La exploración del genoma humano, animal y vegetal

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La investigación del genoma humano ofrece información fascinante sobre cómo determina el ADN la salud y la identidad. Además, la exploración, e incluso en ocasiones la modificación, del material genético de plantas y animales podría mejorar la calidad de estos organismos y aumentar su utilidad para combatir enfermedades. 

La investigación al respecto no deja de evolucionar, por ejemplo, el chip génico o los microarrays de ADN que reúnen decenas de miles de oligonucleótidos (moléculas cortas de ADN) en un portaobjetos. 

La secuenciación asequible del genoma podría generalizarse en los próximos años. Este tipo de conocimiento contribuiría a determinar la susceptibilidad a enfermedades y si un fármaco será útil para un paciente o le provocará efectos secundarios graves, premisas que abren la puerta a terapias personalizadas en función del perfil genético personal. 

En el caso de animales y plantas, la ciencia explora y crea sin descanso organismos modificados genéticamente (OMG)

En el caso de animales y plantas, la ciencia explora y crea sin descanso organismos modificados genéticamente (OMG). Esta práctica permite seleccionar genes concretos y trasladarlos de un organismo a otro incluso entre especies no relacionadas. 

Sin embargo, este tipo de tecnologías está rodeado de una enorme controversia. Hoy en día, sólo un cultivo de esta naturaleza, el maíz conocido como MON 810 con capacidades plaguicidas, se cultiva en territorio europeo y algunos Estados miembros cuentan con restricciones al respecto. Por otro lado, cuarenta y nueve OMG destinados a la producción de pienso para animales se comercializan en la Unión Europea. 

Los resultados de la investigación sobre OMG y los progresos en las tecnologías del genoma tendrán implicaciones importantes para todos a nivel social e individual. 

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Genes ancestrales al servicio del cáncer

El 60 % de los adultos muere a causa de enfermedades como el cáncer o afecciones del aparato circulatorio. Los fenotipos de estas enfermedades y afecciones presentan una complejidad elevada provocada por interacciones entre variantes genéticas.

Imagen: Cordis

Imagen: Cordis

Averiguar por tanto los mecanismos implicados en las rutas patológicas complejas humanas resulta mucho más complejo en éstas que en las enfermedades raras monogénicas, controladas por un único gen. El nemátodo Caenorhabditis elegans alberga grandes esperanzas como herramienta para descubrir las variantes genéticas responsables de enfermedades como el cáncer y por tanto se eligió como modelo animal en el proyecto «Quantitative pathway analysis of natural variation in complex disease signalling in C. elegans» (PANACEA) .

En PANACEA se crearon métodos para desactivar genes concretos en C. elegans y de este modo identificar genes y mecanismos involucrados en las rutas del cáncer. Esta información se procesó en modelos matemáticos capaces de identificar y predecir el desarrollo del cáncer en dichos nemátodos.

El equipo reunió una lista de reguladores clave del cáncer que puede servir para dar con homólogos humanos, genes similares que se han transmitido a través de ancestros comunes. En PANACEA se utilizó un sistema de análisis y bases de datos especiales para comparar y asociar este tipo de variantes genéticas en C. elegans y humanos con rutas de señalización patológicas.

El modelo de desarrollo de PANACEA podría dar lugar a dianas farmacológicas que permitan ajustar las terapias a las necesidades del enfermo a través de estudios de asociación. Los resultados del proyecto servirán de base a la utilización de técnicas genéticas de detección, terapia y prevención del cáncer y al mismo tiempo ampliarán considerablemente el conocimiento que se posee sobre las enfermedades genéticas complejas.

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¿Aceptarán los europeos la transgénica animal?

Una investigación sobre el uso de los animales modificados genéticamente en alimentación y el sector farmacéutico ha puesto de manifiesto la inquietud por sus posibles repercusiones sanitarias, éticas, culturales y económicas, así como en materia de seguridad y medio ambiente. La información obtenida servirá para articular nuevas políticas sobre el desarrollo y la comercialización de los productos transgénicos de origen animal.

La modificación genética incluye la clonación, la fusión de células de distintos organismos que no pueden cruzarse de forma natural y la transferencia artificial de material genético hereditario entre organismos. Los animales transgénicos ofrecen numerosos beneficios para la producción de alimentos y fármacos, pero se deben valorar con especial cuidado sus riesgos sanitarios y medioambientales.

Imagen: Cordis

Imagen: Cordis

El proyecto ‘Public perception of genetically modified animales – science, utility and society’ (PEGASUS), financiado con fondos comunitarios, ha estudiado la percepción de los animales transgénicos por parte del público y los factores económicos, sanitarios y de sostenibilidad en torno a este tema para servir de orientación a los responsables políticos. El análisis casuístico para identificar los riesgos y beneficios se centró en los animales terrestres y acuáticos, así como en los productos farmacológicos finales.

Los investigadores descubrieron que, por regla general, la opinión pública sobre los animales transgénicos es más negativa que en el caso de las plantas modificadas genéticamente, sobre todo cuando se utilizan para producir alimentos en vez de fármacos. El conjunto de los resultados dio a entender que, en materia de animales transgénicos, cabe estudiar caso por caso atendiendo a los diversos tipos de animales y a las distintas razones para proceder a la modificación.

Asimismo, dedujeron que las evaluaciones de riesgos y beneficios deberían tomar en consideración los posibles riesgos sanitarios, medioambientales o socioeconómicos en los países destinados a recibir las exportaciones de productos transgénicos de origen animal, con el fin de que los países productores no cosechen beneficios derivados de la transgénica animal a costa de, sobre todo, las economías en desarrollo.

Otra recomendación importante es que la UE apoye la investigación para mejorar las técnicas de generación de animales modificados genéticamente y la evaluación de sus repercusiones potenciales. En todo caso, debería armonizarse con las preferencias de la opinión pública, ya que el consumidor valora la capacidad de elección y se vería beneficiado si existiese un etiquetado que distinguiera entre productos con transgénicos de origen animal y productos sin modificaciones genéticas.

En general, estos resultados apuntan a la aceptación por parte de la sociedad como un factor decisivo en el ámbito de la transgénica animal. Será fundamental mejorar la comunicación y aumentar la participación del público en las nuevas políticas para poner de relieve los posibles riesgos y beneficios.