La ejecución de la elefanta Topsy

La elefanta Topsy tras ser electrocutada / Wikimedia

La última víctima de la «Guerra de las Corrientes»

 

Como ingeniero e inventor y empresario, Thomas Alva Edison está considerado un auténtico genio. Se le ha presentado un triunfador y la perfecta síntesis del genio que sabe combinar teoría y práctica, que no se pierde por los cerros de Úbeda y que va siempre al grano. Sin embargo, hay pocas dudas de que, moralmente hablando, se trataba de un sujeto más bien bajuno.

 

CV / La falta de escrúpulos que Edison acreditó durante la guerra de las corrientes es más o menos conocida, aunque no lo es tanto que para mostrar los peligros de la corriente alterna, se dedicó a ejecutar sistemáticamente animales en público mediante electrocución: perros, caballos, gatos… y un elefante. Se trataba de influir en la opinión pública para que se manifestara favorable a la corriente continua frente a la corriente alterna.

La llamada «guerra de las corrientes» fue una pugna comercial que, a finales del siglo XIX, enfrentó a Edison y su empresa, la General Electric, con la Westinghouse Electric y las patentes de Nikola Tesla

La llamada «guerra de las corrientes» fue una pugna comercial que, a finales del siglo XIX, enfrentó a Edison y su empresa, la General Electric, con la Westinghouse Electric y las patentes de Nikola Tesla. El motivo fue quién se iba a llevar el gato al agua con los sistemas de transmisión de energía eléctrica que por entonces se estaban instalando en todo el país.

El primer tipo de luz eléctrica de cierto éxito había sido el de las lámparas de arco, que funcionaban con corriente alterna y empezaron a generalizarse a partir de 1870 por toda Europa. Pero solo servía para iluminar exteriores. Por lo demás, requería de altos voltajes, mantenimiento intensivo, emitía constantemente zumbidos y existía riesgo frecuente de incendios. Edison, por su parte, concibió y fabricó la lámpara incandescente, que funcionaba con corriente continua y permitía además acceder a un nicho comercial que estaba fuera de las posibilidades de la lámpara de arco: podía llevarse al negocio o al hogar del cliente. El inconveniente de la corriente continua, por su parte, era que solo podía transportarse a distancias reducidas. Circulaba a 110 voltios desde su generación hasta su destino final, alcanzando como mucho un kilómetro y medio de distancia desde la planta generadora.

Tesla era, en cambio, un convencido de la superioridad de la corriente alterna sobre la continua. Entendió que las pérdidas en la transmisión de la electricidad dependían de la intensidad de la corriente –el efecto Joule-. Siendo la potencia el producto de la intensidad por el voltaje, si se aumentaba este, entonces disminuía la intensidad necesaria para transportar una determinada potencia, disminuyendo drásticamente las pérdidas. Y diseñó los transformadores que podían regular el voltaje, tanto de salida como de llegada. Con un transformador electromagnético se elevaba el voltaje, se transportaba y, al llegar a su destino, se procedía a la inversa con otro transformador. Algo que no era posible, o mucho más complicado de hacer, con la corriente continua.

Tesla había trabajado para Edison, pero se fue, engañado y decepcionado, malviviendo y trabajando de camarero y de albañil hasta que lo contrató el empresario George Westinghouse, a él y a sus patentes. Edison se alarmó al conocer el proyecto de Westinghouse, ahora con su antiguo empleado enfrentado a él, y recurrió a todo tipo de guerra sucia para desprestigiar a la corriente alterna.

Adujo en principio la tesis de que la alta tensión era peligrosa, lo cual era cierto durante su transporte, pero para demostrarlo se dedicó a organizar actos públicos en los que se electrocutaba hasta la muerte a animales, a los que se sometía a corriente alterna de alta tensión: perros, gatos, mulas, caballos, ovejas… lo que hiciera falta. Con ello pensaba predisponer a la opinión pública norteamericana a favor de su modelo de corriente continua.

La guerra de las corrientes concluyó a mediados de la década de los noventa del siglo XIX, con la victoria del modelo de corriente alterna. Edison probó las hieles de la derrota y su propia empresa tuvo que adaptarse a la corriente alterna, pero mantuvo el resentimiento. También, al parecer, le había cogido afición a electrocutar animales.

Topsy era una elefanta domesticada, nacida hacia 1875 en la India y que había sido posteriormente comprada por el Forepaugh Circus de Luna Park, en Coney Island (Nueva York, EEUU). Un día en que se hartó de que su domador borracho le diera de comer cigarrillos encendidos, lo mató a él y a dos hombre más que estaban contemplando la escena. Y se decidió que había que sacrificar a Topsy. La guerra de las corrientes estaba ya olvidada por casi todo el mundo, pero no por Edison, que se ofreció «amablemente» a aportar el dispositivo eléctrico de su odiada corriente alterna para ejecutar al pobre animal.

Sin que la elefanta presentara resistencia alguna, se le dieron de comer medio kilo de zanahorias rellenas de cianuro de potasio. A continuación se le aplicó una corriente eléctrica de 6.600 voltios

Sin que la elefanta presentara resistencia alguna, se le dieron de comer medio kilo de zanahorias rellenas de cianuro de potasio. A continuación se le aplicó una corriente eléctrica de 6.600 voltios, que la mató en un minuto. Asistieron al acto unas 1.500 personas, y fue filmado por la empresa de Edison, que lo comercializó como un cortometraje, ‘Electrocutando al elefante’, que se proyectó posteriormente en cines de toda Norteamérica.

La historia de Topsy cayó en el olvido durante los setenta años siguientes, en parte porque pronto, con los nuevos tiempos, empezó a resultar algo inconveniente exhibir a una gloria nacional como Edison ejerciendo de verdugo de animales. Pero alguien recuperó el celuloide y se supo la verdad.

En un acto de desagravio póstumo, el 20 de julio del 2003 se inauguró un monumento en memoria de Topsy en el Coney Island Museum.

 

TAMBIÉN ESTA SEMANA:

Lunes, 4 de enero de 1903

El ingeniero, inventor y empresario Thomas Alva Edison, de acuerdo con los dueños del circo Luna Park, situado en Coney Island, ejecutaban a la elefanta Topsy mediante electrocución por corriente alterna procedente de una fuente de 6.600 voltios. Edison pretendía con ello insistir en los peligros de la corriente alterna. Topsy fue la última víctima de la conocida como guerra de las corrientes, que Edison y Tesla habían mantenido en la década anterior.

Martes, 5 de enero de 1953

Se estrenaba en París la obra de teatro En attendant Godot -Esperando a Godot-, una de las más emblemáticas del teatro del absurdo, escrita en francés por el autor irlandés Samuel Beckett.

Miércoles, 6 de enero de 1919

Fracasaba en Alemania el levantamiento espartaquista dirigido por Rosa Luxemburg y Karl Liebknetch. Ambos líderes fueron asesinados poco después –el 15 de enero- por los Freikorps.

Jueves, 7 de enero de 1785

El francés Jean Pierre Blanchard y el estadounidense John Jeffries cruzaban el estrecho de Calais en un globo aerostático, realizando el primer vuelo de la historia sobre el Canal de la Mancha.

Viernes, 8 de enero de 1959

Con apenas 14 años, Bobby Fisher (1943-2008) se convertía en campeón de ajedrez de los Estados Unidos. Fue campeón mundial entre 1972 y 1975, y está considerado uno de los mejores ajedrecistas de todos los tiempos.

Sábado, 9 de enero de 1923

Como represalia por las demoras en el pago de la deuda de guerra establecida en el Tratado de Versalles, los franceses ocupan militarmente la Cuenca del Ruhr, corazón industrial de Alemania.

Domingo, 10 de enero de 1863

Entraba en funcionamiento el metro de Londres, el primer ferrocarril metropolitano suburbano. El primer trazado cubría el trayecto entre las estaciones de Bishop Bridge (Paddington) y Farringdom Street.

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