La diáspora de los sapiens hacia el norte

Homo sapiens / Wikimedia - Matteo De Stefano / MUSE

Parece que entre los 100.000 y los 50.000 años los sapiens comenzaron a alcanzar latitudes septentrionales por Asia y Europa. Ello pudo suceder gracias a dos adquisiciones. O bien hubo un cambio de dieta y tecnología, o bien una mutación a piel clara, que no albinismo. La pérdida de melanina en la dermis pudo devenir crucial para estas poblaciones de cazadores recolectores.

 

David Rabadà | Catalunya Vanguardista  @DAVIDRABADA

Sapiens, de origen africano, ostentó originalmente una piel oscura que reduciría la absorción de los ultravioletas. Estos regulan la producción de vitamina D que a su vez controlaba la absorción de calcio y la efectividad del sistema inmunológico. Es decir, los sapiens de piel oscura corrían el riesgo de sufrir mayor mortalidad y raquitismo en latitudes altas mientras sus mujeres metabolizarían mal el esqueleto de sus fetos y sufrirían deformaciones en su pelvis (osteomalacia). Todo ello pudo implicar una mayor tasa de abortos y de muertes durante el parto, es decir, una menor tasa de reproducción.

En su conjunto, y a sabiendas que los sapiens melánicos se dirigieron hacia el norte, debemos suponer que evitaron que mermara su capacidad reproductiva. Una mutación a pieles más claras lo hubiera hecho posible.

Muchos expertos indican que un cambio en dieta y técnicas permitieron la diáspora septentrional de sapiens

De todas formas los hechos parecen contradecir la hipótesis anterior ya que la piel de los últimos cazadores europeos era oscura. Así lo indicó el ADN hallado en Cheddar, Gran Bretaña, de 10.000 años, y el de La Braña, León de 7.000. Entonces, y si el factor piel no devino la adaptación para la conquista del norte, ¿qué lo fue?

Muchos expertos indican que un cambio en dieta y técnicas permitieron la diáspora septentrional de sapiens. Justamente entre los 100.000 y los 50.000 años evolucionó un nuevo tipo de talla distinto al modo III. Una de las técnicas empleadas era la equivalente a la de los sapiens de la cordillea Cantábrica de hace unos 20.000 años pero en aquel caso se halló en Blombos, Sudáfrica, con una edad de unos 75.000. La técnica consistía en la talla de un sílex, y previamente calentado al fuego, presionado con la punta de un hueso sobre los bordes de la lasca. Con ello mejoraban los bordes de la hoja y la diversidad de usos i eficiencia.

Justamente entre los 100.000 y los 50.000 años evolucionó un nuevo tipo de talla distinto al modo III

En cierta forma habían entrado en una de las variedades de talla tipo 4 pero mucho antes de lo que se pensaba. Así se publicó en el Science de octubre de 2010 indicando una posible eclosión cultural por aquel entonces. Incluso en aquellas épocas, y en el yacimiento de Sidubu en Sudáfrica, se han identificado colchones de hojas para dormir de hace 77.000 años. La sorpresa salió publicada en el Science de diciembre de 2011. Cabe añadir en el mismo Blombos el hallazgo de arte simbólico representado por unas cuentas de collar impregnadas con pigmentos y unos grabados en ocre sobre una piedra de la misma cueva, todo ello cerca otra vez de los 75.000 años.

Pero la cosa no quedó aquí, y en el Current Biology de agosto de 2003 fueron publicados nuevos hallazgos al respecto de esta eclosión cultural. Analizando el ADN mitocondrial de los piojos que ponen sus huevos en la ropa se pudo determinar que hace unos 70.000 éstos empezaron a evolucionar como nuestros inquilinos, es decir, que el uso de prendas de manera generaliza fue cerca o más allá de esos 70.000 años. Pero aquí cabe preguntarse lo siguiente, ¿por qué cerca de los 70.000 años hubo tantas novedades tecnológicas?

Lago Toba (caldera del volcán), Sumatra, Indonesia / Wikimedia

Para Jean Jacques Hublin del Instuto Max Planck en Alemania en aquellas épocas eclosionó una gigantesca caldera en Indonesia. Exactamente hace unos 74.000 años el supervolcán Toba emitió unos 2.800 quilómetros cúbicos de roca durante una supererupción. Aquello provocó una crisis ecológica por Ásia y África por culpa del polvo volcánico dispersado. La radiación solar disminuyó y las cadenas tróficas se desplomaron. Se supone que la población humana cayó en picado y que pocos pudieron repoblar de nuevo muchas zonas.

Ante tal atropello los humanos tuvieron que mejorar sus técnicas, incluso hasta ponerse ropa elaborada. Ese cambio cultural propició la salida desde África hacia el norte de los pocos sapiens que adquirieron esta revolución paleolítica. De hecho, y por genética, se estima que hubo una gran diáspora de sapiens desde África hacia Asia alrededor de esos 70.000 años. Así fue publicado en Nature Communications en julio de 2017. Incluso el análisis genético de la bacteria de nuestras úlceras, y las mutaciones en el gen PTT, indican esta diáspora de sapiens más allá de los 70.000 años.

El cambio cultural propició la salida desde África hacia el norte de los pocos sapiens que adquirieron esta revolución paleolítica

No obstante, y encajando con lo anterior, hace unos 73.000 años se produjeron veranos cálidos e inviernos templados en el hemisferio Norte, algo que quizás desde África los sapiens pudieron aprovechar para expandirse. Esta diáspora debió extender individuos africanos y melánicos por Eurasia. De hecho los que llegaron a Australia fueron de piel oscura, algo que nos indica que la adquisición de dermis claras fue muy posterior. Más tarde, y cuando desde Asia los sapiens se extendieron hacia Europa, muy probablemente no mutaron su piel oscura pero sí mejoraron sus técnicas y dietas bajo el nuevo modo IV.

Ello ocurrió hace más de 45.000 años empujados por unos glaciares que avanzaban por el norte desde Siberia. Por aquel entonces los sapiens ya habían llegado a Gran Bretaña e Italia según un Nature de noviembre de 2011, y también se habían establecido hace 55.000 años en Israel según otro Nature de junio de 2015. Pero, y en base al ADN actual, no sólo hubo una primera migración sino que se dieron diversas, en épocas distintas y con modalidades de talla IV diferentes, por tanto la tesis de una mejora técnica y dieta ha ido cobrando más adeptos. Incluso sabemos que estos sapiens mantenían la patrilocalidad siendo las mujeres quienes se mudaban de clan.

Algunos de estos sapiens vivían en tepees, un tipo de cabaña que todavía vemos entre los sataán del norte de Mongolia y en muchos de los indios americanos / Wikimedia – Galería Whitney de Arte Occidental

Hasta la música formaba parte de su idiosincrasia gracias a unas flautas de hueso halladas en Alemania de 43.000 años y publicadas en el Journal of Human Evolution en mayo de 2012. En cuanto a sus campamentos sabemos que algunos de estos sapiens vivían en tepees, un tipo de cabaña que todavía vemos entre los sataán del norte de Mongolia y en muchos de los indios americanos. Los primeros todavía siguen nómadas, al menos así lo ratifiqué cuando estuve con ellos en julio de 2004. El resto de aborígenes norteamericanos vive hoy en día en reservas con algunos tepees para turistas.

Hasta la música formaba parte de su idiosincrasia gracias a unas flautas de hueso halladas en Alemania de 43.000 años

En todas las etnias anteriores los ojos rasgados se dan con alta frecuencia, algo común en los lapones que por su ADN parecen los más afines a los primeros pobladores europeos. De ello podemos suponer que los primeros en llegar a Europa trajeron este rasgo y que sus originarios asiáticos lo llevaron también quizás a América. Pero la hégira de sapiens hacia el norte todavía no había terminado. Nuevas adquisiciones culturales los llevarían a mejorar su caza y recolección. De ello hablaremos en el próximo capítulo.

Este artículo es la continuación de una serie titulada “Prejuicios y Evolución Humana“, a cargo de nuestro colaborador científico, David Rabadà.

Entrega anterior: Sapiens y su expansión paleolítica (entrega 32)

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