El académico Salvador Gutiérrez, en la UIMP / Fotografía: Pablo Hojas

“Hay muchas lecturas de los clásicos, por eso son eternos”

 

El académico de la Real Academia Española Salvador Gutiérrez ha regresado a la Universidad Internacional Menéndez Pelayo con la XVI Escuela de Gramática Española “Emilio Alarcos”, organizada en colaboración con la Cátedra Emilio Alarcos Llorach, el que fuera uno de los maestro indiscutibles de la lingüística del siglo XX.

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UIMP / Santander.– La Escuela se dirige a la formación de investigadores y docentes, proporcionándoles nuevos caminos y técnicas para el adecuado desarrollo de sus investigaciones. El académico, que ocupa la silla ‘S’, ha afirmado en una rueda de prensa que la lengua es “la puerta y la ventana del conocimiento”, y por eso “la Escuela está orientada a estos dos ámbitos: la entrada del conocimiento, que es la investigación, y la salida, que son la comunicación y la enseñanza”, ha explicado.

Se calcula que a día de hoy hay alrededor de 52 millones de hispano-hablantes en EE.UU. 

En esta edición se han transmitido algunas investigaciones que se realizan actualmente en el ámbito de la sintaxis de la comunicación y de la gramática intercultural, como ha especificado Gutiérrez. Otro hecho en el que se ha insistido en el curso es en la importancia de las nuevas tecnologías en el ámbito de la educación debido a la “evolución inevitable” de los diccionarios. “Un diccionario electrónico no tiene los condicionamientos de espacio de uno de papel y, además, permite múltiples vías de acceso, no solo por orden alfabético, sino también a través de ideas afines o sinónimos”, ha afirmado.

Gutiérrez ha hablado también del español en Estados Unidos, concretamente del aumento del número de hispanohablantes. “Se calcula que a día de hoy hay alrededor de 52 millones. A este paso, dentro de dos décadas es posible que sea el país con más hispanohablantes del mundo”, ha referido.

Además, ha aludido a la importancia de la labor pedagógica de la enseñanza de los libros clásicos. “Un niño puede leer perfectamente el Lazarillo y quedarse solo con lo puramente anecdótico –la parte del ciego o la del perro– sin comprender la profundidad que hay detrás. A medida que se forme en la lectura irá percibiendo más cosas, hasta llegar a entender por qué el Lazarillo fue prohibido en 1943”. “Hay muchas lecturas de los clásicos, por eso son eternos”, ha concluido.

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