‘La Diligencia’ de John Ford

La diligencia / Artistas unidos - Wikimedia

Tal día como hoy… 3 de marzo de 1939 tenía lugar en los EEUU el estreno de ‘La Diligencia’

 

El 3 de marzo de 1939 tenía lugar en los EEUU el estreno de ‘La Diligencia’ –Stagecoach-, película que se convirtió en un icono fundacional del género del Western y convirtió a su director, John Ford (1894-1973) en un clásico de la historia del cine. Obtuvo dos premios Óscar en 1940, a la mejor banda sonora y al mejor actor de reparto –el premio a la mejor película fue para ‘Lo que el viento se llevó’-.

 

CV / La Biblioteca del Congreso de los Estados Unidos catalogó en 1995 ‘La Diligencia’ como una obra “Cultural, histórica y estéticamente significativa”, procediendo a su preservación en el National Film Registry.  Fue el primer largometraje sonoro dirigido por John Ford.

La Biblioteca del Congreso de los Estados Unidos catalogó en 1995 ‘La Diligencia’ como una obra “Cultural, histórica y estéticamente significativa”

El género del Western es prácticamente tan antiguo como el cine. Ya con el cine mudo habían proliferado películas de Cowboys y de indios. El propio John Ford había trabajado como actor y como director en algunas de ellas. Pero no fue hasta ‘La Diligencia’ que dejó de ser un subgénero para entrar con nombre propio en el conocido como séptimo arte.

Hay dos cosas que debemos tener presentes a la hora de hablar del Western. La primera es que, en tanto que época convertida en mito fundacional, el rigor histórico acostumbra a brillar por su ausencia. Y no solo esto, también la visión sobre el Far West irá variando a lo largo del tiempo en función de cómo, de acuerdo con su propia realidad, cada presente proyectará sobre este pasado reciente su propia manera de entenderse a sí mismo. La segunda, que suele ser omitida, es que la mayoría de las grandes películas del Oeste son guiones basados en novelas comerciales de escasa calidad que en su momento pasaron (literariamente) sin pena ni gloria, pero que, en muchos casos, trasladadas al celuloide, adquirieron el rango de obras maestras. ‘La Diligencia’ es una de ellas.

Ford conoció personalmente, entre otros, a Wyatt Earp, y se hizo amigo de los indios navajos, a los que contrató para sus posteriores películas

No es que John Ford fuera una excepción. Ni sus películas eran más históricamente veraces, ni tampoco rehúye en absoluto la caracterización de los tiempos del Far West como mito fundacional de los EEUU. Pero sí hay dos elementos que, debidamente combinados, le convirtieron en un «grande», no solo del género del Western, sino de toda la historia del cine. Por un lado, tuvo información directa sobre una época que en su juventud acababa prácticamente de concluir, y se interesó por conocerla, de la mano de los relatos de viejos cowboys y pistoleros, con muchos de los cuales coincidió haciendo de «extra» en películas de cine mudo. Conoció personalmente, entre otros, a Wyatt Earp, y se hizo amigo de los indios navajos, a los que contrató para sus posteriores películas.

Por el otro lado, presenta también la característica de que en sus películas, aunque ambientadas en un contexto histórico determinado como es el del Oeste americano, los dramas humanos que se despliegan en sus tramas son atemporales; el Oeste es solo el escenario en que se producen y desenvuelven, pero podrían darse en la antigua Grecia o en los tiempos actuales. Y esto es lo que hace de él un clásico.

En ‘La Diligencia’ confluyen en un espacio que necesariamente deberán compartir durante el forzoso trayecto, una serie de personajes que son, a la vez, históricos y ahistóricos

Un inmejorable ejemplo de lo que estamos diciendo es precisamente la película cuya efeméride hoy conmemoramos. En ‘La Diligencia’ confluyen en un espacio que necesariamente deberán compartir durante el forzoso trayecto, una serie de personajes que son, a la vez, históricos y ahistóricos. Históricos en la medida que representan arquetipos de una época y un contexto que luego devendrán iconos del género: el pistolero, la prostituta, el médico alcohólico, el jugador ventajista, el banquero fraudulento, la joven esposa pequeño-burguesa de un militar, el viajante de comercio…

Todos ellos con su drama humano a cuestas, y trasladables a tantos otros escenarios solo con cambiar su rol concreto, pero con el miso arquetipo. Apestados sociales que no son, en rigor, ni mejores ni peores que los que les han proscrito y con los cuales convergen en el espacio cerrado de la diligencia, única seguridad frente a un exterior hostil. Y serán precisamente estos apestados los que demostrarán tener a la hora de la verdad, cuando la realidad formal que constituye la cotidianidad se quiebra, una altura moral de la que carecen sus proscriptores. Fue en el Oeste, sí, pero hubiera podido ser en cualquier otro lugar y tiempo. En definitiva, una obra maestra.

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