La prensa reflejó en todo momento que se trataba de un fraude alimentario

La lección tras el caso del fraude de la carne de caballo

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La seguridad y la calidad alimentarias son ejes muy importantes en todos los países de la Unión Europea. Cada año aumenta la reglamentación de la industria alimentaria y los controles se vuelven más estrictos. Aún así, en el año 2013 se detectó carne de caballo en productos etiquetados como carne de origen bovino.

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UPF / El lunes, 23 de noviembre, ha tenido lugar la jornada “El impacto del fraude de la carne de caballo. ¿Qué hemos aprendido de la experiencia?”, que ha reunido a representantes de todos los sectores que gestionan la seguridad de los alimentos para hablar del caso del fraude de la carne de caballo sucedido en 2013. Joan Girona,director general de Alimentación, Calidad e Industrias Agroalimentarias del Departamnento de Agricultura, Ganadería, Pesca y Alimentación (DARP) ha presentado la jornada centrándose en la opinión pública del caso. “A pesar de no afectar a la salud, este fraude atacó directamente la confianza de los consumidores. Perdieron la confianza en un sistema que no les decía que aquello que comían no era lo que las etiquetas indicaban.”

Las redes sociales mostraban ironía y burla frente al sistema de control alimentario

Glòria Cugat, subdirectora general de Inspección y Control Agroalimentario del DARP, ha introducido los resultados de los trabajos técnicos sobre el impacto de la crisis del fraude de la carne de caballo que han presentado sus autores: “La comunicación del fraude del la carne de caballo” por Gema Revuelta, directora del Centro de Estudios de Ciencia, Comunicación y Sociedad (CCS-UPF) de la UPF, e “Impacto en los mercados y comportamiento de los consumidores”, por Chema Gil, director del Centro de Investigación en Economía y Desarrollo Agroalimentario, centro impulsado por la Universidad Politécnica de Cataluña (UPC) y el Instituto de Investigación y Tecnología Agroalimentarias (IRTA).

Gema Revuelta ha analizado la difusión que se hizo del caso, prestando atención a la información distribuida por los medios de comunicación convencionales, las redes sociales y las webs corporativas. La prensa reflejó en todo momento que se trataba de un fraude alimentario y puso énfasis en la necesidad de reforzar el control sobre los productos a consumir. Pero las redes sociales mostraban además comentarios personales irónicos y de burla, denotando la decepción que parte de la sociedad sentía hacia el sistema de control alimentario.

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Variaciones en el consumo doméstico de carne picada

Los datos numéricos del caso los ha aportado Chema Gil, quien ha declarado que ni la producción ni las exportaciones de nuestro país se vieron afectadas por el fraude de la carne de caballo. No obstante, sí que se vieron variaciones en el consumo doméstico de carne picada: no sólo lo redujeron, sino que además decidieron asegurar la calidad de este producto comprándolo más caro de lo que lo hacían antes. “Existe un desconocimiento profundo de los controles y medidas que se producen, pero hay una sensación de que cada vez los alimentos son más seguros.” Con este desconocimiento Gil concluye, tal y como lo hizo Girona, que la población ha adquirido un sentimiento de resignación y de desconfianza hacia la industria alimentaria.

La población ha adquirido un sentimiento de resignación y de desconfianza hacia la industria alimentaria

Además de las conferencias, una mesa redonda moderada por la presidenta de la Asociación Catalana de Comunicación Científica (ACCC), Cristina Ribas, ha abierto el debate entre diferentes representantes del sector: Montserrat Alomà, jefa de la oficina de comunicación del DARP, como representante de las administraciones públicas; el responsable de Seguridad Alimentaria del AECOC, Xavier Pera, como representante de las empresas, y Anna Burgués, responsable técnica de la Unión Cívica de Consumidores y Amas de Casa de Cataluña, como representante de los consumidores. Los tres han coincidido en el papel bien jugado por parte de las administraciones, que fueron transparentes en todo momento, y en lo positivo de la existencia de iniciativas como la jornada en cuestión, en la que se reúnen todos los sectores que gestionan la confianza en los alimentos.

El cierre de la jornada ha ido a cargo de Alfonso Conesa, director de la Agencia Catalana del Consumo, que ha destacado la parte más positiva del caso señalando la concienciación que han adquirido tanto los consumidores, que han visto una buena respuesta por parte de las administraciones, como las empresas, que entienden que los productos deben ser totalmente transparentes.

El acto lo ha organizado el Departamento de Agricultura, Ganadería, Pesca y Alimentación de la Generalitat de Cataluña, el Centro de Estudios de Ciencia, Comunicación y Sociedad de la UPF y el Centro de Investigación en Economía y Desarrollo Agroalimentario (CREDA-UPC-IRTA), en colaboración con la Asociación Catalana de Comunicación Científica y se enmarca como actividad del Plan Anual de Transferencia Tecnológica (PATT 2015) del DARP.

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