La importancia de la lectura en educación

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En la antigua Sumeria se enseñaba a leer y a escribir en cuneiforme. Para aprender más de 7.000 símbolos, los aprendices debían estudiar algo más de 10 años dedicando unas 10 horas al día. Hoy en día la importancia en la lectura sigue siendo crucial para vivir en nuestra sociedad llena de manuales, anuncios y órdenes por escrito. De hecho resulta esencial en el éxito educativo del modelo de Estonia, alarde en los resultados de las pruebas PISA.

 

David Rabadà | Catalunya Vanguardista @DAVIDRABADA

Se sabe que si un alumno no comprende lo que lee, pierde motivación en los estudios. Y si su comprensión lectora está bajo mínimos, su escritura va peor y sin poder demostrar lo poco que sabe.

Lo anterior nos debe hacer reflexionar sobre nuestro sistema educativo. Un escolar con un nivel de comprensión lectora deficiente produce exámenes y ejercicios evaluados negativamente, y no por su falta de capacidad, sino por su falta de aprendizaje. Un zagal así se frustra y ya no levanta cabeza ante los estudios. Pero si lo primero que un alevín aprende a dominar es su propio idioma, su motivación mejora, su autonomía crece y sus resultados suben. Luego, los secundarios de secundaria, lo tenemos mejor en el aula. Así impartimos conocimientos de lo más fácil a lo más complejo con esquemas, ejercicios y explicaciones bien estructuradas.

Un escolar con un nivel de comprensión lectora deficiente produce exámenes y ejercicios evaluados negativamente, y no por su falta de capacidad, sino por su falta de aprendizaje

Durante estas hay que vocalizar con tranquilidad, sin prisas, con amplio dominio del idioma y con autoridad en el aula. Ya comentamos que muchos docentes noveles padecen de taquilexia, es decir, por culpa de sus nervios e inseguridad hablan deprisa y con estridencia, craso error. Al hablar así transfieres a los estudiantes tensión e intranquilidad. Lo mejor es dominar la materia para poder hablar despacio y dando tiempo a los alumnos en sus observaciones, experimentos y anotaciones. Si uno se siente inseguro cae a menudo en los nervios, el titubeo y la taquilexia.

Una técnica fácil, aparte de dominar la lección, es regalarse pausas moderadas y tomar aire durante las mismas. Eso permite al docente tres cosas, por un lado dar tiempo a sus alumnos de comprender anotando, por el otro a relajarles y por último a relajarse uno mismo, todo un 3 en 1. Además cabe utilizar un lenguaje rico y diverso para mejorar el suyo también. Hacerles apuntar nuevas palabras es un regalo intelectual. Al final hay que evaluar al púber según el currículum adquirido y el esfuerzo en ello. Pero la política teórica educativa prefiere docentes sin grandes conocimientos y clases más divertidas sin tanta transmisión de conocimientos. Al final se pretende evaluar más competencias educativas que el saber estudiado.

 

Evaluación y calendario

Las evaluaciones globales suelen concentrarse durante la mitad y final de cada trimestre por razones obvias de calendario. Tal confluencia de controles ocasiona sobre los alumnos escenas de nerviosismo y hasta de pánico colectivo. Para evitar ese desajuste, me indico en mi agenda las siglas PC cuatro semanas antes de la mitad y fin de cada trimestre. PC significaba pactar los controles y así convengo fecha con mis alumnos evitando colapsos con otras materias. En cierto modo los adelanto y alejo de donde la mayoría de profesores. No cabe mencionar lo agradecidos que me están los zagales y que los resultados obtenidos son mejores que si el examen se fija en la semana fatídica de los demás docentes. Por otro lado, yo mismo salgo ganando ya que mi final de trimestre resulta menos estresante.

 

Exámenes

Durante el curso resulta positivo hacer que los alumnos lean escritos de calidad para que mejoren su comprensión lectora. En ello podrán demostrar sus mejoras en las pruebas. Y aquí el examen es una herramienta más, que no la única, para evaluar los aprendizajes de los estudiantes. La enseñanza es como una buena dieta mediterránea, variada y rica. En una ensalada, por ejemplo, brillan los distintos colores de sus componentes, rojo del tomate, verde de la lechuga, beige del atún, amarillo del maíz y castaño oscuro de las pasas. Los exámenes y las herramientas de evaluación, deben saber a lo mismo, a variedad. Habrá preguntas para evaluar la redacción, otras para el orden mental, unas para el razonamiento y la mayoría sobre conceptos a aplicar y desarrollar.

Redacción, razonamiento y memoria son una trilogía aplicable a la mayoría de materias

En fin, redacción, razonamiento y memoria son una trilogía aplicable a la mayoría de materias. Obviamente cada especialidad desarrollará un tipo de examen u otro en función de las preferencias del docente sin pasarse de una hora de trabajo. Aquellos exámenes de más de 50 minutos evalúan al púber durante su cansancio y no en su lucidez. Además si un docente impone pruebas de más de una hora afecta a la siguiente sesión de otro docente. Discusiones tengo con otros compañeros que alargan siempre sus sesiones por encima de las mías.

Una vez diseñado el ejercicio de evaluación queda lo peor, la hora de examen. Al inicio de un control es altamente profesional relajar a los alumnos para obtener el máximo de ellos. Eso hago antes de dar el pistoletazo de salida. Una vez les entrego la hoja, que prohíbo comenzar a leer, les digo.

Tranquilos, el examen está dispuesto para resolverlo en unos 45 minutos y pensado para que todo aquel que trabajó lo demuestre.

Luego les insisto que lo primero es poner su nombre, y acto seguido evitar ponerse a escribir de inmediato bajo la ansiedad del momento. Mejor que hagan un esquema de los que van a redactar y que luego lo plasmen sobre el papel con lenguaje y sintaxis excelsa. En fin, que deben pensar y relajarse ante este simple ejercicio. Para ello leo una a una todas las preguntas por si hay dudas, e incluso doy alguna sutil pista de regalo. Una vez cerradas todas las incertidumbres.

Ahora sí, empezad.

 

Tipos de exámenes

El objetivo de todo control es descubrir lo que realmente sabe el escolar y no intentar suspenderle. La mente del adolescente no la podemos ver pero sí sus palabras, por tanto a través del lenguaje escrito debemos evaluar si sabe o no sabe expresar lo aprendido. Para mi, y en ciencias, un examen debe permitirme ver el esqueleto mental del púber. Con tal intención planteo exámenes cortos en donde, directa o indirectamente, pregunto casi todo lo explicado. Y no busco que me respondan una enciclopedia de datos, todo lo contrario, sólo quiero que me muestren los conceptos bien aprendidos, bien relacionados y bien aplicados.

El objetivo de todo control es descubrir lo que realmente sabe el escolar y no intentar suspenderle. La mente del adolescente no la podemos ver pero sí sus palabras

Al final, y como corolario, a partir de uno de los esquemas, pongo una pregunta de redacción para evaluar el nivel de escritura. Estos exámenes cortos logran dos cosas, primero no estresar a mis alumnos durante su desarrollo, y lo segundo una corrección rápida evaluando todo lo exigido, en fin, mínimo esfuerzo pero máximo rendimiento. A menudo propongo exámenes de síntesis de tal forma que el escolar debe mostrar el bosque pero sin dibujar ningún árbol. Por eso pido esquemas, cuadros sinópticos o tablas de los contenidos enseñados. En primer ciclo dejo tales esbozos a medias para que los alumnos los rellenen pero en segundo ciclo y bachillerato los estudiantes deben realizarlos al completo.

En materias tipo flor, las fáciles de aprobar, la estrategia que sigo es otra, a veces les dejo utilizar el libro durante los controles pero de una manera muy peculiar. Les mando realizar un esquema visual de un capítulo del libro o de una serie de páginas, todo ello con símbolos matemáticos y ninguna redacción, sólo síntesis y estructura de las ideas. Luego de un esquema deben desarrollar una redacción, algo altamente práctico para los alumnos. A ello les he estado entrenando durante todo el trimestre. Escribir sobre algo requiere que ese algo esté ordenado y con una conclusión final. Confeccionar esquemas antes de responder una pregunta permite eso mismo, ordenar las ideas, redactar correctamente y alcanzar una síntesis final.

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La buena redacción

Independientemente de cada tipo de examen, los adolescentes deben saber algo fundamental, a redactar con un mínimo de corrección y a responder las preguntas con buena puntería. En ello siempre aconsejo una serie de pasos que la gran mayoría de mis alumnos van adoptando durante el curso.

Primero hay que leer y comprender la cuestión. En caso contrario que me pidan aclaraciones. En segundo lugar que realicen un esquema mental o escrito de lo que deben responder. Tal estrategia permite ordenar las ideas antes de lanzarse a redactar una respuesta sin ton ni son. El tercer paso es volver a leer la pregunta para saber cómo iniciar la contestación. Si preguntan “por qué” hay que comenzar la contestación con “porque”; si la cuestión pide una definición hay que anteponer un sujeto a la frase y luego añadir una serie de complementos decrecientes en importancia.

Independientemente de cada tipo de examen, los adolescentes deben saber algo fundamental, a redactar con un mínimo de corrección y a responder las preguntas con buena puntería

Para ello les aconsejo que pongan tres ya que un trípode da gran equilibrio a las respuestas. Definir triángulo como figura geométrica plana, de tres caras y con tres ángulos que suman 180 grados, sirve al efecto. Hay que hacerles hincapié que en muchas arengas políticas el tres da estabilidad al discurso. Los alumnos deben apreciar que si alguien habla de más de tres cosas queda disperso. Si alguien dice que en la vida hay tres tipos de personas, los de izquierdas, los de derechas y los políticos, la cosa queda cerrada. Ahora pruebe con cuatro y la frase pierde su efecto.

En cuarto y último lugar, y con el esquema preparado y la pregunta bien encajada, se debe comenzar la redacción bajo el orden que le dará la sinopsis antes elaborada. Durante la misma no debe abusar de las subordinadas, muy ampulosas a veces, de fácil desliz en sintaxis y de alto riesgo en confusiones. En fin, mejor frases sencillas, enlazadas en coordinación y sin ribetes gongorianos. Por otro lado les insisto que jamás deben alargar la respuesta con coletillas y añadidos. Si ya se respondió lo que se pedía, no hay que arriesgarse. Éstos añadidos pueden mostrar su inseguridad y lo peor, aumentan el riesgo de contener errores que restarán puntos en el ejercicio. Lo que se diga en una sola frase que no lo digan mil.

Este artículo forma parte de una serie titulada “Fracaso escolar o fracaso político“, a cargo de nuestro colaborador, David Rabadà.

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