La cuesta de enero: ¿un concepto desfasado?

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Cuando acaban las fiestas navideñas, y en medio de la campaña de rebajas, se oye hablar insistentemente de la temible cuesta de enero. Los expertos consideran que ya no se produce como hace unos años porque está vinculada a un tipo de renta y de consumo que cada vez integra a menos personas.

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UOC / Normalmente, a principios de año se producen las habituales subidas en los precios de muchos productos y servicios, en especial los vinculados con los suministros al hogar, que afectan a la capacidad de compra de los consumidores porque reducen su poder adquisitivo. Asimismo, se dice que se trata de un mes complicado para todas aquellas personas que durante las fiestas navideñas han gastado mucho dinero en comidas y regalos. Por esta razón, la gente habla de la «cuesta de enero» como un momento difícil que, año tras año, afecta a los ciudadanos.

Han cambiado el trabajo estable, las remuneraciones fijas y las catorce pagas al año

Sin embargo, cada vez hay más expertos en economía que opinan que hablar de la cuesta de enero ya ha quedado desfasado, porque se trata de un concepto anticuado, vinculado a un tipo de renta y consumo que cada vez representa a menos personas en nuestro país. Joan Torrent, director del grupo de investigación i2TIC y profesor de la UOC, considera que «las formas tradicionales de consumo han cambiado y ya no podemos hablar de la cuesta de enero tal como hacíamos cuando la mayoría de la gente tenía un trabajo estable, remuneraciones fijas y catorce pagas al año. El aumento de las formas flexibles de trabajo, como el trabajo temporal o a tiempo parcial, y las nuevas formas de retribución aparecidas han provocado importantes cambios en la renta disponible de muchas personas, que han puesto en crisis las fechas tradicionales de consumo como las fiestas de Navidad o las rebajas».

A partir del primer trimestre de 2008, el consumo privado en el primer trimestre supera ampliamente al del último trimestre 

Los datos trimestrales del gasto en consumo final de los hogares (corregidos los efectos estacionales, de calendario y el efecto de los precios) que nos ofrece la contabilidad trimestral de España (Instituto Nacional de Estadística) parecen confirmar esta tendencia. La comparación entre el gasto en consumo privado entre el primer y el cuarto trimestre de cada año nos pone de relieve un cambio importante de tendencia en los inicios de la crisis económica. En efecto, entre 2000 y 2007 el consumo del cuarto trimestre siempre había sido superior al del primer trimestre (en el cuarto trimestre de 2007 el consumo alcanzó un máximo histórico con cerca de 106.000 millones de euros). Sin embargo, a partir del primer trimestre de 2008, se produjo un cambio de tendencia, puesto que en el período 2008-2013 el consumo privado en el primer trimestre supera ampliamente al del último trimestre. Estos datos sugieren que, con la crisis económica, el consumo privado se estaría desestacionalizando, en el sentido de un menor gasto relativo en las últimas semanas del año, que quedaría parcialmente compensado por un mayor gasto relativo en las primeras semanas del año.

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Cambios en el consumo

Las principales razones de esta mejor distribución temporal del gasto en consumo estarían vinculadas con los factores explicativos de la función de consumo. Como señala el experto Joan Torrent, «el consumo se explica por la evolución de la renta disponible, las expectativas de renta y la riqueza financiera de las familias. En un contexto de moderación salarial, aumento de la incertidumbre laboral y social, y caída de la riqueza, en especial la inmobiliaria, es muy lógico que las familias racionalicen su gasto extraordinario en las últimas semanas del año».

El consumo electrónico, por ejemplo, ofrece mediante internet importantes ofertas y descuentos durante todo el año

Asimismo, aparte de los cambios en la renta disponible de las personas, es importante tener claro que cada vez tienen más peso en nuestra sociedad otras maneras de consumir. «El consumo electrónico, por ejemplo, ofrece mediante internet importantes ofertas y descuentos durante todo el año y, por tanto, ya no se limitan al periodo de rebajas», explica Joan Torrent.

Por otro lado, cada vez son más populares entre la población nuevas formas de consumo sostenible y de proximidad, que permiten una distribución más regular del consumo durante todo el año. Según Joan Torrent, «la gente ya no gasta tanto por Navidad y tan poco en las primeras semanas del año, porque entre sus nuevas prioridades está la de aportar valor social con su gasto. En este sentido, un conjunto creciente de personas prefiere desestacionalizar su consumo, lo que tiene menos costes ambientales y sociales, y aportar valor social de forma continua».

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El efecto de la crisis

Aparte de haber reducido el ingreso de dinero en las familias con rentas medias, la crisis también ha provocado otro cambio destacado en la manera de consumir de nuestra sociedad. «La caída de precios, que provoca una situación de deflación, hace que los consumidores aplacen sus decisiones de compra a la espera de ver hacia donde irán los futuros importes. Esta situación se está produciendo actualmente sobre todo en los sectores de elevada elasticidad-renta, es decir, en los consumos que son más fácilmente excluibles», explica Joan Torrent. Una comparación de la estructura de gastos familiares entre 2006 y 2013, realizada con datos de la encuesta de presupuestos familiares del INE (tabla 1), nos sugiere que, porcentualmente, las partidas de consumo que más se habrían deteriorado con la crisis económica serían el consumo en transportes (desde un 18 % del total en 2006 hasta un 13,5 % del total en 2013), hoteles, cafés y restaurantes (del 11,8 % al 10,2 %) y equipos del hogar (del 7,2 % al 5,8 % del total).

Paralelamente, según el experto de la UOC, la crisis también ha puesto de relieve dos tendencias de consumo adicionales: en primer lugar, un aumento de las partidas en energía, agua y gas (del 9,2 % al 12,9 % del total entre 2006 y 2013), resultado del aumento de sus precios; y, en segundo lugar, la consolidación de nuevas partidas de consumo, como las telecomunicaciones (del 3,5 % al 5,2 %) y los productos alimentarios sostenibles y de proximidad, que habrían impulsado el gasto en alimentación (del 17,1 % al 19,1 %), más en sintonía con los valores de la economía del conocimiento y la sostenibilidad del consumo.

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