La influencia del clima en los parásitos

Ejemplar de hembra de Curruca capirotada / Wikipedia

Biólogos complutenses concluyen que el calentamiento global alterará el impacto de los parásitos sobre la fauna

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UCM / Investigadores del Grupo de Biología y Conservación de Vertebrados de la UCM han analizado la distribución de los parásitos causantes de la malaria aviaria (una enfermedad parecida a la que padecemos los humanos y que afecta a la mayoría de las especies de aves) entre las poblaciones ibéricas de una pequeña ave, la curruca capirotada. Su investigación, publicada en la revistaGlobal Change Biology, ha permitido identificar varias características del ambiente que fomentan la proliferación de estos parásitos, sentando así las bases para la predicción de su impacto futuro sobre las poblaciones de aves en un entorno modificado por el cambio climático.

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Los investigadores han podido comprobar que la abundancia de parásitos varía mucho entre las poblaciones ibéricas de estas aves. Dicha variación depende en parte de algunos elementos del paisaje que pueden cambiar de manera impredecible, como la cobertura forestal o el desarrollo urbanístico (cuyas características futuras dependerán de las decisiones que se tomen acerca de los usos del terreno). Pero lo que más influye sobre los parásitos es el clima. Esto permite hacer predicciones razonables acerca de su impacto futuro en cada región, ya que se dispone de buenos modelos de cambio climático en diferentes escenarios de desarrollo socioeconómico.

Estas investigaciones de la Universidad Complutense revelan algunos hechos inquietantes. Los parásitos que afectan a las aves silvestres son de muy diversos tipos, y los factores ambientales que favorecen a unos parásitos perjudican a otros. Esto significa que el cambio global probablemente promoverá la expansión de algunos parásitos a costa de otros. Y desafortunadamente para las aves, la investigación muestra que, de entre todos los parásitos de la malaria que las afectan, los que resultarán más favorecidos son los tipos más virulentos.

¿Qué consecuencias puede tener ese cambio del impacto de las enfermedades sobre las poblaciones de aves silvestres? Es difícil aventurar una respuesta; seguramente dependerá de su capacidad para adaptarse a las nuevas condiciones, desarrollando mecanismos de resistencia o colonizando regiones donde el impacto de los parásitos sea menor. Lo que sí muestra claramente el estudio es que los efectos del cambio climático pueden ser mucho más complejos de lo que pensábamos. Ya no se sostiene el escenario simple en el que el calentamiento climático favorecerá a cualquier tipo de parásito transmitido por insectos: unos pueden verse favorecidos y otros perjudicados, y de cuáles salgan mejor parados dependerán las consecuencias para los animales afectados. Esto hace más difícil prever con suficiente detalle el impacto futuro de las enfermedades sobre la fauna. Y por extensión sobre nosotros mismos, pues nuestros parásitos no están ni más ni menos sujetos a las influencias del clima que los de los animales silvestres.

[blocktext align=”left”]Si no se toman cartas en el asunto, en muy pocos decenios el sur de Europa será más árido, y probablemente padecerá la expansión de enfermedades que, como la malaria o la leishmaniasis

Actualmente la mayoría de los científicos están de acuerdo en incluir el cambio global entre los principales retos de la sociedad del siglo XXI. Lo que no está tan claro es cuáles van a ser sus efectos concretos.

Ya tenemos suficientes pruebas de que nuestro desarrollo socioeconómico está provocando el calentamiento del clima y una profunda alteración del entorno, y ahora urge saber cómo será el mundo si continuamos modificándolo al ritmo actual. Para ello, los científicos desarrollan modelos que, teniendo en cuenta cómo funcionan los procesos naturales, permiten predecir cómo será la naturaleza con las condiciones esperables en el futuro. Y sus predicciones no son muy halagüeñas: si no se toman cartas en el asunto, en muy pocos decenios el sur de Europa será más árido, y probablemente padecerá la expansión de enfermedades que, como la malaria o la leishmaniasis, son transmitidas por insectos picadores.

La idea generalizada es que las poblaciones de estos insectos se verán favorecidas por un ambiente más cálido, lo que aumentará su capacidad para transmitir agentes patógenos en zonas donde éstos no causaban problemas.

Para predecir los problemas que puede producir la expansión de enfermedades parasitarias en el futuro, se necesita saber cuáles son las condiciones ambientales que favorecen la proliferación de sus agentes causales, ya que el impacto futuro de los parásitos será mayor allí donde el cambio climático genere esas mismas condiciones. Sin embargo, la distribución de los parásitos puede verse influida por numerosos factores capaces de favorecer o entorpecer su transmisión. Y cuanto más complejo sea el entramado de influencias ambientales responsables de la proliferación de los parásitos en la actualidad, más difícil será predecir su impacto futuro.

 

 

 

 

 

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