La falsedad de los árboles evolutivos

En paleontología, y a falta de grandes datos genéticos, es casi imposible saber exactamente quién es el antepasado directo de quién / Pixabay

El concepto de homínido, ¿realidad o prejuicio? (entrega 3)

Casi cada experto en evolución humana ha propuesto en algún momento de sus pesquisas uno o más árboles evolutivos. Para quien esté versado en el mundo de la paleoantropología quizás recuerde las discusiones de muchos de sus protagonistas como Johanson contra Leakey, Dart contra Keith, o Lumley contra Gibert.

 

David Rabadà | Catalunya Vanguardista  @DAVIDRABADA

Como un día me dijo el paleontólogo Dr. Sebastián Calzada, la paleontología es la ciencia de las tres pes, paleontólogos, pocos y peleados. Una de las causas de tal pugna son sus prejuicios científicos. Sabemos que la ciencia debe ser vigilante, crítica y objetiva, pero muchos investigadores devienen ansiosos, creyentes y subjetivos. Por todo ello éstos no se ponen de acuerdo al defender lo suyo como lo más veraz. Gregorio Marañón decía que aunque la verdad de los hechos brille, siempre pelean los hombres en la trinchera sutil de las interpretaciones. Y he aquí un ejemplo de ello, los fósiles y su interpretación, los árboles evolutivos que muy a menudo resultan falsos, falaces y llenos de prejuicios. Las causas de ello son las siguientes.

En cierta manera, y en árboles evolutivos, combinar especies biológicas y paleontológicas sin cuidado equivale a mezclar tomates con patatas

En primer lugar hay árboles que mezclan sin premisas especies biológicas con paleontológicas siendo ambas evolutivamente distintas, científicamente no equivalentes y temporalmente distantes. En cierta manera, y en árboles evolutivos, combinar especies biológicas y paleontológicas sin cuidado equivale a mezclar tomates con patatas. Son unidades distintas que no deberían sumarse como los vatios con las hectáreas. Al final ello comporta grandes equívocos en los árboles de nuestros parientes. Prueba de ello fue el artículo que en abril de 2000 Mark Collard y Bernard Wood publicaron en la prestigiosa revista PNAS (Proceedings of the National Academy of Science). En él se demostraba que los árboles de primates fundamentados en los fósiles no se correspondían con los árboles genéticos del mismo grupo estudiado. Es decir, que las filogenias de especies paleontológicas no eran lo mismo que las biológicas a sabiendas que las moleculares resultaban más consistentes. Por tanto, y para buscar parentescos entre restos paleontológicos y organismos actuales mejor usar la cladística que en breve describiremos.

Un segundo error de muchos árboles evolutivos es su obsesión en encadenar organismos bajo la relación antepasado – descendiente

Un segundo error de muchos árboles evolutivos es su obsesión en encadenar organismos bajo la relación antepasado – descendiente. En paleontología, y a falta de grandes datos genéticos, es casi imposible saber exactamente quien es el antepasado directo de quien. A lo sumo, y al comparar correctamente similitudes y diferencias entre especies, se describe el grado de parentesco entre unas y otras, pero no taxativamente su orden antepasado – descendiente. Equivaldría a decir que mi tío, al parecerse mucho a mi, fuera mi antepasado directo, o que un chimpancé sea el antepasado de los humanos. En estas familiaridades convendremos que no hay relación directa entre antepasado y descendiente sino que en ambas se comparten semejanzas por un antepasado común. Ni mi tío es mi padre, ni un chimpancé nuestro ancestro directo, todo lo contrario, son ramas que penden de ancestros comunes.

Por tanto los árboles evolutivos que se empeñan en enlazar cadenas de antepasados con descendientes se inventan más mentiras que verdades, todo ello bajo los prejuicios de cada ego científico. Los paleontólogos Raup y Stanley lo enunciaron bien claro, considerar una serie evolutiva como si fuera una secuencia de formas adultas es una simplificación excesiva.. Por suerte, y otra vez aquí, la cladística propone una solución.

Otro error es que el experto hace encajar en sus árboles la especie que él ha definido o inventado

Otro error es que el experto hace encajar en sus árboles la especie que él ha definido o inventado. A demasiados paleontólogos les gusta patentar nuevos parientes nuestros (ver el capítulo: Parientes fósiles humanos, ¿pocos o demasiados?), pero la ciencia tiene que reflejar la realidad y no un narcicismo de proyecciones históricas. El Dr. Jorge Wagensberg decía que el mundo es comprensible debido a que no puede haber más árboles que ramas. En evolución humana no puede haber más especies que pasos evolutivos. Cuando en 1997 se creó el Homo antecessor de Atapuerca se alteró todo el árbol evolutivo para que este encajara con sus supuestos orígenes africanos, algo que el propio equipo de Atapuerca tuvo que desmentir pocos años más tarde.

Nosotros no somos mejor que las bacterias ya que éstas llevan evolucionando y sobreviviendo más de 4.000 millones de años / Pixabay

Pero uno de los errores más repetido en la mayoría de los árboles evolutivos es que son tendenciosos al situar a los humanos modernos como la cumbre de una evolución. Al ordenar a nuestros parientes en algún orden creciente y situar a la derecha o arriba a nuestra especie, se insinúa que somos la cumbre de un proceso. Es decir, que se da a entender que somos un ente superior que la evolución perseguía. Dicho en otras palabras, que la naturaleza estaba dirigida por un diseño inteligente que predeterminó nuestra aparición por encima del resto de las especies. Si nos creemos lo anterior justificaremos a los creacionistas y negaremos los datos científicos. Ha sido nuestro deseo de ordenar y nuestro antropocentrismo quien nos ha empujado a diseñar árboles hacia una fatua perfección. Durante una conversación personal que mantuve en el despacho del difunto Dr. Wagensberg, este me recalcó una frase de su libro “El Gozo Intelectual”, que la materia viva es un hito de la materia inerte. Y la materia cultural un hito de la materia viva. Un ser culto es un parche de materia que ha evolucionado lo suficiente a fin de preguntarse por sí mismo.

Los humanos no debemos creernos un fin en la evolución

Es decir, los humanos no debemos creernos un fin en la evolución. Los sapiens no somos superiores al resto de organismos ya que hay millones de criterios a elegir. Por ejemplo, nosotros no somos mejor que las bacterias ya que éstas llevan evolucionando y sobreviviendo más de 4.000 millones de años. Cabe tener en cuenta que nuestra especie apenas lleva 300.000, y como en la mayoría de mamíferos, sin garantías de llegar al millón de años. ¿Quién es superior entonces? ¿Quién vive más pero sin pensar? ¿O quién pensando tanto podría autoexterminarse? No hay criterios absolutos para decidir quien es superior a quien. Cualquier intento de ello nace de un prejuicio que establece un criterio previo. Este puede ser, y en los humanos, tener el cerebro más grande pero muchas especies de delfín y ballenas nos ganan de paliza. Otro criterio es nuestro nivel tecnológico pero de poco nos serviría si nos dejaran solos en medio de una selva. Allí los chimpancés nos superarían en adaptaciones y tecnología.

Resulta muy difícil hallar un criterio absoluto que determine con total objetividad qué especie es superior a cuál / Pixabay

Resulta muy difícil hallar un criterio absoluto que determine con total objetividad qué especie es superior a cuál, a no ser que nos creamos superiores al resto de los seres, algo muy dogmático pero nada científico. En tal caso se debería demostrar que ese criterio es el más objetivo del mundo. Paradójicamente estaría cantado que eso sólo es fruto del deseo humano. Si la mayoría de mitologías y religiones nos creen una especie elegida por lo sobrenatural convendremos que eso no resulta empírico. El método científico debe ser el protocolo que más nos acerca a la realidad. Las creencias y religiones no nos acercan al mundo físico, sólo nos indican la senda a un mundo celestial.

Las creencias y religiones no nos acercan al mundo físico, sólo nos indican la senda a un mundo celestial

En definitiva, y si diseñar árboles evolutivos conlleva errores, ¿qué debemos hacer? Pues en primer lugar ser científicamente humildes, en segundo lugar ceñirnos sólo a los hechos, y en tercer lugar no inventarnos nuevas especies que encajen con nuestros deseos. Simplemente debemos establecer el parentesco evolutivo de todos los ejemplares en estudio y no una filogenia arbórea. En fin, bienvenidos a la cladística. Este método, y simplificando mucho, analiza los rasgos compartidos, y los no compartidos, entre distintos organismos. Así podemos comparar fósiles, especies vivas e incluso grupos taxonómicos entre sí. Al hacerlo, y si observamos mayor parentesco entre dos de ellos, implica que hay un antepasado común más cercano. En caso contrario, y si observamos menos parentesco, es que el ancestro es más lejano. De todo ello se establece un diagrama, o cladograma, en donde se ordenan esos organismos según su presunta proximidad evolutiva. De esta manera jamás se dice quién es antepasado de quién, sólo que comparten un antepasado cercano o lejano.

 

El falso eslabón perdido

La cladística asesina otro gran prejuicio en evolución humana, el falso eslabón perdido vigente aún en muchos libros de texto. Si no podemos establecer antepasados directos al cien por cien, tampoco podemos encontrar el fósil intermedio entre dos conocidos. Esto ha ocurrido en evolución más de una vez. Así muchos expertos se han empecinado en buscar fósiles inexistentes que encajaran con los vacíos de su árbol.

Bajo el pretexto del eslabón perdido se buscaron simios con capacidades cerebrales intermedias y crecientes entre australopithecus y Homo para descubrir que muy probablemente hubo un salto evolutivo hace alrededor de unos dos millones de años. Es decir, no existió ese eslabón perdido.

Por ahora lo que podemos afirmar es que la evolución humana, como la del resto de organismos, no estuvo determinada ni se pudo pronosticar

Lo mismo ocurrió con la obsesión de buscar un paso intermedio entre cuadrúpedos arborícolas y bípedos de campo abierto. Estos y otros ejemplos serán analizados en futuras secciones. Por ahora lo que podemos afirmar es que la evolución humana, como la del resto de organismos, no estuvo determinada ni se pudo pronosticar. Y aunque muchos árboles tendenciosos parezcan indicar esto, sólo son fruto de los prejuicios humanos.

Hoy en día, y ante la gigantesca variedad en sapiens, se hace imposible saber como será éste dentro de 100.000 años. Ello es prueba que la evolución, y obviando los árboles tendenciosos, no se dirige hacia ningún punto. No nos dirigiremos al negro porqué de un blanco se haya pasado a un gris. La evolución es incierta y chapucera. Esta trabaja con lo que tiene mientras se tambalea de aquí para allá según las mutaciones, adaptaciones y tasas de reproducción de sus protagonistas. Y en ningún caso responde al dictamen de un diseño inteligente ni de un ser consciente.

De hecho la evolución humana, y como veremos, resultó ser una evolución en mosaico con algunos saltos imprevistos en el tiempo. Quizás debamos repasar los conceptos y los mitos de la evolución antes de continuar este viaje entre prejuicios y evolución humana.

Este artículo es la continuación de una serie titulada “Prejuicios y Evolución Humana“, a cargo de nuestro colaborador científico, David Rabadà.

Entregas anteriores:

Prejuicios y evolución humana (1)

Parientes fósiles humanos ¿pocos o demasiados? (2)

El concepto de homínido, ¿realidad o prejuicio? (3)

3 Comentarios

  1. Enhorabona, por fin leo un enfoque inteligente, para descifrar la evoluvión de las espècies.

  2. Madre mía que poco conocimiento sobre el tema… Piensa que hay más paleontropologos que propios fósiles de homidos y tendrás la explicación, además de la gran cantidad de dinero que mueve eso y que los equipos son pocos y bien establecidos que quieren seguir confirmando sus teorías. Desde luego que el análisis filogenetico, independientemente de su forma de estimarlo, no es el problema. El problema es que es mezclas conceptos y no entiendes bien lo que representa realmente.

  3. En paleontología, y a falta de grandes datos genéticos, es casi imposible saber exactamente quién es el antepasado directo de quién.

    Cada rasgo evolutivo identifica diferencias genéticas sin necesidad de tener rasgos genéticos, adn.. Etc. De hecho los análisis genéticos también tienen un sesgo puesto que no se analiza toda la información genética sino se elije y por lo tanto se agrega un sesgo de la información a mirar. P. Ej. Adn mitocondrial, o análisis de proteínas del cartílago. No existe el análisis perfecto. Pero lo que está claro que las diferencias morfológicas están ahí, y eso sí es indiscutible.

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