros de la unidad familiar, sino que más bien estas tareas se han compartido entre todos, grandes y pequeños, que las asumían conjuntamente como una forma también de convivencia.

Y en muchos países se ha comprobado que la conciliación es una variable que conlleva muchos beneficios, entre los que está el bienestar de las personas. Hasta que no haya una demanda social contundente, no se producirá un cambio en esta dirección.

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