La evolución, mitos y prejuicios

Nuestros prejuicios se hallan en ello, en nuestra parte animal

Artículo anterior: La falsedad de los árboles evolutivos (entrega 4)

Viendo delfines y simios los sapiens nos sorprendemos que estos sean tan humanos. Lo paradójico es que es al revés, hay que sorprenderse que nosotros seamos tan animales.

 

David Rabadà | Catalunya Vanguardista  @DAVIDRABADA

Nuestros prejuicios se hallan en ello, en nuestra parte animal, y aunque preconicemos nuestro ser racional por encima de lo más sumergido, nuestro instinto prevalece. Los humanos somos como un iceberg, un 80 por ciento de emociones subconscientes, y un escaso 20 de racionalidad consciente. Admitido esto podemos abordar con mayor objetividad nuestra evolución con sus mitos y prejuicios. Y si alguien discrepara de lo anterior le invito a seguir este viaje entre prejuicios y evolución humana. Al resto espero estar a su altura.

Los humanos somos como un iceberg, un 80 por ciento de emociones subconscientes, y un escaso 20 de racionalidad consciente

El concepto de evolución es algo muy simple, significa cambio. En Biología estos cambios se dan a muchos niveles. Si en el sino de una especie estas transformaciones son leves se habla de variedades sin pensar que una de ellas devenga una especie distinta a la anterior. Sería el caso de las distintas tonalidades de piel en los humanos, las formas de sus narices o las texturas de su cabello. En todo ello, con o sin adaptación, se habla de variabilidad dentro de una misma especie. E insisto, con o sin adaptaciones. No todos los rasgos se explican por adaptación ya que la evolución trabaja sólo con lo antecedente sin conocer el futuro incierto.

Por encima de la evolución por variabilidad puede ocurrir que los cambios alteren tantos patrones que se crea oportuno definir una nueva especie. En tal caso la variabilidad ha dejado paso a la especiación, a la evolución de una nueva entidad genética. Éste fue el caso del paso de Homo erectus a Homo sapiens entre otros. En ambos, entre variabilidad y especiación, hubo cambios o evolución. Es decir, la evolución no es una teoría o hipótesis como algunas ideologías se empecinan a publicar en sus medios. La evolución simplemente es un hecho observable. Una teoría es una asociación de ideas que pretende describir la realidad, no serlo. En cambio la evolución es real en base a los cambios fósiles, a la mutaciones genéticas y a lo más paradigmático, los órganos vestigiales. En breve detallaremos todo ello.

Es un hecho que antes hubo Homo erectus y hoy en día está el sapiens / Pixabay

En definitiva un hecho, la evolución, es lo que pasa, mientras que una teoría explica por qué pasa. El sol sale por el este, un hecho, pero la humanidad ha estado peleándose entre geocentrismos, dioses y astrología durante milenios. Todo ello por teorías equivocadas que no supieron que la patata terrestre gira hacia el este. Hoy en día ocurre lo mismo con la evolución. Es un hecho que antes hubo Homo erectus y hoy en día está el sapiens, pero otros se entestan en complicar las cosas diciendo que la evolución es falsa e irreal. Me refiero a los testigos de Jehová, a la cienciología, a la fe Baha’í; a los creacionistas del diseño inteligente, y por último a algunas webs del Islam que niegan la evolución.

El sol sale por el este, un hecho, pero la humanidad ha estado peleándose entre geocentrismos, dioses y astrología durante milenios

Discusiones en mis aulas he argumentado ante alumnos influenciados por estas NO ciencias. Ellos hablan de apariciones de especies como fe, y yo de su evolución como hecho. Y es que lo evidente está delante de nuestros ojos, hubo cambios de variabilidad y especies, es decir hubo y hay evolución. Este es un hecho que la Teoría Sintética de la Evolución explica hoy en día. En 1859 Darwin propuso sólo una primera hipótesis, la Selección Natural, para explicar como evolucionan los organismos. Desde ese 1859 hasta hoy tenemos una gran teoría que no discute el hecho evolutivo, sólo lo demuestra con decenas de mecanismos. Todos ellos explican los cambios de variabilidad y especies de nuestros ecosistemas.

Algunos se entestan en complicar las cosas diciendo que la evolución es falsa e irreal / Pixabay

Aun así los testigos de Jehová, la cienciología, la fe Baha’í; los del diseño inteligente, algunas facciones del Islam y muchos más publican en contra de esta teoría científica, la ya citada Teoría Sintética de la Evolución. Para ello se empecinan en hallar adaptaciones y funciones en algo que la Biología ha descrito como órganos vestigiales. En ellos las NO ciencias hallan su propia trampa ya que defienden algo que las contradice en su base.

Si Dios, Alá, una energía indetectable o un diseño inteligente estuvieron detrás de la evolución humana, ¿cómo se explica que decenas de nuestros rasgos no ostenten función alguna?

Si Dios, Alá, una energía indetectable o un diseño inteligente estuvieron detrás de la evolución humana, ¿cómo se explica que decenas de nuestros rasgos no ostenten función alguna?, ¿cómo se explica que los entes superiores no diseñaran a la perfección al ser humano? Me refiero a ejemplos obvios como la inutilidad de la muela del juicio con sus dolores; a la inutilidad del apéndice vermiforme con su apendicitis; a la inutilidad del sinus frontal con su sinusitis; o a la inutilidad del cóccix con sus lumbalgias. Todos ellos, y más otros cien vestigiales humanos, los explica la Teoría Sintética de la Evolución ya que pertenecen a estructuras heredadas de nuestro pasado evolutivo. Es decir, no fueron diseños inteligentes.

Nuestro acervo genético se halla plagado de genes buenos, malos y neutros. Por eso muchas chacras anteriores son herencia de nuestro pasado evolutivo sin adaptación alguna y con dolencias para muchos. La muela del juicio perteneció a grandes mandíbulas en nuestros antepasados mascadores; el cóccix vertebral a la cola que se redujo durante la evolución de los simios; el apéndice vermiforme a extintas extensiones intestinales cuando digeríamos grandes cantidades de fibra; y el sinus frontal a nuestro cráneo “reptiliano”. Todos los fósiles hallados conducen a tales conclusiones, y los fósiles son hechos. Es más, éstos, si usted deseara quemarlos, no arden. El carbón es una excepción, pero se ensuciaría las manos en tal parco intento.

Nuestro acervo genético se halla plagado de genes buenos, malos y neutros / Pixabay

En fin, si el hombre y la mujer no son perfectos, y no fueron creados a la imagen y semejanza de una energía indetectable, de un diseño inteligente o de un Dios, es que simplemente fueron fruto de la evolución biológica de nuestro arcaico planeta. Así que los humanos no representamos una cima evolutiva, y ni mucho menos lastrados con tantas decenas de órganos vestigiales. Estos son restos de nuestro pasado remoto y pruebas de la misma evolución, una evolución que jamás se ha hallado dirigida ni prevista por entes superiores.

En resumidas cuentas, y bajo muchas creencias, somos demasiado humanos y demasiado primates

Insistamos, la evolución resulta incierta y chapucera trabajando con lo antecedente. Así, y sin dirección, deviene un péndulo entre mutaciones, adaptaciones y tasas de reproducción de los organismos. En todo ello jamás responde al dictamen de un diseño inteligente ni de un ser consciente. Somos nosotros quienes inyectamos a veces esas percepciones al respecto. En resumidas cuentas, y bajo muchas creencias, somos demasiado humanos y demasiado primates. De todas formas el Darwinismo también esconde un punto débil. A eso iremos en el siguiente artículo.

Este artículo es la continuación de una serie titulada “Prejuicios y Evolución Humana“, a cargo de nuestro colaborador científico, David Rabadà.

Entregas anteriores:

Prejuicios y evolución humana (1)

Parientes fósiles humanos ¿pocos o demasiados? (2)

El concepto de homínido, ¿realidad o prejuicio? (3)

La falsedad de los árboles evolutivos (4)

 

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