La Guerra de las Investiduras o la lucha por el poder en la Edad Media

El emperador Enrique IV delante del papa Gregorio VII en Canossa (Carlo Emanuelle, c. 1630) / Wikimedia

El 23 de septiembre del año 1122, el emperador Enrique V y el papa Calixto II firmaban el Concordato de Worms, que ponía fin a la Guerra de las Investiduras, que había enfrentado al emperador y al papado durante los anteriores 50 años. La guerra terminó oficialmente en tablas, pero la pugna entre el poder temporal y el espiritual, perduró a lo largo de toda la Edad Media.

 

CV / Desde la caída del Imperio romano de Occidente en el 476, el poder y el papel de la Iglesia como depositaria de su legado había sido fundamental. El propio Carlomagno había sido coronado emperador por el papa León III en San Pedro la Navidad del año 800. Pero aquella breve restauración imperial duró lo que Carlomagno, y a su muerte en el 814 pronto empezó a entrar en barrena.  Y la simbiosis consistente en el reparto de poderes empezó a oscilar según surgiera algún papa más o menos poderoso, o algún soberano terrenal que estuviera en condiciones de darle la réplica. A finales del siglo XI, tras la consolidación del Sacro Imperio Romano-Germánico que había instituido en el siglo anterior Otón I el Grande, la situación parecía favorecer al poder civil. Un estado de cosas cuya tendencia se interrumpió con el ascenso a la silla de San Pedro del papa Gregorio VII (1073/1085).

Estamos en los tiempos de expansión y asentamiento del feudalismo en Europa, y dentro del alambicado sistema en que este consistía, había una relativa laguna que propició el enfrentamiento: los feudos eclesiásticos

Estamos en los tiempos de expansión y asentamiento del feudalismo en Europa, y dentro del alambicado sistema en que este consistía, había una relativa laguna que propició el enfrentamiento: los feudos eclesiásticos. Para hacerse con ellos, o asegurar a sus propietarios como vasallos, los reyes y emperadores solían recurrir a nombrar ellos mismos a los obispos y otras dignidades eclesiásticas. A principios del siglo XI, el emperador Enrique III se había prodigado en este tipo de nombramientos ante un papado impotente y cada vez más debilitado. Pero tampoco a los propios feudales y a las órdenes religiosas les interesaba especialmente un poder civil que acabara subyugando a la Iglesia poniéndola a su exclusivo servicio, y empezaron a surgir movimientos tendentes a liberar al papado de su subyugación al Imperio. Y solo faltaba un papa enérgico que liderara el movimiento. Este fue Gregorio VII, impulsor además de la conocida como reforma gregoriana, que puso orden en la relajación de costumbres entre los ministros de la Iglesia. El resultado fue la Guerra de las Investiduras (1073-1122).

Se iniciaba con ello un conflicto que se proyectó de una forma u otra durante toda la Edad Media, hasta el surgimiento de las monarquías absolutas en los siglos XVI y XVII.  A los partidarios del papa se los denominó güelfos, y a los del emperador, gibelinos. Contra lo que suele creerse comúnmente, la línea divisoria entre ambos no era nada nítida. Hubo destacados religiosos y órdenes de tendencia gibelina, y muchos reyes, feudales y civiles güelfos. La guerra la iniciaron el emperador Enrique IV, por un lado, y el citado papa Gregorio, por el otro. Tras estallar las hostilidades, la fortuna en la guerra varió con frecuencia entre uno y otro bando. Tras excomulgar el papa al emperador, perdió muchos seguidores y se vio obligado a acudir a Roma a solicitar el perdón papal. Pero de vuelta a Alemania, formó un poderoso ejército con el que ocupó Roma y trató de conseguir que la curia cardenalicia destituyera a Gregorio, sin conseguirlo, pero nombrando a un anti-papa.

Curiosamente, el papa Gregorio recuperó Roma escoltado por un ejército musulmán que saqueó la ciudad dejándola arruinada. Gregorio murió al año siguiente, y entonces hubo dos papas

Gregorio solicitó entonces la ayuda de los normandos de Sicilia y de las milicias sarracenas que merodeaban todavía en el sur de Italia. Curiosamente, el papa Gregorio recuperó Roma escoltado por un ejército musulmán que saqueó la ciudad dejándola arruinada. Gregorio murió al año siguiente, y entonces hubo dos papas, uno nombrado a instancias del emperador, y otro por los partidarios del fallecido Gregorio. Fallecido también Enrique IV en 1106, le sucedió Enrique V. A su vez, a Gregorio le habían ido sucediendo Víctor III, Urbano II y Pascual II. Tras un cúmulo de excomuniones de emperadores y de sucesivos papa y antipapas, Pascual II entendió que ambas instituciones –el emperador y el papado- estaban perdiendo con esta guerra, y que quienes ganaban con ella eran los reyes locales y los feudales, que además cambiaban con frecuencia de bando según sus intereses circunstanciales. De modo que, renunciando a las pretensiones de Gregorio VII, empezó a ofrecer a Enrique V una posibilidad de entendimiento. La muerte de Pascual II en 1118 dejó de nuevo las espadas en alto.

El nuevo papa, Calixto II, prosiguió con el conflicto al comienzo de su mandato, pero más tarde, convencido de que no podía ganar, optó por un acuerdo con el emperador. Tal fue el concordato de Worms, en el cual el emperador renunciaba a la investidura eclesiástica y aceptaba la elección de los obispos por el cabildo de la catedral. En compensación, se reservaba la investidura feudal y el otorgamiento de los derechos temporales de regalía y demás atributos seculares. Así, los investidos se debían al papa en lo religioso, y al emperador en lo civil. Algo así como aquello de “… A Dios lo que es de Dios, y al César lo que es del César”.

Quien salió perdiendo a medio plazo fue la institución imperial, que ante el poder creciente de reyes y feudales, pronto acabó convertida en meramente testimonial y ocupada por los reyes y nobles más poderosos del momento

En realidad, quien salió perdiendo a medio plazo fue la institución imperial, que ante el poder creciente de reyes y feudales, pronto acabó convertida en meramente testimonial y ocupada por los reyes y nobles más poderosos del momento, poniéndola a su exclusivo servicio y convirtiendo la elección del emperador en un proceso parecido al de la elección del papa, pero con mucho menos poder efectivo. Fue la etapa de máximo desarrollo y expansión del feudalismo. Hubo en los siglos sucesivos conflictos similares entre reyes y el papado, cuyo momento más crítico fue durante el conocido como Cisma de Occidente, entre los siglos XIV y XV, cuando llegó a haber tres papas. Y también, la denominación de güelfos y gibelinos se mantuvo durante toda la Edad Media y ha pasado a la historia.

 

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Lunes, 19 de septiembre de 1692

En el marco de los juicios por brujería de Salem (Massachusetts, EEUU), el granjero Giles Corey, de 81 años, fallecía por aplastamiento, tras negarse a confesar y haber sido sometido a la pena de “peine forte et dure”, que consistía en ir poniendo un sucesivo número de rocas sobre su cuerpo tendido en el suelo.

Martes, 20 de septiembre de 1792

Los ejércitos republicanos franceses derrotaban a los prusianos en Valmy. Se considera que esta batalla salvó a la Francia revolucionaria del retorno de la monarquía absolutista.

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Se botaba en los EEUU el primer submarino de propulsión nuclear, bautizado con el nombre de Nautilus, en homenaje al creado literariamente por Julio Verne. Podía navegar a una velocidad de 20 nudos y, en 1958, cruzó el Polo Norte.

Jueves, 22 de septiembre de 1914

Cerca de Ostende (Bélgica), y recién iniciada la I Guerra Mundial, un submarino alemán hunde tres cruceros acorazados británicos en apenas unas horas. El submarino se convertía así en una nueva arma que cambiaba por completo las estrategias navales.

Viernes, 23 de septiembre de 1122

El Concordato de Worms (Alemania), entre el emperador alemán y el papa, ponía fin a la Guerra de las Investiduras, que había enfrentado al Sacro Imperio Romano-germánico y a los Estados Pontificios durante casi 50 años. Había empezado en 1073 y, según fueran partidarios del papa o del emperador, los bandos fueron denominados güelfos y gibelinos.

Sábado, 24 de septiembre de 1852

Tenía lugar en Francia la primera demostración de un dirigible, un aerostato autopropulsado con un motor de vapor y con capacidad de maniobra para ser manejado como un aeronave. La llevó a cabo Henri Giffard (1825-1882), que recorrió una distancia de 27km entre París y Trappes a una velocidad media de 9km/h.

Domingo, 25 de septiembre de 1513

En lo que hoy es Panamá, Vasco Núñez de Balboa (1475-1519), se convertía oficialmente en el primer europeo de divisaba el Oceano Pacífico, al que denominó Mar del Sur. Ello no obstante, otro explorador, Andres Contero (1487-1585), anunció haberlo divisado desde un acantilado unas horas antes, aunque fue Núñez de Balboa quien se llevó la fama y el que tomó posesión de aquellas tierras y el primero que fundó una ciudad en el continente americano.

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