La huida de Antonio Pérez

Retrato del político y funcionario español Antonio Pérez del Hierro (1540-1611), que llegó a ser secretario del rey Felipe II de España y se hizo célebre por su implicación en el asesinato de Juan de Escobedo. / Wikimedia

Tal día como hoy… 26 de septiembre de 1591 huía a Francia Antonio Pérez

 

El 26 de septiembre de 1591 huía a Francia el ex secretario de Felipe II, Antonio Pérez, aprovechando la revuelta conocida como «Las Alteraciones de Aragón». El de Antonio Pérez fue sin duda el mayor escándalo político del largo reinado de Felipe II: intrigas, amores, asesinatos, espionaje… Se le ha incluso atribuido haber sido el autor de la Leyenda Negra.

 

CV / Antonio Pérez del Hierro nació en año y lugar dudosos. En 1542 fue legitimado como hijo de Gonzalo Pérez, secretario del emperador Carlos V, aunque algunas fuentes lo consideran hijo natural de Ruy Gómez de Silva, príncipe de Éboli, en cuyas propiedades se crió el joven Antonio. Ya fuera uno su padre biológico y el putativo el otro, o al revés, lo cierto es que recibió una educación esmerada, siendo enviado a estudiar en las universidades de Alcalá de Henares, Salamanca y Lovaina y Padua.

Siguiendo la carrera de su padre oficial, en 1566 fue nombrado secretario de estado y personal del rey Felipe II

Siguiendo la carrera de su padre oficial, en 1566 fue nombrado secretario de estado y personal del rey Felipe II. Hombre culto, instruido y conocedor de los entresijos de la diplomacia internacional y de las intrigas de la corte, se ganó la confianza y la admiración de Felipe II. Como era usual en su tiempo, utilizó su cargo para enriquecerse. Inició también una relación adúltera con la viuda de su protector y posible padre, Ana de Mendoza, princesa de Éboli –famosa por su belleza, su personalidad intrigante, y por ser tuerta de un ojo, que tapaba con un parche-, sobre la cual se especula que pudo haber sido con anterioridad amante del propio Felipe II.

Cuando las cosas empezaron a complicarse en Flandes, Antonio Pérez apostó por llegar a un acuerdo con los rebeldes holandeses, contemporizando con el tema religioso, y centrarse en combatir al que consideraba el auténtico peligro, la Inglaterra de Isabel II. Pero Felipe II desoyó sus consejos, influenciado por los partidarios de la «línea dura», encabezados por el duque de Alba, y acaso también por los celos que sentía hacia su hermanastro Don Juan de Austria, por entonces gobernador de Flandes. Y aunque compartía con Don Juan de Austria la idea de que el problema era Inglaterra, Antonio Pérez más bien se dedicó a fomentar los recelos del rey hacia su hermano, llegando incluso a falsificar documentos para indisponerlo con él.

Cuando el secretario de Don Juan de Austria, Juan de Escobedo, llegó a Madrid, Antonio Pérez urdió una conspiración para asesinarlo antes de que pudiera ver al rey

Cuando el secretario de Don Juan de Austria, Juan de Escobedo, llegó a Madrid, Antonio Pérez urdió una conspiración para asesinarlo antes de que pudiera ver al rey y ponerlo al corriente de sus propios manejos. Tras fracasar en un intento de envenenamiento, Escobedo fue asesinado en plena calle por una cuadrilla de sicarios. El auténtico alcance de la conspiración y los personajes que llegaron a estar implicados es algo que se desconoce. Tampoco el duque de Alba era muy amigo del ilustre bastardo de Carlos V, y hasta se ha llegado a especular con la complicidad o el conocimiento del propio Felipe II en lo que refiere a la muerte de Escobedo, pero Antonio Pérez estuvo en el punto de mira desde el primer momento. Al morir Don Juan y llegar sus documentos a Madrid, Felipe II pudo comprobar que la supuesta deslealtad de su difunto hermano era un infundio y que había sido víctima de un engaño. Con el rey cada vez más fanatizado y belicoso con los protestantes holandeses, los probados contactos de Pérez con Guillermo de Orange pasaron de ser gestiones diplomáticas a alta traición.

Antonio Pérez fue detenido en 1579, pero no acusado de asesinato, sino de traición –se temía que difundiera sus documentos secretos, que tenía en paradero desconocido-. Al poco tiempo fue puesto en libertad condicionada a no salir de Madrid. Su amante, la princesa de Éboli, fue recluida en su castillo de Pastrana, donde pasó el resto de su vida; murió en 1592. Las presiones de la familia Escobedo, y las de los partidarios del ala dura –El Tea Party español del momento- aprovecharon el árbol caído para hacer leña de Pérez. Fue de nuevo detenido algunos años después y reconoció, bajo tortura, haber planeado el asesinato de Escobedo.

Antonio Pérez recibiendo a su familia después del tormento, de Vicente Borrás y Mompó. 1884. (Museo del Prado, Madrid). / Wikimedia

Pero Antonio Pérez no había dicho aún su última palabra. Con la ayuda de su esposa, que le facilitó vestidos femeninos, en 1590 huyó de prisión y se refugió en Zaragoza, invocando su condición de aragonés para no ser juzgado según las leyes de Castilla. Contó con el favor del Justicia Mayor de Aragón, Juan de Lanuza, que le plantó cara a Felipe II, obligándoles a enviar un ejército a Zaragoza. Lanuza fue derrotado, apresado y decapitado, pero Antonio Pérez se las arregló para escapar a Francia, donde se puso bajo la protección de Enrique IV. De allí pasó a Inglaterra donde pasó información confidencial a Isabel I. Poco más se sabe de él. Solo que regresó a Francia y que murió en París, en la miseria, en 1611.

Desde exilio el redactó bajo seudónimo algunos escritos intentando justificar su posición. ‘Relaciones’ y ‘Cartas’ publicadas con el seudónimo de Rafael Peregrino. Documentos interesantes, tanto desde el punto de vista literario, como políticamente, pues ofrecen una perspectiva y una idea del papel que veía para la corona española muy diferente al que fue. En cierto modo, se anticipa en Antonio Pérez una idea de razón de estado que, propiamente, no aparecerá en Europa hasta Richelieu, algunos años después de la muerte de Pérez.

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