La «Diada» del Espía (Mitford Crowe)

Homenaje A Rafael Casanova en la Diada de 1914.

Tal día como hoy… 11 de septiembre de 1714 la ciudad de Barcelona se rendía a las fuerzas del Duque de Berwick

 

El 11 de septiembre de 1714 la ciudad de Barcelona se rendía a las fuerzas del Duque de Berwick. Desde el año 1980 y en conmemoración de estos hechos, el 11 de septiembre es La Diada Nacional de Catalunya. Pero bien podría ser también el Día Internacional del Espía, en un moralmente dudoso homenaje al hombre que tanto hizo para organizar el desaguisado que tan bien concluyó en este día para su país: un agente inglés llamado Mitford Crowe.

 

CV / Contra lo que suele pensarse, la llegada de Felipe V no suscitó en un principio mayores problemas en Cataluña. Siguiendo los consejos de su abuelo Luis XIV –cuyo objetivo era usufructuar comercialmente el imperio colonial español-, se aprestó a jurar presencialmente los fueros de Aragón, Cataluña y Valencia-. Incluso residió temporalmente en Barcelona y celebró su matrimonio en Cataluña.

Contra lo que suele pensarse, la llegada de Felipe V no suscitó en un principio mayores problemas en Cataluña

Pero cuando empezó a favorecer los intereses comerciales franceses en las colonias, Inglaterra, Portugal y Holanda vieron peligrar sus lucrativos negocios en el moribundo imperio español, y se aliaron con Austria, declarándole la guerra a Francia y a España. Se inició con ello la Guerra de Sucesión Española, una guerra por la hegemonía europea cuyo trasunto fue la disputa dinástica por la corona española entre Habsburgos y Borbones. El papel de España, y Cataluña con ella, fue el de mera comparsa.

Desde el inicio de la guerra, Francia se estaba imponiendo en los frentes europeos. Inglaterra concibió entonces el proyecto de abrir un nuevo frente en el eslabón más débil del enemigo, España, introduciendo al pretendiente austriaco –el archiduque Carlos- para obligar a Luis XIV a distraer sus fuerzas de otros escenarios más importantes. Y este es el contexto en el que entra en escena nuestro espía de hoy.

Grabado de Mitford Crowe (1703), por John Smith, después Thomas Murray / Wikimedia

Mitford Crowe (1669-1719) era miembro segundón de una familia inglesa de tradición diplomática. Metido a comerciante, recaló en Barcelona con un negocio de exportación de aguardiente durante la última década del siglo XVII. Luego regresó a Inglaterra y fue miembro del Parlamento. En 1702, la reina Ana Estuardo lo envió de nuevo a España con una misión muy concreta y con los recursos para llevarla a cabo: conseguir que la Corona de Aragón se sublevara contra Felipe V y reconociera como rey de España al Archiduque Carlos, abriendo así el nuevo frente. Tenía permiso para negociar en nombre de la reina y prometer lo que considerara oportuno.

Crowe organizó algunas partidas austracistas de vigatans en el interior de Cataluña, y actuó de enlace con la flota anglo-holandesa que iba a atacar Barcelona. Pero las autoridades catalanas se mantuvieron fieles a Felipe V y las partidas reclutadas por Crowe se retiraron. El 27 de mayo de 1704, la flota empezó a bombardear Barcelona y las tropas desembarcaron. El virrey Velasco apenas disponía de mil hombres, por lo que solicitó la ayuda de la milicia local, la Coronela, que aportó 3.700 y rechazaron a los atacantes. El plan había fracasado, pero ocurrió un milagro.

Y el milagro fue que al virrey Velasco le entró manía persecutoria y empezó una fuerte represión contra todo indicio de austracismo, poniéndose a la población en contra. De haber sido el propio Velasco un espía inglés, no lo hubiera hecho mejor… Crowe se las arregló entonces para enviar a Génova una «representación» de notables, casi elegida por él mismo, para «negociar» con Inglaterra la implicación catalana en la guerra. Como es de suponer, agasajó debidamente a unos «notables» nada duchos en política internacional y les prometió todo lo que hizo falta y más, cumpliendo las instrucciones de la reina: “(…) contratar una alianza entre nosotros y el mencionado Principado o cualquier otra provincia de España”. Y lo consiguió…

El virrey Velasco había hecho su parte del trabajo y con nota: de tanto detener austracistas, no quedaban borbónicos en Barcelona

Mientras tanto, el virrey Velasco había hecho su parte del trabajo y con nota: de tanto detener austracistas, no quedaban borbónicos en Barcelona. Al año siguiente, la flota aliada se presentó ante Barcelona y 17.000 soldados atacaron la ciudad. Esta vez la milicia no opuso la misma resistencia –sus jefes estaban en la cárcel-. El 9 de octubre de 1705 Barcelona capitulaba. El Archiduque Carlos se coronaba rey de España y era reconocido por Cataluña, Aragón y Valencia. Crowe había cumplido satisfactoriamente su misión. Por entonces estaba ya en Londres gestionando su nombramiento como gobernador de las Barbados…

En 1712, tras diez años de conflicto y muchos cambios de fortuna, los contendientes se reunieron en Utrecht para acabar con la guerra y repartirse el pastel: Luis XIV renunció a sus proyectos comerciales a cambio de que Felipe V quedara como rey de España y de las Indias, pero renunciando éste a sus derechos a la corona francesa. Austria obtuvo Nápoles, Flandes, el Milanesado y Cerdeña. Portugal recibió de España la colonia de Sacramento y, como Holanda, distintos privilegios comerciales; Inglaterra se quedaba con Gibraltar, Menorca, Nueva Escocia, Hudson, Terranova y obtenía el «asiento de negros»; incluso el ducado de Brandemburgo pasó a convertirse en el reino de Prusia. Todo el mundo «rascó» algo… Pero quedaba el caso de los catalanes… Lo zanjó el representante inglés en Utrecht, lord Bolingbroke: “Preservar las libertades de los catalanes carece de cualquier interés para Inglaterra”.

Tras el Tratado de Utrecht (1713), los catalanes quedaron abandonados a su suerte por los mismos que los habían embaucado en el embrollo

Tras el Tratado de Utrecht (1713), los catalanes quedaron abandonados a su suerte por los mismos que los habían embaucado en el embrollo. Resistieron sin esperanza un año y medio más, hasta la caída de Barcelona el 11 de septiembre de 1714. Tras la rendición, muchos de sus jefes militares –‘Carrasclet’, ‘Ermengol Amill’…- colaboraron con Francia en la siguiente guerra con España (1719) sirviendo a las órdenes del duque de Berwick (!), el mismo que había tomado Barcelona en 1714. Al final, la mayoría se refugiaron en la corte del emperador Carlos VI, su antiguo rey. Otros, como Moragues, corrieron peor suerte y fueron ejecutados. Y Mientras tanto, Crowe en las Barbados…

Mitford Crowe murió en 1719, a los 50 años de edad. ¡Vaya la que lió el espía!

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